SOS

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La vieja ONU, la de siempre

 

Por Juan M Penino

 

tu voz/en este no poder salirse las cosas/de mi mirada/ellas me desposeen/hacen de mí un barco sobre un río de piedras/si no es tu voz/lluvia sola en mi silencio de fiebres/tú me desatas los ojos/y por favor/que me hables/siempre

A. Pizarnik, Presencia

 

Es tarde en el Barrio Villa Primera. Estoy en un departamento chico tomando fernet y comiendo pizza con amigos. Una guitarra comienza sonando de fondo y pasa a primer plano. El resto es una suerte de concierto desatinado, desafinado, y tan hermoso como el amanecer del miércoles pasado, en el mar. La escena es positiva, al menos subjetivamente. Hoy me duele la garganta y tengo resaca, todo lo que vuelve casi insoportable el ritmo que hay que sostener en la rutina. Algo así, parece, que podría estar siendo la vida. Al menos para mí. Pero sé que hay una inmensa mayoría que ni eso puede disfrutar. Y sé que hay otra, mucho más chica, minoría que extiende sobradamente su disfrute, con cantidad inimaginable de recursos ¿Me puse al medio? Puede ser, al menos para simplificar un poco la reflexión. Digamos que resulta jodidamente fácil separa a las personas, sean de la clase social que sean. Para eso, los seres humanos, somos mandados a ser. Podemos separarnos de un millón de formas, con un millón de cuestiones que ningún marciano o extraterrestre entendería como lógicas. Tal vez eso sea, justamente, lo que nos defina como terrícolas.

El otro día lo ví a Trump con su flequillo inalterable y su color de piel anaranjado, hablando pavadas en la ONU. La ONU parece ser una especie de apéndice de algún estudio de Hollywood, porque no sirve más que para montar escenas de películas que, en definitiva, apenas si están basadas en hechos reales. Y después tuve el desatino de escuchar al otro, al nuestro, al gato. Cosas que los emparentan, que los uniforman a estos dos mandatarios: están alienados, alejados de la realidad, Tanto como la ONU y su falso montaje. Para colmo, hay lugares donde, desde las instituciones educativas, se “tortura” a los niños haciéndolos simular un debate en la ONU, como máxima expresión de la política, como si a un niño o niña o niñe futbolista lo llevaran a la cancha de River a patear un penal con el arco vacío y le dijeran: pibe/a/e, esto es el fútbol. Y no, nada tienen que ver ninguna de las dos cosas con lo que se pretende que sean.

El otro día que siguió al del párrafo anterior, alguien me preguntó qué carajos era la literatura. Como todxs ustedes, lectorxs amables, saben estos días ando con la última y monumental novela de Joyce Carol Oates bajo el brazo, que tiene más de 800 páginas y que se llama “Un libro de mártires americanos”. Por eso me hicieron la pregunta: ¿Eso es literatura? ¿Un libraco de mil páginas? ¿Libros? ¿Palabras apiladas que alejan a la mayoría de la gente? ¿La literatura es como la ONU, un montaje eterno sobre las mismas cuestiones que parecen retornar eternamente? ¿La literatura es algo medio sagrado, que mejor dejarlo ahí, guardarle respeto y seguir con la vida? ¿Tanto se ha alejado de la vida la literatura? Para el que está en tema, no puede comprender que algo así pueda estar sucediendo. Pero si hay un montón de lectores en el mundo, montón de escritorxs, etcétera. No supe bien qué contestar. Creo que, finalmente, dije que la literatura es un espacio de libertad. Que como todo espacio de libertad está disponible en cualquier momento y en cualquier lugar. Que comprende un ejercicio adictivo que es la lectura, la heroína perfecta. Y que también tiene a la escritura como una suerte de opiáceo, una manera de viajar en el tiempo. Confieso que cuando empiezo a escribir me olvido de (casi)todo lo que no sea eso, escribir. Que me “cuelgo”, que a veces me hace mal (como un barco sobre un río de piedras), que sufro mucho, pero que no importa, porque al final se siente como si no hubiese pasado nada. Pero mientras tanto uno ve cómo las nubes de polvo, el viento y el calor generan grandes masas amorfas que van cobrando sentido, muy lentamente. Y eso es tan lindo de sentir (tu me desatas los ojos). Es como nacer todo el tiempo. Pero cuidado, uno al entrar al mundo tantas veces se va acostumbrando a nacer, y cambia, muta, se transforma…

Como un planeta hermano,

Como un puto planeta,

Como si fueras nada,

Como si no existiera alguien

Como si lo que hay bastara

Como si se hubiese socializado la vida

 

Pero otro día toca ver lo que pasa en la ONU, otra vez, sin guitarra, sin fernet, sin pizza. Parece que Sean Penn vuelve por la revancha de esa película que hiciera en la santa sede de la Organización Mundial de falsos montajes. Solo que ahora va a ser más en serio: sólo vamos a ver actores y actrices. Esperemos, al menos, que estén mejor guionados. Mientras tanto, si no entendiste nada de lo que te quise decir, no te hagas drama. Acá va lo que te deseo, porque te amo:

Que te pierdas en un exoplaneta

Que puedas volar sin alas

Que la conciencia la dejes en el jopo de Trump

Que te dejes de joder con las redes sociales

Que te pongas a mirar el polvo

Que de la nada saques algo con tu forma

Que la forma no tenga prejuicios

Que vuelvas a nacer todos los días

Que no sepas contestar ninguna encuesta

Que no te puedan meter en una cajonera

Que tu frasco tenga agujeritos para respirar

Que un día

De calor

En una cloaca

Escribas

¡Al fin!

Dos palabras que se te hayan ocurrido

De ahí

De donde

SOS

(y por favor/que me hables/siempre)

 

– ¿Eso?

  • Eso, volvé a leer el poema de Pizarnik.

¿Y qué mierda es la literatura?

  • Yo qué sé, preguntale a Eagleton, o a Lukács, o a Bourdieu, o a Aristóteles, o a Borges, o a Ginsberg, o a Oates, o a Charly, o a Maradona, o a Tinelli, o a la  RAE, o a la ONU…

– ¿Qué?

  • Googlealo, o imaginateló, como sea…

– ¿Nada más?

 

Nada más

 

 

Contacto (como la novela de Carl Sagan): juanmanuelpenino@yahoo.com.ar / Facebook: Juan Mnp

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