Recuerdos de la infancia

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Revisar en la memoria y el corazón de uno es volver, sin duda alguna, al tiempo de la infancia, el tiempo de la inocencia, el tiempo donde el mundo es una inmensa paleta de colores de la que se puede elegir cualquier opción, sin prejuicios, con una naturalidad que solo se tendrá en ese instante mágico de la vida. El director mexicano Alfonso Cuarón vuelve sobre su propia infancia en Roma, el barrio que habitó de chico en la ciudad de México y que le da nombre a su nueva película. Si bien el punto de vista no es el del niño, sino que la protagonista es Cleo – la empleada doméstica -, todo ese pasado en blanco y negro, esas escenas que son detalles al pasar de la vida, le pertenecen y las comparte combinando la ternura, el humor y el drama. Esencialmente se trata de un drama de época, una familia burguesa de la capital mexicana, compuesta por cuatro niños y una pareja de profesionales a punto de separarse, conviven con su empleada doméstica Cleo, quien también pasa por momentos muy turbulentos en su vida. Pero lo que más destaca de este largometraje son esos planos con detalles tan reconocibles, tan comunes y rutinarios que nos envuelven a todes les presentes. Hay escenas muy fuertes y sentimentales que hacen sensibilizar hasta el espectador más duro. Y no quiero adelantar nada porque la película se va a estrenar en la plataforma Netflix, la primera semana de diciembre. La multinacional fue quien permitió que el largometraje de Cuarón cerrara el 33º Festival Internacional de Cine. Por supuesto, la sola aparición de la N característica de la plataforma de series y películas on demand, produjo una silbatina generalizada. Pero, superado el momento de escrache, el plano detalle de las baldosas del garaje de la casa baldeadas con agua y algún producto de limpieza, nos ubicaron en ese lugar, la casa de la infancia, el ambiente donde se guardaba el auto, que también era refugio del perro, quien dejaba su escremento esparcido. Y Cleo tenía que baldear, no quedaba otra, y los niños corretear y jugar haciendo macanas, mientras el mundo adulto se encargaba de complicar las cosas, casi sin poderlo entender. Porque todos esos ingredientes tiene la vida, y esa velocidad. Pero lo más importante es ese abrazo del afiche, que se ve en las paradas de los colectivos de la ciudad, ese abrazo del alma, inmortalizado en la retina del que recuerda, un abrazo que resume el vínculo esencial de la familia. Por eso recomiendo la película de Cuarón y me parece que fue un cierre hermoso para la semana de películas festivaleras en las salas marplatenses.

*Claro que la proyección se produjo un día raro. Una mañana gris en la que todes nos enteramos de la aparición de los restos del submarino ARA San Juan. Una mezcla de sentimientos, el alivio y el dolor por las víctimas – las desaparecidas y sus familiares -, todas ellas sin consuelo y sin justicia hasta el día de hoy. Ojalá que en el futuro podamos acercarnos a la verdad,  es el deseo de todo un país y nuestro, por supuesto.

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