El monstruo de la montaña

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La primera pregunta que dispara la película Muere, mosnstruo, muere ni bien finaliza es: ¿Qué acabo de ver? Por su estructura argumental, podríamos decir que se trata de un policial, un thriller, ya que tenemos una serie de asesinatos sin resolver con un patrón que se repite: las asesinadas son mujeres y todas por el mismo mecanismo, la decapitación. Pero con este último elemento empezamos a acercarnos al terror, al gore, a un largometraje de horror, porque su director, Alejandro Fadel, no escatima en escenas escatológicas y sangrientas. Volvemos a la teoría del policial, tenemos un detective, un policía rural, ni siquiera de pueblo sino más bien de desierto montañoso, porque los hechos suceden en un punto poco preciso de la cordillera mendocina. El personaje Cruz es un clásico de los policiales argentos, un policía bastante osco, sumiso, callado, pero con una sabiduría y un sexto sentido que parecen manar del mismo paisaje natural que lo fue formando. Pero con él, además, aparece un triángulo amoroso, la parte de drama romántico que es otra cuestión dentro de la misma película. ¿Entonces? Como para complicar aún más las cosas, después se suceden elementos que emparentarían a la película más con Alien que con cualquier otro referente del cine nacional. Y también está la crítica social por lo bajo, los temas del momento en nuestra sociedad: los femicidios, el machismo, la violencia de género. En definitiva, una apuesta muy original y arriesgada que arrojó resultados dispares en les espectadores.

*Dato: el director, que subió al escenario del Auditorium junto con su equipo de trabajo, dio su parecer acerca de lo que es para él hacer una película. Parafraseo su certera definición: “Para mí hacer una película es como ir de viaje”. Interesante comparación, como para tener en cuenta.

*Mientras escribo esta pequeña reseña me entero de los resultados que dio el jurado, en la gala de premiación que corona al 33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata/Batán y comienzo a pensar alguna que otra conclusión. La principal es que, desde mi manera de verlo, un festival es mucho más que la jornada de premiaciones. No digo que no sea importante por una cuestión de prestigio y de apoyo financiero para quienes realizaron las películas, pero como espectador no es lo que más me interesa. Es más, sinceramente, las segmentaciones tampoco son algo que me agraden. Cada historia que se cuenta en el modo en el que se hace es una sección en sí, no importa si es ficción, si es documental o el híbrido que fuese. Diría, mejor, que todas las películas entran en la categoría cine, que todas las películas tienen algo que contar, que todas las películas juegan con el sonido, la imagen y el lenguaje escrito, que todas las películas ponen en juego una mirada sobre el mundo y el momento histórico en el que fueron realizadas. Afortunados les marplatenses que, todavía, tenemos la posibilidad de disfrutar todos los años de un festival artístico tan interesante. Ojalá siga por mucho tiempo, ojalá que este gobierno gibarizador no termine por destruir la posibilidad de vincularnos a través del cine.

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