El guardián entre el “Centeno” – ensayo de una denuncia –

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Por Juan M Penino

 

“Recuerdo que una vez le pregunté a Childs si creía que Judas, el traidor, había ido al infierno. Childs me dijo que naturalmente lo creía. Ese era exactamente el tipo de cosas sobre el que nunca coincidía con él. Le dije que apostaría mil dólares a que Cristo no había mandado a Judas al infierno, y hoy los seguiría apostando si los tuviera. Estoy seguro de que cualquiera de los discípulos habría mandado a Judas al infierno -y a todo correr- pero Cristo no. Childs me dijo que lo que me pasaba es que yo nunca iba a la iglesia, ni nada. Y en eso tenía razón. Nunca voy. En primer lugar, porque mis padres son de religiones diferentes y todos sus hijos somos ateos. Si quieren que les diga la verdad, no aguanto a los curas. Todos los capellanes de los colegios donde he estudiado sacaban una vocecita de lo más hipócrita cuando nos echaban un sermón. No veo por qué no pueden predicar con una voz corriente y normal. Suena de lo más falso”.

El guardián entre el centeno / The catcher in the rye

J.D. Salinger

 

En la ciudad de Mar del Plata, Partido de General Pueyrredón, en la Comisaría Distrital Quinta de Policía, a los 15 días del mes tremendamente gélido de agosto del año par – mala leche, seguro – dos mil dieciocho, siendo las 18:00 horas, comparece – botonea, manda al frente – ante el actuante – un ortiva – una persona – parece arrepentido – quien refiere deseos de radicar una denuncia penal, la cual es impuesta de las penas con que la ley castiga al falso denunciante (Art. 245 CPNA.), prestando juramento en legal forma de decir verdad de todo cuanto supiere o le fuere preguntado, manifestando ser y llamarse: Yo, de nacionalidad argentina, estado civil soltero, de 34 años, de ocupación surfista amateur / escribiente mediocre / conductor radial con pocos matices / muy mal vendedor de seguros, nacido un día soleado, impreciso del mes de febrero del año de la novela de Orwell, en alguna localidad balnearia (in)feliz, con domicilio en el corazón del Barrio Rivadavia este medio, DNI/LC/LE extraviados, el exhibe y retiene en su poder, teléfono de contacto que dice no tener, pero seguro miente y en una de esas se arrepiente y lo anota otro día, e-mail: al final de la nota. Seguidamente a preguntas que se le formulan DENUNCIA, arrepentido muy: que se hace presente a los fines de poner en conocimiento que en un día que no recuerda, siendo alrededor de alguna hora, refiere que vio o creyó ver a un tipo que se acercó y le dijo “Hermanito, me llamó la tía, andá para tu casa porque Dios se hizo presente allí”. Que por tal motivo el dicente rápidamente se hace presente en su domicilio y al ingresar constató que autor ignorado – presuntamente un dios de cualquier religión patriarcal de las que creamos como sociedad, con muuuuuuuuy poca originalidad y peor gusto – previo violentar una reja, bastante flojita, que posee en una habitación que da al frente de la vivienda ingresó y sustrajo del interior los siguientes elementos: un televisor que al momento no recuerda que tuviera, dos pares de calzoncillos boxer imitación de marca conocida, dos focos led a medio consumir, una sidra con fecha vencimiento 5/08/2018, dos cuadernos tapa dura Rivadavia donde estaba escrita la totalidad de datos necesarios que probarían que ningún Dios existió, existe y, mucho menos, existirá. Refiere que también utilizó el inodoro- para hacer lo segundo- y no tiró la cadena – en este caso había que tomarse el trabajo de llenar un balde de agua, etc.-. Consultado si conoce de la existencia de testigos presenciales del hecho, mismo manifestó que no tiene idea, como así también que desconoce de la existencia de cámaras de monitoreo – al parecer rematadas por el intendente de la ciudad, que también manifestó esta semana que no tiene un peso y mucho menos idea de qué carajos va a hacer -. Consultado si la vivienda cuenta con seguro, refiere que no se acuerda, que ojalá, pero que en todo caso los cuadernos ya no los puede recuperar, al menos escritos. Preguntado si posee documentación de los elementos sustraídos, el denunciante mira al piso pensativo, da dos pasos hacia atrás, parece decidido a salir corriendo, ya está cansado del día y de las cosas que tiene que terminar haciendo para sentirse vivo. ¿Qué sentido tiene ser buchón y ortiva?. Mejor se vuelve a su biblioteca, que no fue tocada, y que todavía y para siempre los tiene a Orwell y a Salinger como para poder encontrar algo más que lo que ya viene producido en serie y en tamaño de Tweet. No siendo para más el acto se ratifica en su totalidad por ser el fiel reflejo de sus dichos, y firma al pie para constancia, juntamente con el actuante, con algún Dios copado y ausente – como mínimo – y por ante mi, lo que CERTIFICO—————————————————–

 

Firma X                                   (y por acá va el sello)

Firma Y

Firma Dios (ausente) …

 

 

 

Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar 

 

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