El asteroide y unos versos de verano

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Hay un poema que me viene acompañando hace tiempo. Es como una suerte de fantasma, pero copado. Algo intermedio entre el padre de Hamlet y el Comendador de la última novela de Murakami, cuya segunda parte todavía no pude conseguir. Me persigue y se aparece en cualquier momento, exigiéndome atención y sentimiento ¿Será que me estoy poniendo viejo y conservador? Porque el poema es un soneto…..y de Shakespeare. Y qué más quisiera yo que ser perseguido por versos más cercanos a mi tiempo, más rebeldes, muchísimo más libres. Ojalá las pasiones desmedidas fueran de Rimbaud, o preferiblemente de Ginsberg, de algún otro poeta maldito o beat o…¿Por ahí sí que soy conservador y todavía no me dí cuenta? Eso lo sabremos al final de la nota, con viento a favor…

La noticia de la semana es que hay posibilidades de que un asteroide se estrelle contra la tierra. El objeto cósmico tendría unos 40 metros de largo y podría golpear al planeta el 9 de septiembre. Las precisiones, como en el caso del dólar y el horóscopo, se tendrán cuando sea demasiado tarde para mandar a Walter Bruce Willis a destruirlo ¿Y qué hacer ente esta situación límite? Primero, podríamos ir corriendo a ver por Netflix Armagedón, y comprobar que la plataforma de la N roja es un abismo sideral, un agujero negro que todo lo consume…y que la película es una real bosta. Pero como el tema de Aerosmith está piola, y algunas escenas espaciales resultan bien logradas, bué, algo es algo. Yo preferiría recomendar First man, la película sobre Neil Armstrong, protagonizada por el insoportable – para mí, obvio – Ryan Gosling. Se estrenó el año pasado y tiene una primera escena magistral, magnífica y que vale la pena. Después es un drama que hecha luz sobre la vida del primer tipo que pisó la luna, y sobre los que estuvieron cerca y no pudieron por alguna desgracia. No espoileo más.

Volvamos al asteroide: ¿Será que esta nueva y probable experiencia apocalíptica nos puede llevar a transformar nuestras vidas? A simple vista, no parece que haya cambiado mucho la situación general. En el país, seguimos sufriendo y resistiendo los embates cada vez más fuertes, como si se tratara de la caída del asteroide en cuotas, del gobierno neoliberal patrocinado no por la NASA, sino por el FMI, entidad financiero-carnicera que no parece atender mucho a las cosas que vienen del cielo. En Latinoamérica y en el resto del mundo, tampoco impactó – nunca mejor utilizado este verbo – demasiado la noticia. Es que para cuando llegue el asteroide – si es que se decide, finalmente, por nuestro insignificante globo celeste – es probable que ya no exista más de la mitad de la población, o se encuentre en condiciones muy lamentables, tanto que poco importará un rábano caer fulminado por un asteroide o por las esquirlas de una bomba lanzada por un drone desde el Pentágono. ¡Y todo para que algunes sobrevivientes puedan seguir consumiendo petróleo sin saber bien por qué!

Perdón asteroide, pero tenemos otras complicaciones, hay que votar este año y les candidates…digamos que no seducen lo suficiente. Esta semana han desfilado personajes con más antigüedad que el cometa Halley, que prometen volver a una Argentina que ya no está. Les más jóvenes se reparten entre el – ya instalado y muy de moda – bolsonarismo, el reformismo light y la continuidad de un proyecto que persigue el final de la democracia y el Estado de bienestar ¿Sonó muy duro? Bueno, las cosas como son. Qué duda cabe de que el Pro, Cambiemos y el resto de sus nefastos aliados nos llevan en esa dirección, directo a chocar contra el iceberg de la desocupación, la pérdida de derechos, la injusticia, la persecución y la represión. Si lográramos cambiar el rumbo, con suerte, llegaremos al ansiado día del asteroide.

Pero mientras escribo este par de líneas en la computadora, pasada de toda moda, el fantasma del soneto 18 vuelve e insiste ¿Por qué será? Si no tiene una goma que ver con el asteroide, ni el cosmos. Es apenas una comparación, que podría haberse evitado, pero que no debería. Esa pregunta inicial es el comienzo de algo inevitable y hermoso. Como pocas cosas lindas pueden ser profundas y compartidas – así de simples, prosaicos e inexpertos en sentir nos volvimos – voy a transcribir los versos y ver qué pasa ¿Te generará algo el soneto o no? ¿Tendrá fuerza la poesía en estos tiempos, en el barrio Rivadavia, una noche calurosa de febrero? ¿Servirá de algo más que un simple adorno, o esa estúpida sensación de reverencia exagerada que genera decir Shakespeare, como si los versos fueran reyes destituidos que descansan en geriátricos, donde los visita una vez por año algún pariente más preocupado por su propia imagen que por compartir con el otrora- buena palabra – emperador de la poesía?

Poco puedo saber, soy bastante ignorante, y no me gusta perder el tiempo tratando de mostrarme como no soy. Por eso puedo leer, una noche calurosa, en el balcón del monoambiente, mirando con dificultad el cielo estrellado, buscando con preocupación el asteroide apocalíptico, solo y sin un mango, estos versos del año del culo…y emocionarme como hace rato no me pasaba:

¿Deberé compararte a un día de verano?

eres más deleitable, más templado también;

fuertes vientos sacuden en mayo los capullos

y el plazo del verano vence en tiempo muy breve.

 

A ratos con exceso brilla el ojo del cielo

y otras veces su aspecto dorado se oscurece;

y alguna vez decae cuanto es bello, marchito

por azar o por cambios de la naturaleza;

 

mas nada agostará tu perpetuo verano,

ni vas a perder nunca la belleza que adeudas,

ni de darte su sombra se jactará la muerte

cuando en versos eternos perdures en el tiempo;

 

mientras aliente el hombre, o puedan ver sus ojos

seguirán ellos vivos, y a ti te darán vida

 

*Aclaraciones: La traducción del soneto es de Gustavo Falaquera y está muy bien. Seguramente, la primera vez que leí este soneto fue en el baño mientras defecaba – que suena más poético que decir: cagaba. O tal vez sea al revés – y no en el balcón mirando las estrellas y buscando el asteroide, como comento en el cuerpo de la nota. Hay una versión musicalizada del soneto, que corre por cuenta del también canonizado David Gilmour. La pueden buscar por las redes, debe tener un par de vistazos menos que el video del pajarito Chimuelo. El arte está desquiciado, como siempre.

 

*Contacto asteroide: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

 

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