Una noche en el Bora Bora / Últimas horas de un ex presidente

Por Juan M Penino

 

“Dicen que soy aburrido”

Viernes por la noche en la ciudad (in)feliz, ya se palpita el feriado puente, un intento más del gobierno y sus cráneos asesores para tratar de mejorar algo el mal humor social producido por la macrisis. El frío y el mal tiempo aumentan las ganas de hacer poco más que tomar mate y dormir. Pero claro, no quiero parecer un ex joven tan rápido, todavía me queda alguna que otra energía para salir a bailar. ¡Si!

Mientras, un ex presidente de los peores de la historia mundial, agoniza en un hospital cuyo nombre no quiero recordar.

“Conmigo un peso un dólar”

Entonces llegamos a la puerta del boliche / local bailable / bailanta o como quieran llamarle. Se anuncia un show, pese a que son más de las doce de la noche, hacemos la vaquita y entramos un grupo de cinco, todes con la guita justa, muuuuuuy lejos del billete verde que prometía ese viejo presidente cuyo nombre prefiero no recordar, aunque vaya que dejó su huella maldita.

El ex presidente, en la camilla, parece que va a decir algo, pero duda o no es capaz. Un deja vu opera en la sala de emergencias médicas.

“Tres cosas que quiero que queden claras de la Argentina que viene:…”

Ya no recuerdo si subimos o bajamos una larga escalera. Creo que bajamos, para el caso es lo mismo. Poco a poco la música se apodera de todos nuestros sentidos, la cumbia de la bailanta, y las luces que llevan a la pista, que es una suerte de platillo volador psicodélico. Hay marcianes por todos lados y eso nos encanta. Acercarse a la barra, pedir esa birra que es la mejor del mundo, viene en vaso, directo de una botella con vaya a saber qué etiqueta, pero es más rica y barata que todas las artesanales del universo. Estamos a pasos de la pista, que se hunde en medio del local, es un círculo perfecto que brilla como una cancha de fútbol en la final de la copa del mundo.

El ex presidente mueve las pestañas, hace un gesto raro, parece que estuviese rogando que apaguen una luz o bajen una persiana. En lo posible, cubrir esa ventana que da a la Plaza de Mayo, donde sus uniformados dan caza a manifestantes y los liquidan.

“1) El que las hace las paga…”

Confieso que no bailo nada bien. Que soy de esos patas duras voluntariosos que solo pueden acompañar con movimientos tipo murga o hinchada, que revolea los brazos y se balancea un poco nomás, con toda la ayuda del buen estado del piso de baile y el amor incondicional del grupo que me apoya. Además, siempre hay un par de patas duras con el suficiente alcohol en sangre como para igualar mi torpeza de bailarín y ayudarme a pasar medio desapercibido. Igual tengo que tener cuidado, a veces pasa que me puedo soltar demasiado y termino en papelón, y si el que las hace las paga…Otra vez se me viene el deja vu…

El ex presidente, ahora, parece más tranquilo. Es como si un sueño de injusticia lo estuviese acariciando, consolándolo artificiosamente para que alcance el final. Una enfermera le suministra algún remedio, lo observa con frialdad, tal vez desprecio. No le da lástima “ese” enfermo.

“2) Argentina va a crecer…”

Comienza el baile y todes a la pista. Hay quienes prefieren observar desde la lejanía de una barra o una mesa improvisada, pero es un movimiento paciente, solo de espera momentánea, porque cuando suene “ese” tema van a saltar al brillo de las luces y al movimiento de las caderas endiabladas, de quienes se menean con una naturalidad sorprendente. Todes vamos creciendo conforme pasan las músicas del dj. El pico máximo llega con la primera de las versiones del tan afamado hit “Leña para el carbón”, y ahí me voy al carajo. Empiezo a agitar como si estuviera trepado al alambrado de la popular de Barracas Central. No doy cuenta de mi pareja, una mujer con la que estaba intentando bailar acompasadamente, o eso creía. La verdad es que solo nos agarrábamos de las manos y yo la hacía dar vueltas sobre su eje, porque cuando ella me quería retrucar ¡Ay! ¡Qué dificultades que tengo para girar con gracia de persona que está bailando! Creo que la crecida llegó hasta ahí. En todo caso la leña y el carbón me permitieron una salida decorosa.

El ex presidente sigue postrado, con gesto rígido y una palidez galopante. Parece, sin embargo, que alguna de sus funciones vitales todavía responden, porque la bolsita de pis comienza a juntar unas gotas anaranjadas. Ahora no luce cómodo, es como si los fantasmas de sus muertos lo estuviesen reclamando. No parece que vaya a haber ningún cambio, mucho menos un crecimiento. Los capítulos de su infame historia, al fin, se van cerrando.

“3) Conmigo el ajuste lo hace la política y no el pueblo”

Cansado yo, cansades les amigues, vamos pensando en el regreso hacia el descanso, el final de la noche bailantera. No sin antes clavar un fondo de birra más, saltar un par de clásicos más, esos inoxidables cuartetos que uno no puede dejar de corear por más snob y jazzero que quiera mostrarse. ¡Y sí! Es la noche de bailanta, la noche de les cuerpes liberades, la noche que deja en suspenso el tortuoso pensamiento del día a día: Claro que mañana hay que laburar y pagar los impuestos y atender todas las obligaciones que conforman eso que llamamos rutina, con la crisis encima, sin un mago, con la violencia y la injusticia a cuestas. Igual hay tiempo para una vuelta más, como en la rueda de la fortuna. Porque sabemos cómo vamos a terminar, sino no bailaríamos así. Sabemos quién paga el ajuste al final del día ¿Sabemos? Solo lo pueden ignorar los que todavía crean que el león puede ser herbívoro.

El ex presidente ya no se mueve para nada. Un manto de estatua lo cubre de pies a cabeza. El gesto le quedó plasmado, creo, que para toda la eternidad. Quien lo mirara ahora diría que aquel hombre se parece mucho a un muerto. Quien lo mirara ahora diría que aquel hombre se parece a ese de antes, el que decía estar “a cien pasos de ser el nuevo presidente de una Argentina distinta”, el que devolvería la “dignidad perdida al pueblo argentino”.

Comienzan los días de luto en el país. El hombre que se fue quedó debiendo muertes y un sinfín de promesas incumplidas. A lo mejor, en otro tiempo y espacio tenga la oportunidad de pagar con la Banelco, si todavía le quedó algún saldo positivo.

 

*Los fragmentos citados pertenecen al spot de campaña de la Alianza, para las elecciones presidenciales del año 1999.

*Alargamiento: Esas noches, la de la muerte del ex presidente y la de la bailanta, sucedieron al mismo tiempo o casi. Más temprano – el mismo grupo bailarín – tuvimos la oportunidad de disfrutar del recital de Palo Pandolfo en Teatriz, y por eso dejo a continuación un tema que sonó sublime. Leña para el carbón queda para la bailanta, donde mejor se saborea:

*Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

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