Transformación

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Por Juan M Penino

 

 

– Personalmente, no sé por qué te esforzás tanto

– Voy a comprar la tienda, ser mi propio jefe

– ¿Y?

– ¿Y qué?

– Es el sueño al que todos aspiran

– ¿Qué sentido tiene? De todas formas, vas a morir.

– ¿Qué querés decir?

 

Serie Fargo, Temporada 2, Episodio 5

 

 

Eso pasa en una escena de la ya viejísima segunda temporada de la serie Fargo, donde se produce un choque constante entre graves sucesos y personajes que responde a otro orden de cosas. Todo sucede en pequeñas ciudades / pueblos cubiertas de nieve, que viven bajo una vieja estructura violenta y patriarcal, cuyos personajes transitan la vida muy alejados del ideal moderno que se quiere vender desde la pantalla de Hollywood. Este territorio apaciblemente semi congelado, funciona como si estuviera fuera de tiempo y lugar. Sus habitantes ven cómo sus valores morales, que creían tan binarios como sólidos, se desvanecen en el aire ¿Por qué? Porque todo vive en constante movimiento, y querer ser conservador y esencialista es de testarudo. Por eso los personajes de la serie se sorprenden tanto al verse inmiscuidos en tramas que no se imaginaban que podían suceder. Y sus valores no alcanzan para resolver las nuevas y complejas cuestiones, entonces más se sorprenden por lo que – descubren – son capaces de hacer. En ese momento quedan en el aire, porque se dan cuenta de que esos sus valores, nunca habían funcionado, estaban completamente equivocados. Algo así es la vida en un pueblo con cuerpo y forma de ciudad ¿Cómo puede ser que mueran personas en la calle, al lado nuestro, y podamos continuar como si nada? O pero, que las reacciones sean tan inhumanas, que lo primero que se haga sea lavarse las manos, sacarse de encima la responsabilidad; y que un artista sea el vocero para expresar el dolor de una pérdida humana, afirmando que la culpa de morir de frío en la calle la tiene la misma víctima por elegir esa vida ¿En serio? ¿Un artista – que se supone que tiene algo de sensibilidad – es capaz de afirmar eso? Y acá ya no estamos en Fargo, 1978. Es Mar del Plata, 2018, que, sin embargo, también parece un lugar absurdo diseñado por los hermanos Coen.

Aporto algún dato, por las dudas. Hoy pasé a las siete de la mañana por el mismo terreno baldío, en donde apareció muerta por el frío aquella mujer (ver foto). Sigue habiendo gente, seres humanos, en situación de calle, que pasan las noches a merced del terrible frío. Y, otra vez, como en Fargo lo pero no es el clima, sino la frialdad de les propies ciudadanes. El clima no puede razonar, en ese punto es inocente. Nosotres deberíamos hacer el esfuerzo. Tal vez, debamos quebrar esquemas de una buena vez, y no quedarnos a esperar que nos venga la solución por parte de un Sistema que lo único que garantiza es la deshumanización general. Por las redes sociales no se sienten el hambre y el frío.

¿Quién sabe? A lo mejor lo más revolucionario que nos pasó en los últimos años en la ciudad fue la reacción del intendente Arroyo, en relación al aporte falso que hicieron en su nombre sus aliados del gobierno provincial, con María Eugenia Vidal a la cabeza. Si fuera así, ¡qué mal que estamos! Y ya sé que no hay tiempo en la vida, que lo que cuesta mantener el metro cuadrado que ocupamos es cada día más costoso ¿Encima hay que pensar en cómo revertir esto que llamo la política reptil? Hay algo positivo de este invierno, y creo que es esa posibilidad de volvernos a encontrar, de volvernos a indignar, de volvernos a unir contra la injusticia ¿Volvernos? ¿Cuándo pasó? ¿Sucedió algo así en Mar del Plata alguna vez? No lo sé, pero si nunca se dio es hora de que lo hagamos realidad. Tal vez uniendo los metros cuadrados que ocupamos diariamente, tal vez tomando el cuerpo de la ciudad y poniéndolo en una dirección acorde con la igualdad y la inclusión. Son estas dos palabras que quedan por fuera de la política reptil, que busca un cambio en dirección contraria, que busca recortar derechos de les ciudadanes todos los días hasta…

TRANSFORMAR, es el tiempo de buscar la transformación y de quebrar el statu quo. Porque, como sucede en Fargo, lo peor es quedarse quieto mientras las cosas avanzan a gran velocidad. Hay que darle sentido a la vida, no caer en el nihilismo que es alimento para el orden conservador imperante. La advertencia está, a los mejor, en esa escena de la serie, donde el carnicero asesino – ¿por accidente? – no puede comprender a la joven cajera del local, quien parafraseando al escritor Albert Camus insiste en cuestionarle qué sentido tienen los esfuerzos que él hace en el trabajo, si de todas maneras se va a morir.

 

Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

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