TRAIDORES HUBO SIEMPRE

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Por Juan M Penino

 

El cineasta  y militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores  Raymundo Gleyzer tenía treintaicuatro años cuando fue desaparecido, en mayo de 1976, por la dictadura cívico militar. Trabajó en el grupo Cine de Base, una escuela de documentalistas con alto compromiso social. Se diferenciaba del otro grupo de cineastas importantes de la época, Cine Liberación, en que eran críticos de la figura de Perón y, en particular, de la dirigencia sindical peronista. Ese fue el marco de la película que quiero rescatar esta semana. Realizada en el año 1973 y titulada Los traidores. La película no tuvo estreno comercial y, a pesar de haber sido filmada en colores, tuvo que ser proyectada en copias de 16 mm en blanco y negro clandestinamente. Recién con el regreso de la democracia pudo ser rescatada y revalorizada. ¿Por qué su importancia? En principio, hay que decir que la película narra la historia de Roberto Barrera, un militante sindicalista – ficcional – del peronismo de los ´60. Su ascenso al poder es paralelo a su descenso moral. El tipo pasa de ser un humilde luchador sindical de base a un burócrata traidor de su clase. Pero lo más destacable es que se trató del único largometraje de ficción del grupo Cine de Base. Como sus integrantes sostenían, el hecho de realizar una historia ficcional podía generar conflicto con la llegada al público trabajador, que ellos sospechaban mucho más atado a los documentales. Pero Gleyzer decidió correr un doble riesgo: por un lado, exponer la traición de los representantes sindicales del momento y, por el otro, exponerse al rechazo estético de su obra. Como resultado dejó una pieza artística invalorable y que, puesta en perspectiva, tiene eso que caracteriza a toda película indispensable: nunca envejece, siempre continua vigente.

Ahora, donde me quiero detener y hacer énfasis, es en la secuencia que podemos denominar “La pesadilla”. En ella, el protagonista Roberto Barrera se queda dormido en un departamento alejado de la ciudad, mientras finge su secuestro para poder ganarle las elecciones en el gremio a la izquierda. Y ese es el instante del sueño, donde sobreviene una de las escenas mejor logradas – y más inesperadas – del cine nacional. En un marco realista, aparece esta secuencia del cementerio, que es onírica y surrealista:

…Dos guitarras y un bandoneón comienzan un valsecito, acompañando la procesión del féretro que contiene el cuerpo sin vida de Roberto Barrera, que va a ser enterrado en el cementerio. Las plañideras cantan sobre la melodía. Un presentador da anuncio a las palabras del presidente de la nación. La música para, pero uno de los presentes no cesa de aplaudir. El presidente saca su papel y comienza el discurso. Hace alusión al que llama “crímen sin Dios ni Patria que, esta vez, apuntó a un dirigente sindical” Detrás suyo, un asesor trajeado y con lentes de sol – una especie de Durán Barba sesentoso – comienza a reírse sin parar, tentado por los hilos demasiado visibles de la farsa que, seguramente, él mismo construyó. El presidente, inmutable en su actuación, continúa con su perorata. En el fondo de la escena, aparece el mismo Roberto Barrera, pero de joven, extrañado por contemplarse ya más viejo en un ataúd a punto de ser enterrado. Más sorprendido queda al verse devenido en burócrata sindical, ajusticiado por traidor. Un obrero recientemente torturado y asesinado estrecha la mano del joven Barrera, aumentando el tamaño de su culpa. Continúa el aplauso solitario y constante, la carcajada del asesor y el discurso falseado del presidente. Otros dos juegan al truco sobre un ataúd, en medio del cementerio, sin preocupaciones. El asesor de la risa frena su actitud para corregir al presidente: “No es: se rendi homenaje, es: se rinde homenaje” – Y continúa con la carcajada en aumento. Finaliza el discurso y reaparecen la música y el canto: “Hay Barrera, te nos fuiste volando por el cielo / te moriste peleando por tu gremio / Barreeeeeraaaaa”. Luego quien toma la palabra es el Secretario General de la CGT, con un gorro hecho de papel de diario y su machete en mano. Es presentado y toma el micrófono. La música frena, otra vez, el aplauso único continúa y el asesor risueño aumenta la carcajada. Desde el fondo llega un representante de la patronal lamentándose, tirando de un potrillo de gran linaje, que le había prometido a Barrera por su innumerable cantidad de favores. Con cierta dificultad, termina con su discurso el Secretario General de la CGT. Vuelven la música y el canto de las plañideras, el valsecito se vuelve cada vez más pegadizo y satírico. El Secretario General de la CGT recibe un pan grande y redondeado como premio a su discurso. Lo mastica con voracidad, al lado de otro invitado al entierro que juega con un yo yo. El funeral esperpéntico llega a su fin. La viuda agradece la presencia al presidente de la nación, que se justifica: “Por favor, era mi día franco”. El Secretario de la CGT con su pan y su gorro de papel de diario, la viuda íntegramente de negro, el presidente y el asesor que no para de reír encabezan la retirada. Cerrando la fila se ve al caballo, al representante de la patronal, a los músicos, a las plañideras y al trabajador traicionado…

Toda una gran escena surrealista destinada a vencer los prejuicios paternalistas de jóvenes burgueses de izquierda, que pensaban que los trabajadores eran incapaces de interpretar tales sutilezas del arte cinematográfico. Y esa es solo una escena de esta película imprescindible del cine. Y se trata de cine nacional, que me deja pensando que, a lo mejor, es mucho más interesante de lo que la industria nos quiere mostrar.

 

*Alargamiento

90´) El protagonista de la película es Víctor Proncet, quien también colaboró en el armado del guión con Raymundo Gleyzer. Además, la historia está basada en un cuento de su autoría. Un todo terreno.

90´+1´) No creo que haya día más lindo que una jornada de vacaciones de invierno con pleno sol y sin viento. Tal vez los mejores días fueron, son y serán invernales.

90´+5´) Confieso que hoy, que no para de llover, me siento muy parecido al Dougie Jones de la nueva temporada de Twin Peaks: Perdido en el espacio y el tiempo, contemplo lo que sucede  alrededor sin reaccionar. Únicamente, me muevo con algo de instinto, una huella en la memoria que me lleva a perseguir – igual que Dougie- el café y unas dulces medialunas. Algún día volveremos a ser el Agente Cooper.

FIN) Aguante con todo la radio alternativa Estación Mar del Plata, que transmitirá el sábado – como todas las semanas – desde las 20hs LA ESTRATÓSFERA, único programa que sale por esas horas desde el corazón del barrio Rivadavia. Hasta entonces, quedan invitados por haber llegado al final de la nota: www.estacionmdp.com       

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