Testimonio de Pablo sobre su encuentro con el poeta nazi Adolfo Cuentrao: “Todos los días se celebraba el fin del mundo”

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Sombra I

Por Juan M Penino

 

“No me interesa la historia”

The Ramones, Rock and roll High School

 

“El siguiente es un testimonio y, como tal, está muy lejos de la verdad”

 

Yo, por esos días, leía mucho revistas de automovilismo, aunque no se bien por qué. Es verdad que nunca había manejado en mi vida y mis viejos no tenían auto, lo habían vendido un año antes por la crisis económica que asolaba al país. Yo estaba recién salido de la secundaria y me acuerdo que la sensación en la ciudad era de apocalipsis inminente. Todos los días se celebraba el fin del mundo. Como sea, esa tarde de primavera el calor era insoportable, no tanto por la temperatura como por el efecto pegajoso de la humedad, y yo me fui con la revista de autos para el bar del club. Creo que era el Jara, pero pudo haber sido en el de Racing de Mar del Plata, se parecían mucho. Toda la ciudad estaba de la misma forma, destruida y sin espíritu. Yo pasaba las tardes y las noches con amigos entre las calles del barrio Rivadavia y del centro, tomando alguna birra, fumando un porro y escuchando Viejas Locas. Yo prefería Los Super Ratones, Bárbara Anne, la playa y todo eso. Pero la onda en el barrio era rolinga y Pity Alvarez parecía el heredero de esa cultura. No había mucho más para hacer, nosotros estábamos dentro del gigantesco porcentaje de los arruinados por la crisis. Igual no entendía mucho, para mí la vida debía ser más o menos así en todos lados del mundo, todos los jóvenes estarían pasando por lo mismo, buscando algún estímulo por cualquier lado, con cinco pesos en el bolsillo y una bici playera con el manubrio partido. Me fui, como decía, al bar del club  – ahora estoy casi seguro de que era el Jara – y me senté para leer la revista de coches. El mozo me trajo una cerveza, sabía que era lo único que consumíamos los jóvenes del barrio cuando entrabamos al bar. Recuerdo que el tipo era tan alto como flaco, de piel blanca de no ver sol en décadas, rostro ojeroso y pelo corto morocho. En conjunto resultaba una mezcla entre largo de los locos Adams y Joy Ramone. Así le decíamos. Joy me dejó la fresca sin maní, la crisis no permitía el acompañamiento hoy tan natural. Me puse a ojear la revista que tenía una nota bastante amplia al “Pingüino” Catalán Magni, que seguro hablaba de alguna carrera de TC y de su relación con el Flaco Traverso. Se habrían peleado o habrían arreglado alguna cuestión, Traverso era el corredor más polémico por ese entonces. Creo que después, los dos, se dedicaron a la política. Cosas de las crisis, ¿no? Yo había estado muy concentrado en aquella nota y no me había dado cuenta, pero cuando hice un alto para tomar la cerveza advertí que en la barra estaban tres tipos tomando café, o alguna otra bebida caliente en taza. Y sí, uno de ellos era “Tino” Cuentrao. Claro que lo conocíamos en el barrio, decían que era escritor. “Poeta” le decían, y eso era raro. En la escuela nadie nos había dicho que los poetas estaban vivos y que uno se los podía llegar a encontrar por la calle. Para nosotros la poesía era algo viejo, muerto y melancólico como el tango. No asociábamos el rock con la poesía, para nada. La poesía había sido el Martín Fierro y Borges ¡Ah! Y también Alfonsina Storni, que se había limpiado acá nomás, en las playas donde a veces íbamos a coger a la salida del boliche. Loco ¿no?, garchábamos y la mina esta caminaba mar adentro para dejar de sufrir. ¿Una paradoja se dice? Al tiempo me enteré que a la tipa le encantaba cogerse pendejos mucho más jóvenes que ella y me pareció más piola. A veces, sueño que yo vuelvo a tener esa edad y que Alfonsina me garcha en la playa, antes de irse a morir. Como en la canción, sería una parte que le falta y que haría justicia con ella: Y te vas Alfonsina con tu soledad / que pendejo hermoso te fuiste a voltear.

Y ese Cuentrao, medio brazuca, medio paraguayo, medio argento era poeta también. Yo por eso me imaginé que su final estaba cantado. Para mí, si sos poeta te vas a suicidar, no hay tu tía. Encima este Cuentrao, decían, andaba penando porque una gitana – ¿o era una zíngara? – no le daba bola. Igual esa tarde en el bar se lo veía animado, hablaba fuerte y con la mirada encendida, con gestos exagerados. Como decía, eran días difíciles para el país y Cuentrao, por lo que sabíamos, había desempeñado un cargo político en Capital. El tipo lo hacía notar en las discusiones. Siempre ponía un ejemplo de lo que él había hecho o de lo que él había participado, como para humillar al resto de los parroquianos. Le gustaba sentirse superior. Pero ese día estaba más bien alterado. Creo que fue en esa oportunidad que dijo: “Estos negros de mierda van a incendiar el país”. Me acuerdo, nos acordamos, porque siempre se cuidaba con las palabras. Era medido, cauteloso para opinar, aunque las cosas que decía…Bueno, por eso el apodo “poeta Nazi”. Encima se llamaba Adolfo o Adolph. Insistió toda esa tarde con la idea de higienización que había que aplicar sobre la sociedad argentina para lograr la purificación. Los otros dos lo miraban sin prestarle mucha atención, porque la tele del bar les devolvía las imágenes de un nuevo saqueo a un supermercado. Joy Ramone parecía ser el único que se sentía incómodo con las opiniones de Cuentrao, se lo veía gesticular desaprobando, mordiéndose el labio inferior y moviendo la cabeza de lado a lado. Ahí, con mi mente de pendejo, me acordé del video de Los Ramones y eso de que a Joy le importaba un carajo la historia y lo que enseñaban en la escuela… Cuentrao siguió despotricando un rato más contra el destino mediocre del país y la falta de voluntad de la gente en nuestra ciudad. Fue en ese momento, y como para terminar su discurso, que hizo referencia a la entereza del pueblo paraguayo en la guerra. Según dijo, los paraguayos al menos habían tenido la voluntad de pelear hasta que no quedara uno solo de los suyos en pie, incluidos los niños. Él decía respetar a los enemigos que están dispuestos a jugarse el todo por el todo…

En la entrega total está la vida,

Un horizonte jamás se dejará ver

Por los pueblos débiles,

Incapaces de diferenciar

El vuelo perfecto de un águila

Del espamento exagerado y morboso

De un impío colibrí.

Eso recitó Cuentrao de memoria, aquella tarde. Nunca supe si eran versos suyos o de alguno de sus amigos nazis, daba igual. Yo, en ese momento, pensaba cualquier otra cosa, miraba las fotos de las carreras de TC, tomaba la birra y no sabía si al otro día me irían a pegar un tiro en la cien.

 

*El testimonio pertenece a Pablo, un habitante del barrio Rivadavia entre los años 2000 y 2010. Lo último que se supo fue que para el mundial de fútbol masculino en Brasil se fue a Río de Janeiro, con la idea de vender choripanes. A partir de ahí, nadie más supo de él en el barrio. Sobre Cuentrao siguen las conjeturas, parece el desfile de un conjunto de sombras que se terminan de esfumar en los recuerdos.

¿Continuará?

 

Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar / Facebook: Juan Mnp

 

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