QUE 194 AÑOS NO ES NADA

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Por Juan M Penino

 

“Todas las naciones en los apuros de sus rentas han aprobado el arbitrio de los empréstitos, y todas han conocido a su propia costa que es un recurso miserable, con que se consuman los males que se intentaban remediar”

Mariano Moreno, 1809

Pero es que hoy Jerry se siente viejo. Los años se le vinieron encima con imágenes que se le cruzaron, que parecían actualizadas pero que en verdad eran de otros tiempos. Como si estuviese viajando en el tiempo, en el DeLorean de Volver al futuro, la segunda parte. Porque todo lo que veía ya lo había vivido, hasta podía verse haciendo lo que ya sabía que iba a hacer. Pero la regla, y eso el Doc se lo advertía cada vez que se le presentaba ocasión, era no cruzarse consigo mismo – regla que el mismo Doc estuvo a punto de romper -. Las consecuencias podrían ser terribles si los dos mismos individuos (el del pasado y el del futuro) interactuaban. A lo mejor el Doc era más gramsciano de lo que demostraba y tenía en la cabeza esa frase que Jerry no paraba de recitar como un mantra: La historia enseña, lo que no tiene son alumnos. Bien, el Doc era un muy buen alumno y no estaba dispuesto a equivocarse otra vez…Por desgracia la película, Gramsci y las enseñanzas de la historia no eran atendidas en la actualidad. Se notaba en el mundo una vuelta hacia la guerra como modo de relación entre imperio y periferia, un clásico en la Historia. Desde el DeLorean Jerry lo podía imaginar. Más cerca del Barrio Rivadavia, su Barrio, viajaba al pasado: Lo había visto opinar a Domingo Cavallo en la Televisión – ¿Se acuerdan cuando se decía que Cavallo se había escapado del país en plena crisis de 2001, portando una máscara de él mismo para pasar desapercibido entre la furia del pueblo que lo buscaba para lincharlo? – , el FMI estaba por prestarle plata al país, la televisión enfocaba a Mirtha Legrand Almorzando y Mar del Plata era la ciudad con mayor desempleo del universo. ¿En qué año estaba?…

…Creo que corría el año 1824, cuando existía la Corporación inglesa Baring Brothers. Por ese entonces, Inglaterra era el imperio que luego sería Estados Unidos en el siglo XXI. De Londres venía lo que el Gobierno Porteño decía necesitar: “una gran cantidad de guita para poder construir un puerto, fundar algunos villorrios y darle agua potable a la Ciudad más importante”. También, quien estaba al mando, Bernardino Rivadavia, necesitaba un sillón un toque más cómodo. No para tanto, no era cuestión de exagerar. Con unos cuantos pesos prestados podía acceder a un silloncito modesto pero más copado que el que tenía por entonces. Después de todo, él era el hombre más poderoso del Sur del mundo. Sonaba bien la idea de pedir ayuda al Imperio, daba además de guita mucho prestigio. ¿Quién es ese gobernador sudaca que se hizo de un millón de libras londinenses? Qué bien se veía Sir Bernardino en su sillón, estaba marcando un rumbo en la historia del país, del mundo. El préstamo iba a ser la manera de insertar a los países emergentes en los mercados importantes, iba a ser la carta de presentación de aquí a la eternidad, la manera de mostrar cómo salir del corazón de las tinieblas. Pero, por desgracia, la realidad ya de temprano comenzó a desengañar a Bernardino. Y esa es la lección que el día de hoy nos rememora la mejor de todas las maestras, la Historia: del millón sólo llegaron al país 560 mil libras. ¿Dónde quedó el resto? La respuesta a esta pregunta podríamos llamarla lección número 1, la más importante y la más olímpicamente olvidada, la que debe ser puesta en mayúsculas y en negrita en todos los portales, redes sociales, carteles callejeros, zócalos televisivos, etcétera: EL RESTO QUE FALTABA PARA COMPLETAR EL MILLÓN QUEDÓ EN MANOS DE LOS INTERMEDIARIOS Y DE LOS ACREEDORES, EN CONCEPTO DE ADELANTO DE PAGO. Así de claro y decepcionante. El golpe mantuvo al país ENDEUDADO DURANTE 80 AÑOS, YA QUE RECIÉN PARA 1904 SE TERMINÓ DE SALDAR AQUEL PRÉSTAMO. ¿Cuánto había costado la joda? ARGENTINA HABÍA PAGADO DOCE VECES MÁS DE LO QUE LA BARING BROTHERS LE HABÍA PRESTADO…

Un episodio le bastó a Jerry para querer volver lo más rápido posible al presente. No quiso seguir recorriendo con el DeLorean ningún momento más en la Historia del país, estaba cansado ya desde el inicio, sabía lo que se vendría en el siglo XX, los golpes de Estado con sus feroces endeudamientos, Menem, el 2001, Cavallo, De La Rúa, el corralito, Duhalde, el Corralón, el puto Club de París, el FMI y la mar en coche. Qué poco se atendía a la historia en verdad, ese loco italiano tenía razón. Tan solo bastaba con prestar atención a esa frase. No daba crédito, ¿dónde estaba el inconveniente, la falta de razón? Mejor dicho, se preguntaba en quién, en quiénes. ¿Por qué no atender al inicio de todo este embrollo, por qué no remontarse unos minutos a aquella primera lección, repasarla y recordarla siempre?

Demasiado para aquella semana. Jerry se quedó en calzones, unos slips con el escudo de Nacional de Montevideo – campeón de la liga uruguaya 2018 – bordado en el centro, destapó una birra y agarró el libro de un historiador que le gustaba un pedazo: Eric. Del Eric marcó un párrafo que le daría un poco de tranquilidad entre tanta locura. Eric sabía, era uno de los mejores alumnos de la historia. Aunque no había conocido el Barrio Rivadavia, estaba seguro, Eric lo intuía. Entonces leyó para poder dormir esa noche húmeda del otoño más caluroso que recordaba: “…Es evidente que las operaciones del sistema económico han de ser analizadas históricamente, como una fase y no como el fin de la historia, y de manera realista, es decir, no en términos de un equilibrio de mercado ideal, sino de un mecanismo intrínseco que genera crisis periódicas susceptibles de cambiar el sistema. La actual puede ser una de ellas. De nuevo resulta obvio que incluso entre importantes crisis, “el mercado” no tiene respuesta al principal problema al que se enfrenta el siglo XXI: que el ilimitado crecimiento económico cada vez más altamente tecnológico en busca de beneficios insostenibles produce riqueza global, pero a costa de un factor de producción cada vez más prescindible, el trabajo humano, y, podríamos añadir, de los recursos naturales del globo. El liberalismo político y económico, por separado o en combinación, no pueden proporcionar la solución a los problemas del siglo XXI…”

 

Atendemos por: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

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