Mi papá el represor

PUBLICIDAD

La mirada de los hijos de los genocidas es un punto de vista relativamente novedoso dentro del cine nacional, por lo que El hijo del cazador tiene un valor muy interesante dentro de la filmografía de memoria, verdad y justicia Argentina. Estructurada como un documental donde la cámara toma el testimonio de vida de Luis Alberto Quijano, hijo del represor Luis Alberto Cayetano Quijano, juzgado por más de doscientos delitos cometidos durante la última dictadura militar, entre los que se le imputan 58 privaciones ilegítimas de la libertad agravadas, 154 imposiciones de tormentos agravados, 98 homicidios calificados, 5 imposiciones de tormentos seguidas de muerte y la sustracción de un menor de 10 años. El hijo del monstruo da su visión de los años en los que su padre lo obligaba, con apenas catorce años, a presenciar sus crímenes y a realizar tareas de apoyo en operativos y en el centro clandestino de detención La Perla, uno de los infiernos más recordados creado por la dictadura. La mayoría de las escenas lo muestran al hijo del represor mirando a cámara, en un plano que toma su rostro que resalta de un fondo totalmente negro, contando su verdad, exponiendo al padre del que, finalmente, renegó. También no ahorra en críticas hacia su madre, a quien acusa de haber sido una persona abyecta y despreciable.

Pero promediando la película, este personaje va dando indicios de tener una personalidad ambigua, hasta que comienza a descubrirse como un tipo más oscuro de lo esperado. Ese es el momento de quiebre en el film y el que comenzó a generar indignación en la mayoría de les espectadores presentes. El punto cúlmine, donde ya no hay retorno, se da cuando el hijo del genocida avala la teoría de los dos demonios, asegurando que en Argentina lo que hubo fue una guerra civil y no terrorismo de estado. Este vuelco dejó una sensación amarga en el público que, finalizada la proyección, comenzó a hacer catarsis reprochándole a los directores Germán Scelso y Federico Robles la forma utilizada para montar el documental.

En definitiva, la película resulta muy importante como registro de la visión del hijo de un genocida, una parte de la memoria que se está empezando a reconstruir hace poco tiempo en el país.

*Algún dato: Por lejos, esta película es la más polémica de las que me ha tocado presenciar.

*Las imágenes de los represores en el juicio de la megacausa La Perla me siguen generando un asco/miedo/odio/escozor que todavía no puedo controlar.

*Párrafo a parte para el testimonio de la mujer belorrusa, actualmente casada con el hijo del represor, quien con apenas unas palabras – sumado a lo no dicho – deja bien en claro el carácter ambiguo del protagonista. Una escena que me parece crucial para entender al personaje y, por ende, el documental.

  • La película se vuelve a proyectar el día viernes 15 de noviembre a las 16:20hs., en la sala número 1 de Los Gaitas.

PUBLICIDAD

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*