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¿Las páginas finales de Cuentrao? Reflexiones de un fin de año

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Por Juan M Penino

 

Retoco las últimas hojas escritas en este año ¿Un capricho, tal vez? Siempre digo que es, más bien, una necesidad imperiosa, como todas las necesidades, como cualquiera, ¡qué va! A lo mejor no lo entendés, poco importa. Ya va a llegar ese momento en que los verbos se transformen en empresas multinacionales. Así van a ser todas las relaciones, y la nuestra también. Una tarde, me acuerdo, me dijiste que me necesitabas y yo interpreté mal. Porque la necesidad se acaba cuando se cubre, lo que sigue después es…esto que vivo ahora, una noche cercana de fin de año a la salida del apocalipsis argento, uno de los tantos apocalipsis. Calculo que en una década sucederá otro, y luego uno más y así hasta que, finalmente, quedemos los elegidos. Es ley de la naturaleza. Pero, te confieso, me cuesta creer que sea verdad que alguien pueda ser elegido para algo que no entiende ni entenderá. Más bien, creo que es delirio de grandeza, esa especie de combustible o droga – tal vez – que a mí me ha tomado muchas veces por sorpresa. En Misiones, cuando era chico, me imaginaba volando sobre la espesa bruma y el ruido aterrador de la Garganta del Diablo. Yo en soledad sobrevolaba como una gaviota poderosa esa masa viva de agua que engullía al resto de la humanidad. Creía que era el elegido, y ahora pienso que lo que permanece es esa fuerza destructiva de los adjetivos, nada más. Hoy, casi a fin de año, sentado en la vereda frente a un ph en el Barrio Rivadavia, veo gente desesperada. Algunas pelean y se movilizan vaya a saber para qué. Otras, se anulan con cualquier sustancia que tienen a mano. Yo soy una gaviota con alas rotas ¿Resignado? Tu familia me prohibió verte y el país ya hace rato que se fue a la mierda, otra vez. Y lo sé mejor que nadie, no hay ningún tipo de justicia, solo intérpretes de sucesos que ponen los acentos donde les conviene. Y te confieso, yo haría lo mismo. Cuando fui funcionario en Capital lo hice, y no tenía problemas con mi propio cinismo. Ahora qué carajos importa eso ¿no? ¿Para qué me habré metido tanto en algo que, sabía, iba a terminar en injusticia? Pero uno se enceguece con el éxito, parece que todo el mundo está de acuerdo con solo un movimiento de tus dedos ¡La masa idiota siguiendo a su líder! Qué belleza cuando se mueve con tus propios compases. Pero el ser director te dura muy poco, y cuando te sacan del centro te borran, así se paga una traición. Porque en política, como en la vida, siempre se traiciona lo que se quiere. Claro que lo hice, mil veces. Y la verdad que tu familia con sus costumbres arcaicas nos ahorran esa parte al alejarnos, porque sé que te voy a traicionar en algún instante. No puedo no hacerlo porque te amo profundamente. Y eso es lo que hace uno con lo que ama, traicionarlo. Ahorrémonos ese instante desagradable y quedémonos con el recuerdo de lo que pudo haber pasado…Pudimos haber sido felices, pudimos haber hecho las cosas mejor, pudimos haber revolucionado el mundo, pudimos… Pero hicimos lo que hicimos y, aunque no quiero sonar trágico, ya es muy tarde. Otro año se termina y no creo que tenga fuerzas para empezar uno más. Hasta acá mi voluntad, mi deseo. Creo haber dejado algo en mi vuelo por el mundo. A lo mejor nunca me entendiste, pero creéme que te quise con el alma, eso fue genuino, tanto como quise cada verso que escribí. Y vas a escuchar cosas malas de mí y lo siento mucho, pero eso ya no lo puedo controlar, ya no hay nada por hacer. Ahora es tiempo de cerrar la carta y esparcir mis cenizas en el infinito…

Una noche se cuelga de tus hombros

Para buscar el espacio de salvación

Que existió un domingo, en el fondo del mar,

Con la sudestada batiendo sus espumosas alas,

El lugar donde las brujas danzaban

Y cortaban los hilos del Destino

Alejándonos de la miel de los versos

Que ya no puedo leer,

Porque esa es mi cruel condena

 

No tener ojos para volverte a ver,

No encontrar palabras para evocarte.

 

Con pasión y determinación, siempre tuyo

Tino, diciembre de 2001

 

La carta fue encontrada en un departamento del barrio Rivadavia, más precisamente en un ph en planta baja de la calle Francia. La persona que lo halló prefirió no darse a conocer por miedo a represalias de la familia de la mujer a la que, supuestamente, el poeta Adolfo Cuentrao estaba cortejando. Se sabe que la familia de la joven estaba regentada por uno de los gitanos más violentos del barrio, y que no permitía que el poeta se le acercara ni que la mirara. La amenaza era tan cierta que todo el barrio sabía la historia y apoyaba en conjunto al poeta, a pesar de tener en claro su tendencia filo nazi. Desafortunadamente, Cuentrao se encontraba muy solo en ese momento de su vida, por lo que no hay precisiones acerca de la veracidad de la carta. Se presume que al poco tiempo el poeta se quitó la vida o simplemente se dejó morir, quedando el papel en algún lugar del departamento. La aparición del documento hecha luz sobre algunas cuestiones y tiene coherencia con lo que otros testigos afirman sobre la vida de Cuentrao en el barrio Rivadavia. Pero hay algunes critiques literaries que dudan de la veracidad de la carta, ya que sostienen que la prosa de Tino tenía una densidad ideológica mucho más fuerte y más llena de adjetivaciones escandalosas, siempre priorizando la polémica a la comunicación de sentimientos, aún en ocasiones de tipo amoroso. Es histórica la carta que le escribe a su madre a la distancia, sabiendo que padecía una enfermedad mortal. Lejos de ser sentimental o condescendiente, Cuentrao se muestra severo y hace un llamado a la revolución nacionalsocialista en el continente americano para frenar la avanzada del comunismo fidelista. Como sea, se trata de un documento de estudio que deja abierto el debate sobre la figura de un ser cuya reputación es mucho menor que lo que parece sugerir. Quién sabe si lo que hacemos los historiadores, los investigadores de personas que no quieren ser investigadas, no sea más que un simple pasa tiempo, una manera de intentar no caer en el olvido.

 

*PD: Una última reflexión en este año que se va…

SUDESTADA

A veces, uno tiene la desalentadora sensación de que no puede avanzar, aunque hace todo lo posible para ir en alguna dirección. Algo frena el impulso, hace vano el esfuerzo. Eso mismo sentí ayer por la tarde, cuando empecinadamente me metí a surfear los mares marplatenses, un día medio gris con un viento sur intenso. Remaba con todas mis fuerzas, pero el mar en complot con el viento me sacaban hacia la orilla, como no queriendo que me sume a la tertulia. Y yo seguía y seguía, remaba y remaba contra toda esa fuerza natural. Experimentaba la sensación de impotencia, pero no cejaba en el esfuerzo, tenía la esperanza de que en algún instante, mi fuerza me depositaría más allá de la línea de rompiente de las olas, el lugar deseado, el sitio perfecto para esperar por una buena serie que me permitiese salir a flote. Con eso mi día estaría saldado, creo…En la ciudad las cosas se suceden con la misma inercia, como si todo diera lo mismo. Cuando uno piensa que avanza decidido es muy común sentir una especie de fuerza invisible que tira para el otro lado, como una caprichosa marea que no entiende de razones, que solo puede direccionar sus deseos para el mismo lado, sin importar el daño que causa al resto. Algo así es la justicia mal encaminada, mal concebida. Una interpretación a posteriori de los hechos, que está llena de prejuicios, preconceptos y valores que los seres humanos traemos desde el mismo día en que caemos al mundo. Y como si esto fuera poco, los medios de (in)comunicación nos devuelven escenas de eso que tanto tememos, de esa fuente impía donde se cuecen todas las injusticias que son sostenidas y dictadas por personajes – se hacen llamar jueces – indignos del lugar que la sociedad les otorga. Y se esconden, se escudan en las frías letras de papeles escritos hace décadas, que no tienen en cuenta el avance de la humanidad. Entonces, sentimos eso mismo que sentí ayer en el mar, esa fuerza contraria al sentido común, contraria al sentir, al latir de los corazones que, una vez más, son destrozados sin compasión.

 

*Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

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Un poema para esta semana: Elegía del mar

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Lo que sigue a continuación es un poema, escrito íntegramente en el barrio Bernardino Rivadavia. Pero esta vez no lo pongo por escrito, sino que va recitado directo por mi. Entonces es algo así como una doble exposición y me gusta. Están las palabras y la lectura, dos instancias que se complementan y le dan sentido pleno a la poesía, en tiempos donde a lo mejor no es un género súper consumido. El nombre viene determinado por un tono triste que detecto – a partir de una caída y un golpe fuerte que me dí surfeando- pero que a lo mejor no termino de compartir del todo. Después de escucharlo un par de veces me genera otro tipo de sentimientos, porque básicamente algunas de las imágenes que dibujan las palabras recuerdan la playa del barco hundido, uno de los lugares que más amo en el mundo. Y lo comparto en la página por algo que dice Yoko Ono en el documental que recomendé la semana pasada (y que sigo recomendando: «John & Yoko: Above us only sky) : Un poema puede ser hermoso, pero si no se comparte con otros es algo muerto. No creo que este poema sea hermoso y mucho menos mi voz recitándolo, pero ando con ganas de compartir lo que escribo. Claro que no tenés por qué escucharlo, pero te invito igual y acepto todo tipo de manifestación al email juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

Sin más, acá va el poema:

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WAR IS OVER si seguís las instrucciones de Yoko

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Generalmente se coloca un reloj en el centro del escenario y se le pide al público que espere que suene el despertador

PIEZA DE RELOJ, Yoko Ono

 

Por algún extraño motivo – que yo considero una carambola del destino – cada vez que me pongo a escribir una nota llueve en el barrio. Claro que no es privativo del Rivadavia, esta tarde/noche lluviosa se extiende a toda la ciudad, que tampoco es taaaaaaaaan grande. Entonces no puedo dejar de pensar en el espacio y relego las cuestiones temporales por un rato. Resulta que a pocas cuadras, escasos metros, alguien se acaba de tirar del balcón de un edificio, desde uno de los últimos pisos, ante la mirada de incredulidad de un puñado de personas, una de las cuales filmó todo desde su celular. Además, a unos cientos de kilómetros, un tipo descargó una serie de balazos contra otro que iba caminando por una de las plazas más importantes de esa ciudad. Los detalles los ahorro, son comidilla del 100% de los medios de (in)comunicación del país. Las crudas imágenes se repiten desde la mañana en cadena nacional, no hay forma de escapar.

¿Y qué pasa con la sensibilidad hoy día? Son dos episodios horripilantes, que fueron tomados por las cámaras y que al verlos tantas veces y en tan mala calidad de imagen casi que pierden un poco el efecto. Y no es que seamos insensibles, me niego a creer eso, pero a lo mejor estamos saturados de imágenes del horror. Y como no es mi intención seguir en eso, termina acá ese repaso ineludible de dos escenas terribles de una serie malísima que es la realidad del país en estos días.

¿Y qué pasa con la sensibilidad hoy día? Voy a utilizar un mecanismo que funciona a la perfección en el arte de Yoko Ono, voy a utilizar alguna de sus consignas, de eso que ella llama arte conceptual, ese mismo que expresa el título de la nota. Y lo tomo directo del documental que quiero recomendar el día de hoy. En una de sus partes, el mismo John Lennon nos cuenta qué fue lo que le atrajo de Yoko en un primer momento. La historia es archi conocida, pero es la primera vez que creo entenderla. Resulta que John, todavía Beatle aunque con depresión crónica, cae a la muestra de la artista japonesa y queda impactado por una instalación que ofrece una larga escalera, que permite llegar hasta el techo donde hay estampada una muy diminuta palabra que solo puede ser descubierta llegando al tope y observando con una lupa, todo con mucho esfuerzo. Y dice John, más o menos, “si la palabra hubiese sido cualquier otra, yo me hubiese ido de la muestra en ese instante. Pero yo leí un “SI”, y eso era algo positivo”. En este documental, que se llama John & Yoko: Above Us Only Sky, hay varias perlitas que ayudan a acercarnos a la propuesta artística de Yoko, y por eso lo rescato. Sí que el centro es la grabación del disco Imagine (1971) y la figura de Lennon, y que los que apoyan las imágenes con declaraciones actuales son en su mayoría los músicos, fotógrafos, amigos y el propio hijo mayor del Beatle. Pero lo más interesante, insisto, son los momentos en los que se filtra la figura de Yoko, y sobre todo su arte. Ella misma aparece reporteada en la actualidad, pero sus intervenciones son muy breves. Y está esa anécdota iniciática, de la que sería su profesión y su estilo de arte conceptual para siempre. Siendo pequeña, apenas cuatro años, Yoko imaginaba que en todo el mundo (su visión fue siempre tan abarcativa como lo propone en la canción que da nombre al disco de John) se podrían partir las semillas al medio, para luego mezclarlas y formar semillas híbridas, que permitirían el nacimiento de plantas y frutos inimaginables, como un pino del que brotan manzanas “Qué diferente sería el mundo ¿no?” Con ese arte del extrañamiento es que Yoko soportó el sufrimiento de los bombardeos a su pueblo durante la segunda guerra mundial y encaró la campaña por la paz junto a Lennon, contra la guerra de Vietnam. En esa oportunidad decidió colocar gigantescos carteles en los lugares céntricos de las principales capitales del mundo. Los mismos debían tener solo dos colores, el fondo blanco (la superposición de todos los colores) y las letras en negro (la ausencia de luz) para resaltar sobre el resto de la cartelería publicitaria mucho más rimbombante y colorinche. La frase estampada, por supuesto, fue la inmortal consigna WAR IS OVER if you want it.

Y no es que la cosa funcione así. No resulta tan sencillo que algo cambie porque uno simplemente así lo quiere. Pero lo que resulta de esta intervención artística, lo que resulta de la propuesta de Yoko, es que genera una inquietud, una incomodidad agradable, porque tiene todo de simpleza y esperanza.

La guerra se termina, si vos querés: lo primero que pienso es que este tipo de utopías son bobadas casi sin sentido, panfletos bastante inocentes o del todo inocentes. El mundo no funciona así, etc. Pasada la indignación (ayudada por el recuerdo de los pasajes en el documental en los que Yoko pega gritos mientras John toca la guitarra) uno vuelve sobre la propuesta, porque no deja de ser eso. Entonces ahí es donde uno empieza a entender al Lennon que encontró el mensaje en medio del caos de su vida como Beatle. Insisto, está lloviendo en el barrio Rivadavia, hoy fui al trabajo en bicicleta y casi me tiran a la mierda dos coches, en todas las teles ví como un tipo asesinó a otro a los tiros, en los celulares no dejó de reproducirse el video de una persona que se suicidó arrojándose del balcón de un edificio céntrico de la ciudad (in)feliz. Tal vez lo que necesite será poner a trabajar más fuerte mi imaginación, para sacar las cosas buenas que pongan la balanza un poco más pareja. Entonces la guerra termina, termina. Y también es posible hacer un pozo pequeño en la tierra, en el patio de mi casa cuando era niño, para esperar que alguna gota de nube caiga allí y me quede la sensación de que el cielo está en todas direcciones, de que cada vez que salgo por las mañanas a cumplir con la rutina de supervivencia, en realidad estoy flotando, estamos flotando…no entiendo por qué estás tan mal…Imaginá que mañana vamos a flotar juntos todo el día…si vos querés…

 

Para completar la nota les recomiendo la lectura completa y dejo dos de las instrucciones de libro de Yoko, Pomelo: un libro de instrucciones de Yoko Ono (1964)

«PIEZA GRABADA I

Pieza de piedra.

Grabar el sonido de una piedra envejeciendo.

 

PIEZA GRABADA II

Pieza de habitación

Grabar el sonido de la habitación respirando.

1) al amanecer

2) a la mañana

3) a la tarde

4) a la noche

5) antes del amanecer

Asimismo embotellar el olor de la habitación a esas determinadas horas…

PIEZA GRABADA IV

Pieza de movimiento

Registrar el sonido de las estrellas

moviéndose.

No escuchar la grabación.

Cortarla y dar los pedazos a la gente

en la calle.

O venderlos a precio muy moderado.

Otoño 1963″…

 

Pero podría / debería ser otoño de 2019, en el barrio Rivadavia. Tratando de atrapar entre las manos un poquito de esperanza.

*El documental lo podés ver por cualquiera de esas páginas de internet que te aparecen con solo un click. Caso contrario, también lo tiene la plataforma de la N roja.

**Te dejo uno de los temas más lindos del disco en cuestión (que es un clásico y por eso está demás hacer la recomendación) y un saludo afectuoso. Nos vemos la semana que se viene…

***Este tema me parece el mejor del disco, sí, porque la melodía está bien arriba, es divertida y choca de frente con la letra que es un bajón total…

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Carta para vos ¡Sí, leíste bien! para vos

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Queridx amigx:

¿Cuánto hace que no te escribían una carta? Y no te digo una de esas de tipo legal, que no son cartas en rigor, o sí, pero son como hojas llenas de letras muertas que empiezan con un súper congelante: “Me dirijo a usted…”. Te confieso que casi arranco con esa frase invernal, porque la verdad que la pregunta más certera sería la siguiente, y es para mí: ¿Cuánto hace que no escribís una carta? No me acuerdo, sinceramente (sic), cuándo fue la última vez que me atreví a escribir una carta, que no es un hecho fútil o vacío. Por el contrario, resulta una acción que yo llamaría “revolucionaria” – con las comillas y recaudos que merece esa palabra, alguno me tiraría con la zapatilla en este punto. – Ahora, digo, pregunto, indago ¿cuáles son las palabras que debería usar? No me acuerdo. Tanto escribir en chats de redes sociales o en “publicaciones” al voleo, apurado y sin destinatario preciso, que me olvidé qué palabras poner en una carta. Porque la carta tiene eso, va dirigida a alguien, tiene una/une/un destinatario/a/e definida/e/a.

Yo hoy elijo escribirte a vos y no hay nada ni nadie más en el mundo que importe. De esto sí tengo memoria, entre las cosas que se escriben en una carta hay algo fundamental: debería empezar a contarte sobre mi propia vida ¿Te acordás de aquella pareja que tenía, o aquel laburo tan bien pago o aquel sillón cómodo que compartimos una tarde de…? habrá sido invierno, porque hacía un frío terrible ¿te acordarás? Bueno, ya nada de eso queda y estuve triste. Pero no te pongas mal, como el invierno, las cosas pasan y uno se va acostumbrando y vuelve a empezar, porque de eso estamos hechos, de pedazos de cosas que van pasando y nos marcan, pero nos constituyen para estar completos siempre. Y solos, también. Y será por eso que hoy tenía ganas de escribirte esta carta.

Otra cosa, la carta, por lo general, uno la escribe en tinta, con lapicera y un pedazo de papel. También hay que molestarse en ir por un sobre y la estampa y eso…Bueno, a pesar de que estoy pasándola en la compu, sí que lo hice, ¡SI! Todos los pasos, como siempre se redactó y envió una carta. ¿Nostálgico yo? Bueno, qué te puedo decir, vos me conocés bien. Y acá va la confesión, que no quiere ser para nada snob. Vos sabés que en el barrio Rivadavia es ridículo y totalmente al pedo pasar por snob – en cualquier barrio de la ciudad, la verdad, el snobismo es una cagada-. Se me vino la idea de escribirte una carta gracias a Silvina Ocampo. Mejor dicho, al libro sobre la “etcétera de la familia Ocampo**” que escribió Mariana Henríquez hace una par de años, y que retrata / recorre la vida de esta tan genial como extraña escritora argentina. Resulta que, entre la cantidad de escritos, documentos y notas que utiliza la siempre copada Mariana Henríquez – y repito el nombre para que te quede en claro que la intención final de todo esto es que leas el libro que se llama La hermana menor– hay unos versos que le escribe Silvina a su hermana mayor Victoria, pero a modo de homenaje/recuerdo, a pocos años de su fallecimiento. Y otra confesión: lloré. Te lo digo de posta, me hicieron llorar esas cartas nunca concretadas de Silvina a su hermana fallecida. ¿Habrá algo más cruel y lejano que un cajón? En fin, lo quería compartir con vos, pero no en una de esas publicaciones de red social o por watsapp, esos no lugares que compartimos y que están llenos de un montón de información toda mezclada y puesta al mismo nivel y que es consumida con el mismo distanciamiento. Y eso es algo que reivindico de la carta, derriba murallas sentimentales, es un canal directo de emociones, somos vos y yo puestos al mismo nivel, marchando juntos con las palabras, sin ningún otra intención que la de comunicarnos cosas, en su mayoría de esas que vienen bien de adentro. Puede ser que mi interpretación sea romántica. Si es así, en buena hora, en buena época, en un buen día gris de otoño – no podía ser de otra forma-.

Sé que tenés un toco de problemas, que tu vida se complicó estos años, que nos distanciamos un poco, que ya no frecuentamos esos lugares que nos identifican, que a lo mejor no escuchamos la misma música, también sé que nos fuimos del barrio hace tiempo y que a veces volvemos pero siempre en días distintos. También sé que a veces quisieras saber de mí tanto como yo de vos y que los domingos a la tarde nos hermanan. Y sí que el mundo está bien jodido, que como dice Zizek – y lo parafraseo no por puro snobismo, otra vez aclaro, sino porque el tipo me cae bien y me gustaría que a vos también – estamos en un túnel y vemos una luz, que no es más que otro tren que nos va a hacer tan mierda como el primero. Sé que no nos quedaron marxistas en pie en el barrio y que lo que tenemos es un grupo de tecnócratas acomodaticios, con sed de gloria, y que les trabajadores somos interpelades como meros consumidores de cosas, y que transformar el mundo será siempre interpretado como una utopía propia de necias/os/es. No sigo, no quiero abusar de tu paciencia, porque es verdad que hace tiempo que la comunicación entre las personas se redujo a unos cuantos caracteres, y que si te pasás de lo estipulado mucho mejor sería grabar un audio o un video para que sea más fácil de digerir. Es que nunca hay tiempo suficiente para ser humanos, a lo sumo tenemos espacio para ver algo en Netflix y tomar una cerveza. Bueno, eso nada más, te dejo un abrazo muuuuy grande, te digo que te extraño y que extrañaba comunicarme con vos así, con tiempo, con nuestras palabras, eso que nos identifica y nos acerca. Claro, no te desesperes, te dejo acá al final los versos de Silvina Ocampo. No te pido que llores, solo que te dejes llevar un poquito por eso que tanto me gusta de vos. Y si en una de esas te dan ganas de escribirme una carta, sabé que siempre la voy a estar esperando, nos es bueno que la dejes sepultada en algún cajón.

 

Con todo el cariño y amor que te tengo y te voy a tener siempre…

(Juan)

 

*Poema de Silvina Ocampo a su hermana Victoria, tres años después de su muerte:

 

COMO SIEMPRE

Tengo los cajones llenos de cartas

que nunca te mandé.

Pero ahora como un castigo

de no haberte mandado

las que podía mandarte

no encontré tu dirección…

No la encontré en ninguna parte.

Te digo la verdad.

Y me contestarías

– Como siempre…

no me ofendería

no tengo tu dirección ahora tampoco.

 

**: “Silvina es la menor de seis hermanas, sus padres están cansados de criar hijas. Años más tarde, ella dirá que se sentía como el etcétera de la familia”. El fragmento entrecomillado y el poema fueron extraídos literalmente del libro de Mariana Henríquez: La hermana menor, un retrato de Silvina Ocampo.

 

*CONTACTO: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar (acepto emails también)

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