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Opinión

La poética reptil en su etapa más salvaje

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Por Juan M Penino

 

Sombra terrible de Cuentrao voy a evocarte, para que sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo! Tú posees el secreto: revélanoslo.

*(Casi) Todo el fragmento corresponde a Sarmiento, de Facundo, civilización y barbarie.

 

Verdad es que más que escribir una nota lo que tengo ganas de hacer es catarsis. Por una semana dejo un poco de lado la investigación sobre el poeta nazi que supo habitar el Barrio Rivadavia, y que lleva como nombre Adolfo, como apellido infame Cuentrao y como apodo lamentable “Tino”. Adelanto que hay mucho más material sobre sus andanzas y prematura muerte, y prometo un par de sus versos en el cuerpo de este engendro que comienzo, a horas del comienzo de algún que otro partido de fútbol, de alguna copa que no viene al caso. Pensar que Cuentrao sabía perfectamente la importancia del fútbol en la política y que fue el pionero al afirmar que Argentina algún día iba a tener un presidente futbolista, o a lo mejor un cantante de rock. Y, agregaba, lo peor de todo es que «va a ser de los nuestros, lo que pone en riesgo la transformación hacia la derecha necesaria». Porque, aunque era un ser despreciable, tal vez de los más despreciables que vio la ciudad, sabía que un político relacionado al fútbol era un problema tenga el pensamiento que tenga. En fin, tampoco es mi intención cargar tintas contra el actual presidente de la nación, para eso está él mismo, y lo hace perfecto. En estos días se cumplieron varios de los más fuertes designios del actual gobierno macrista:

  • La Feria de empleo “Conectamos trabajo”, funcionó a la perfección según sus principales forjadores. Es que hubo una cantidad inmensa de mano de obra regalada para calmar la codicia del empresariado vampírico. Y no hubo ningún tipo de disimulo, el pro-yecto funciona a la perfección. Cito, y esta frase de verdad la dijo un importante dirigente del gobierno provincial Pro: “La feria de hoy es la síntesis de una política que se viene trabajando”. A confesión de parte… También se festejó la organización, la simbiosis entre el Estado y el sector privado- empresarial. Cito nuevamente a la gente de la Orga Pro: “Una articulación entre lo público y lo privado para lograr esta gran organización”. Otro legado de estos tiempos de globos amarillos: la fusión entre lo público y lo privado, una danza de sedientos empresarios que de repente toman el Estado y lo transforman en una sucursal de sus negocios. Y no mucho más pasa…La gente va a sobrevivir, según calculan en cómputos realizados en planillas de Excel.
  • El FMI y su regreso, totalmente aceitado y disfrazado como salida única a una crisis que inventó de la nada y que ahora se ocupa de alimentar ese mismo Estado / Empresa tomado por sus CEOS, todos grandes jugadores en materia de finanzas, lavado, blanqueo y trampas al fisco. Offshore! Y elemental. La rueda que mueve este sistema perverso se completa con la represión a la protesta social, sindicada como un grupo de opositores que solo se dedican a poner palos en la rueda…Y que se robaron todo, aunque ahora no tengan nada, ni para cocinar un puchero. Pero sí, el FMI es más argentino que su propio pueblo, es digno de ser defendido porque mire…nos ayudó tantas veces…¿O no se acuerdan aquella oportunidad en la que con la plata que nos prestó el Fondo, con su gran humanismo – esa palabra, me parece, que nunca la escuché en boca de ningún enviade – pudimos salir de la crisis…Ah! No, perdón, me equivoqué, estaba repasando la historia de otros países… Tampoco, perdón otra vez, creo que tengo que chequear un poco más la historia.
  • Y ahora volvió la oficina del FMI al Banco Central argento. ¡Qué bueno es dar buenas noticias! Tranquilos, tranquilas, tranquiles que el que está de encargado viene de Jamaica, y mientras hace los negocios que les conviene a los integrantes de su secta financiera escucha Bob Marly and The Wailers, mientras se fuma un porro con los billetes de Evita enrollados. Es que son de mejor calidad que los que se imprimen ahora…¿Cómo que ya no se imprimen más pesos argentos? ¿Y para qué carajos tenemos moneda propia? ¿Propia? ¿Propio? Habrá que ver si al final del camino Pro nos queda algo propio. Estaría mejor que repriman, de vez en cuando y como para variar, a los enviados del FMI, pido que pase una sola vez en la historia y ya. ¿Qué soy violento y promuevo la violencia? ¿Yo, en serio? ¿Un cero a la izquierda en la historia, un vecine del Barrio Rivadavia de Mar del Plata, que se toma una birra del chino mientras escribe dos o tres boludeces que no interesan a nadie? Olvidate, siempre fui un pobre chichi pío y así está bien.

Claro que hay que invocar al a sombra terrible de Cuentrao, ese poeta nazi, que tal vez nació en Misiones, tal vez en Foz do Iguaçu, da igual. Porque sus versos se colaron tanto en el inconsciente colectivo de toda la población, que podría haber venido de otro planeta donde son conscientes del poder del lenguaje, donde la poética reptil ya había sido trabajada, explorada y reinventada para lograr el máximo control social…Sí, ese sueño del Cuentrao joven, el soñador, el de la primera etapa, el que llegara a escribir exultante:

 

La horda de cabecitas negras no debe ser interpretada como un apocalipsis

No es más que el nacimiento de la grieta, que no parará de crecer

Años de sangre, bombas, suicidios y asesinatos

Que derivaran en el inexorable olvido de una población cínica

Preparada para imponer su voluntad inquebrantable

Preparada para volver esa horda en esclavitud nuevamente

Una horda necesaria en un primer momento,

Descartable después por su propia inercia histórica

Porque las hordas son siempre fáciles de confundir

En ese, el momento de los verdaderos espíritus superiores,

Los encargados de la higienización final,

Un día de sol naciente, en el que nuestra raza

Se levantará de cara al futuro

Para saludar al resto de las naciones

Y decir, finalmente, hemos vencido al impío

El texto pertenece a un peomario de juventud de Adolfo “Tino” Cuentrao, quien a los 18 años, ya había escrito su primer libro de versos: De regreso al sueño americano (¿1969/70?)Igual, repito, no era la intención seguir desarrollando la investigación sobre el poeta nazi Adolfo Cuentrao, pero es que haciendo un análisis rápido y de volea, sus versos parecen escapar a las hojas para hacerse carne viva en estos tiempos que duelen…¡Y cómo!

 

*Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar / Facebook: Juan Mnp

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Visita en la clínica

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Hay una ciudad en el aire,

Una ciudad casi invisible suspensa,

Cuyos vagos perfiles

Sobre la clara noche transparentan,

Como las rayas de agua en un pliego,

Su cristalización poliédrica.

Una ciudad tan lejana,

Que angustia con su absurda presencia

                                                    (Leopoldo Lugones “La blanca soledad”)

 

Había llegado a horario. En el mensaje de guasap estaba bien claro: “la terapia tiene horario de visita bien restringido, a la tarde, es de 19:30 a 20, no te cuelgues” Y no se había colgado, había estado pensando en su hermano de la vida todo el día, pasa que el momento de acercarse para verlo ahí, en ese lugar tan poco apropiado, lo tenía tenso y con miedo. ¿Miedo? Algo así, porque verlo en tan mal estado, a su hermano de la vida, era como verse a sí mismo en un espejo, y eso no sabía cómo iba a poder sobrellevarlo. Entró en la clínica, un guardia con cara de aburrimiento e indiferencia lo recibió y le señaló el lugar de espera para familiares y amigos de les enfermes. Era un reducto cuadrangular, con cinco hileras de seis sillas incómodas pegadas en continuado, apuntando todas hacia una pared, que tenía un cartel que rogaba silencio y respeto al horario de visita, y un televisor de cuarenta pulgadas, que pasaba partidos de tenis sobre polvo de ladrillo, de jugadores completamente ignotos. Reconoció a la mujer de su hermano de la vida, que estaba sentada esperando, con cara de cansancio y preocupación, el rostro de los que aguardan un cambio de suerte. La saludó y se sentó al lado. Ella le contó cómo iba la situación, lo que le había dicho el doctor, cómo seguía la evolución del paciente y cómo estaban de ánimo los dos. Él la contuvo como pudo, trató de darle todas las esperanzas sin saber qué estaba pasando a ciencia cierta. Cada rato quedaban en silencio mirando a los tenistas correr y patinar en el polvo del ladrillo de la televisión, devolviendo la pelotita amarilla de un lado al otro de la red. Él pensó que los tenistas sabían que los estaban viendo desde una sala de espera en una clínica, y que por eso sostenían constantemente rostros serios. Hasta los espectadores ponchados por las cámaras de la transmisión televisiva, parecían saber quiénes los miraban, porque apenas si hacían alguna mueca muy recatada, para mostrar algo de empatía para con alguna jugada bien resuelta. Era como estar en un teatro, pero directo en el escenario, toda una farsa montada para el momento del ingreso a la terapia intensiva. El ansiado y complejo instante llegó para él, las siete y media de la tarde. Fuera, ya no quedaba luz natural y los horizontes se habían perdido en opuestas direcciones, todos al mismo tiempo. El mar, con su ruido de espuma y sal, completaba la banda sonora del fin de la jornada en la ciudad (in)feliz. Se limpió las manos, como le habían indicado, con un recipiente de alcohol en gel. Se dirigió a la habitación donde estaba su hermano de la vida, pero alguien le interrumpió el camino, con una voz animada que rompió el silencio hospitalario:

  • ¡Juancito! ¿Qué hacés acá?

Se dio vuelta hacia la habitación 103. Allí reconoció a un viejo amigo, que hacía mucho no veía, y que estaba sentado en una camilla, conectado con unos cables a un aparato de esos de terapia intensiva. Lo saludó sin saber mucho cómo reaccionar. Le preguntó en voz baja por qué estaba ahí, y se enteró que ese viejo amigo había tenido un infarto, que el corazón le había fallado, que mucha mala sangre, que la ciudad se lo estaba devorando, que una tarde no aguantó, que fue demasiado para él ver muerto a su gato en la puerta de la casa. Él lo lamentó mucho y le explicó que estaba allí porque su hermano de la vida había enfermado.

  • ¿En serio? Mierda, somos una generación hecha pelota. Menos mal que vos, todavía, andás bien.

No supo qué decir. Pensó que su camino era el mismo, que estaba más cerca de lo que pensaba de estar tirado en una camilla conectado a los aparatos hospitalarios, rezando por poder ir al baño y cagar por sus propios medios, contando los minutos, como un preso, para que llegase la comida de la noche, el desayuno y el almuerzo.

Como sea, continuó hacia la habitación 105, donde aguardaba su hermano de la vida, con el alma y el cuerpo enfermos, cansados. Llegó a la puerta, que estaba cerrada, golpeó despacito y un hilo de voz casi desvanecida le respondió “pasá”. Asomó primero la cabeza, luego saludó con voz baja y suave. Metió el cuerpo entero en la habitación y se acercó a la cama, esquivando aparatos. Su hermano de la vida estaba allí, tratando con todas las fuerzas – que eran muy pocas – de dibujar una sonrisa en su rostro enflaquecido y empalidecido por la enfermedad. “Qué hacés pichón”, escuchó que lo saludaba como siempre. No estuvo seguro de que el saludo lo hubiese podido pronunciar entero, pero no hizo falta. Era su hermano de la vida, lo entendía con solo un gesto, un movimiento. El cuerpo del enfermo estaba como aplastado, como si la gravedad se aprovechase de la debilidad y fuese mucho más severa con él. Entre las sábanas asomaban los cables que conectaban al cuerpo con eso otro externo, esas máquinas inexpresivas, que no entendía. Tomó su mano y lo saludó otra vez, quiso sonreír, nunca supo si pudo. Comenzó a decir una catarata de pavadas, como para dar ánimo. Deseó que lo que quedaba de su energía se traspasase a su hermano de la vida, porque lo quería ver otra vez sonriendo con ganas, contando anécdotas, chistes, tomando una birra y jugando a la pelota. Todo lo que estaba tan lejos de la enfermedad, de los aparatos de terapia, de las sábanas blancas – tan blancas -, de la sala de espera, del guardia con cara larga, de las sillas incómodas, del partido de tenis en la tele, del alcohol en gel…

Repentinamente, el tiempo de visita se había terminado. Una madre despedía a su hija en la cama de al lado. La muchacha dormía por efecto de la morfina, había un dolor muy grande en el aire. Él contuvo un par de lágrimas que lo venían amenazando hacía días, no quería mostrarlas en ese momento, no debía. Volvió a tomar la mano de su hermano de la vida, le dijo que todo iba a salir bien y que se cuidara, que en unos meses estarían los dos brindando y hablando de River y del Muñeco Gallardo y de cualquier cosa, lo más alejados que pudieran de esa situación, que ya sería un vago recuerdo. Se refugiaron en el futuro, los dos. Él se fue, saludó a los demás visitantes y salió del espacio clínica rumbo a la parada del colectivo. Pensó en la ciudad, ya de noche. En sus habitantes que se le hacían cada vez más lejanos, en las luchas vanas por cualquier cosa, en el frío y los largos inviernos, en los desencuentros, en los viejos resentimientos, en el amor trunco, en la vida, en la muerte…Todo le pareció mentira, demasiado poco para ser realidad. Caminó por la costa al bajarse del micro. Contempló la blanca luna que se reflejaba en el mar, como nadando en la fría noche. No entendió tanta distancia, ¿por qué había aparecido? ¿Por qué sentía una lejanía tan grande con aquel lugar, con cada uno de sus espacios, con sus habitantes? Llegó al departamento exhausto. Antes de acostarse, chequeó en internet los resultados de los partidos de tenis del día, en el polvo de ladrillo. El tenista que se suponía que iba a ganar, lo había logrado en sets corridos: 6-3, 6-4, 6-2. En la foto, el ganador, apenas si sonreía.

 

*Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

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Personajes fantásticos y dónde encontrarlos

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Hay personajes que son imprescindibles en la historia, hay otros que bien podrían no estar. Esta semana en la ciudad (in)feliz reapareció uno de estos que se ubican en el segundo grupo. Hizo uno de esos comentarios desagradables que acostumbra a compartir con sus seres queridos, a los que tortura con su presencia todos los domingos en los almuerzos familiares. Y levantó polvareda, porque es así, les marplatenses más famoses son les que dicen las pavadas más extravagantes. Es la manera correcta de lanzarse a la arena pública: decir una boludez. Yo lo intento seguido y logro una repercusión interesante en el chino del Barrio Rivadavia, donde ya me conocen y saben que lo hago para tratar de llamar la atención, sacar alguna sonrisa y – con mucha suerte y viento a favor – un pequeñísimo descuento en algún producto, del insólito programa fantasma precios esenciales. Ahora vamos a la frase que utilizó el Dr. White para hacerse tristemente célebre esta semana, y alcanzar envergadura nacional en los diarios porteños: “¿No tenés obra social o te gastás la guita en choripanes?” Siendo Secretario de salud – y ser humano con dos dedos de frente -, la frase es desatinada y muy ofensiva para con el vecino al que agravió por una red social. Pero no es la intención de esta nota quedarse con el análisis de las pavadas que hace el Dr. en sus horas libres – imagino que desde ese genial consultorio que tiene en uno de los barrios más chetos de la ciudad – sino, más bien, repasar algunos personajes que tenemos como incorporados en la vida, pero que mejor sería que no. Lo primero, entonces, es advertir que en la ciudad, nuestra Twin Peaks, tenemos mejores voceros que Dr. White, que no nos representa para nada, aunque ocupe un cargo público en la actualidad. Hace tiempo, también había comparado a una mujer en situación de calle con un perro, en fin. Hasta acá con este personaje que sería mejor dar de baja esta temporada.

Otro de esos personajes, en este caso sería como uno de los más malos de la serie, es el deshonroso juez Hooft, eterno defensor de los peores criminales de la dictadura cívico militar, edición 1976 (la más sangrienta y cruel). Resulta que esta semana, el gobierno lo propuso como candidato a Juez Federal en la ciudad. Por suerte no hubo quórum, pero el solo hecho de que lo sigan apuntando para un cargo tan importante, bueno, habla a las claras de que hay guionistas de los peores ocupando la Casa Rosada.

Y como si fuera poco, la realidad se impone a la ficción. Esta semana se estrenó la tercera temporada de El cuento de la criada, esa distopía en tono feminista que creara la genial escritora canadiense Margaret Atwood en 1985, y que recién ahora consigue el merecido reconocimiento. Pero lo sucedido en la Capital del país no tiene que ver con la oscura y súper nazi Gilead imaginada por Margaret en su novela, sino con nuestra Argentina de hoy. Resulta que también esta semana, comenzó el juicio contra una mujer acusada de haber besado a su novia en la estación de Constitución, o sea castigada por ser lesbiana. Justo en la semana de la marcha de “Ni una menos”, la marcha que nos interpela como sociedad para que hagamos el esfuerzo necesario por ser mejores humanes, más comprensives, más amables, menos ortivas y asesinos. Pero bueno, todavía hay que enfrentar estas injusticias. Recomiendo poner la lupa sobre esta tercera temporada de El cuento de la criada y evaporar los prejuicios de nuestros cuerpos y corazones.

Toda serie tiene su institución maldita, o debería tenerla. En nuestro caso no hay duda de que es el Fondo Monetario Internacional, que opera (ya no tanto) desde las sombras como el mal mayor, quien retiene el máximo poder en el país. Pero hay personajes importantes en la serie nuestra de cada día, que todavía no se dan cuenta de cómo debería ser una buena cooperación de un organismo internacional. Para elles van estos siguientes puntos a considerar: 1) Cuando no pretenden dirigir y controlar el proceso 2) Trabajan con equipos de la propia nación a la que ayudan 3) El objetivo es que el país “ayudado” sea el que construya la propuesta 4) Asume que el proyecto es del país 5) Deja capacidades instaladas 6) Da ejemplos de aquello que predica 7) Mantiene perfil bajo y baja visibilidad 8) Rinde cuentas ante el país al que está ayudando 9) Se responsabiliza de sus errores, aprende y se rectifica 10) Coopera para el desarrollo del país 11) Trabaja expresamente para volverse prescindible, no para perpetuar la dependencia. Estos puntos no los inventé yo, sino que los tomo de Rosa María Torres, una pedagoga, lingüista, comunicadora y activista social ecuatoriana. Ahora, preguntémonos juntos ¿Cuántos de estos puntos de buena cooperación internacional cumple el FMI? Insisto, gran villano de nuestra serie diaria.

Hay algo que me gusta mucho, casi como a todo el mundo, y es ver series de suspenso. Sobre todo, las que más consumo son las que tienen a un pueblo o pequeña ciudad como protagonista. La insuperable para mí es Twin Peaks, pero ya la ví demasiadas veces, tengo que seguir adelante. Ahora, me estoy poniendo al día con otra que se llama Riverdale, que tiene un tono parecido a la icónica serie de David Lynch, pero que es un poco más goma, más adolescente. Sin embargo, está esa misma cuestión del territorio maldito, el lugar tranquilo donde uno habita y que pensó que era el más seguro del mundo, que esconde cosas que mejor no querría saber. Entonces hay historias oscuras, seres horripilantes que aniquilan la idea de lugar perfecto, que destruyen la inocencia de les adolescentes, que se van volviendo tan oscuros como el bosque y el río que siempre están bordeando al pueblo y esconden algún cadáver. Primero les inocentes pibes se pierden en peleas bobas de secundaria yanqui, uno de ellos muere asesinado, después se empiezan a enterar de los secretos tremendos de sus padres, luego pasan a investigar crímenes y a ponerse en peligro, para después volverse cómplices e instigadores de todo eso oscuro que les amenazaba en un principio. Y en eso estaba, el miércoles por la noche, con un poco de frío en el Bernardino Rivadavia, y el nuevo video de Bándalos chinos de fondo – que dejo al final de la nota, para que vean qué onda – y una birra siempre al lado, con todas estas cosas en la cabeza, pensando que un poco todos los terruños son así, todos los lugares tienen sus personajes y sus historias ocultas. Nosotres, como en las series, empezamos bien inocentes y aferrados a creencias y costumbres que después, inevitablemente, se irán transformando. Se entiende y es así y no necesariamente todo cambio es malo. Pero debemos ser conscientes de ese lado que no nos gusta, y que siempre va a estar ahí, conviviendo con nosotres, encarnado en esos personajes que por desgracia son más reales que cualquier intento imaginativo de guionista de Netflix.

Hoy terminamos el episodio acá, con un avance para el que viene: habrá buenas noticias de un viejo amigo, habrá historias de hospital y algún análisis político sobre las encuestas y demás cuestiones. Seguiremos recomendando cosas, leyendo y compartiendo poesía. Todo, por supuesto, desde el cruce de las veredas en Francia y Castelli, en pleno otoño, esperando por el invierno esclarecedor…

*Una recomendación más: el sábado 8 de junio a las 17 hs, en el Espacio Cultural Bronzini (Rivadavia 3422), la escritora marplatense María José Sánchez presenta su tercer libro de poesía «Que venga». Quedan todes invitades a pasar un lindo momento con la autora y sus versos.

*Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

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Opinión

Cuatro relatos, un poema y algunas observaciones desde el barrio

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Si nos vamos a dejar llevar por el mercado y sus caminos con auspicio, estamos condenados a la muerte cultural. Algo así, palabra más palabra menos, escuché decir a alguien, el otro día, en el supermercado. ¿No me creés? Está bien, pero puede ser que te pase algo similar en cualquier instante de tu vida, si prestás atención. No todo sucede por las aplicaciones del celular, esa es otra de esas verdades barriales que también llegó a mis oídos, directo desde la vereda de alguna calle en el barrio Bernardino Rivadavia. Obvio que hay un montón de otras frases que sí son intranscribibles, como esta: «andate a cagar gato, que te chupe la pija tu viejo». En definitiva, no hay jerarquía y todas las voces nos conforman. Y cuando hilvanamos varias frases juntas, con un sentido argumental, tenemos lo que yo llamaría una historia. Y si estamos parados en la esquina de Francia y Castelli, una fría tarde de otoño en la ciudad de Mar del Plata / Batán, bueno, podemos decir que hay un pedacito de identidad, que forma parte de la cultura, que vale la pena intentar contarla por el solo hecho de que algunas voces cercanas se escuchen, un cachito más al menos:

  • Un joven se acerca a la playa para observar el mar. No aguanta las ganas de surfear, pero no hay una puta ola. Un viejo lo advierte, sale de la casilla de guardavidas, que es su casa en invierno, y le pregunta si no le podría dar un paquete de algo: yerba, fideos, lo que sea. Se conocen de vista, de habitar el mismo territorio. El joven lo saluda y le dice que sí, que tiene un paquete de yerba, que en cinco minutos se lo alcanza, vive cerca. Cuando regresa, el viejo lo espera sentado en la arena. La postal es otoñal y muy solitaria. Mucha gente pasa caminando por arriba, por la vereda, pocos se acercan a la arena, como si fuese suelo prohibido. El joven se sienta al lado del viejo, le da el paquete y le pregunta por qué vive en la playa, por qué no va a uno de esos centros para gente en situación de calle. El viejo no lo mira, sigue con su vista metida en el mar, le contesta que para qué, de qué le va a servir eso, si el desprecio va a seguir ahí carcomiendo su alma hasta que un buen día…

  • Una piba sale del cine en el intervalo, acaba de ver una de esas películas de súper héroes y heroínas. Se va hasta el quiosquito, pide un café. La amiga la sigue detrás, le pregunta qué le pareció la película hasta ahí. Con el café en la mano, le contesta que una mierda, que siempre es la misma historia, que por más que haya extraterrestres y viajen por el universo entero resulta que siempre hablan yanqui, y hacen chistes como los yanquis y solucionan los problemas como los yanquis creen que solucionan los problemas. La amiga la mira con cara de fastidio, porque ve que no está dispuesta a relajarse un poco, ni en el cine. ¿Y quién te dijo que el cine sirve para dejar de ser humano?

  • Un tipo entra a robar en un comercio de barrio. Quien atiende le explica que no tiene dinero, que no vendió nada en toda la mañana. El tipo con el arma en la mano se lamenta, toma un par de cosas que imagina importantes, le sustrae el celular y se va. Los dos piensan que es un mal día en el barrio. ¡Me cago en Dios!

  • A lo lejos vienen andando en bicicleta dos personas mayores de cincuenta, por el camino asfáltico del parque Camet. Una le cuenta a la otra que hace añares, cuando tenía catorce más o menos, su padre lo llevaba allí a jugar a los juegos, cuando había juegos, y a montar a caballo. Era el único instante que recordaba de su infancia / adolescencia en el que veía a su padre feliz. No era un tipo muy comunicativo, pero qué se yo, cuando caminaba por el parque, como que la cara se le transformaba. Hasta parecía un buen tipo, te juro…. La otra persona que escuchó la historia, sin dejar de pedalear, se enterneció y contó la suya que, palabras más, palabras menos, dice así:

La llevaron dos hermanas, un mediodía de otoño.

Hacía frío, pero no había viento en la costa.

Bajaron a la playa, ella en el medio, asombrada,

apenas reparó en un hombre que venía delante,

que la miró soñando con alguna señal.

Ella estaba conmocionada, caían lágrimas de sus ojos.

El mar estaba ahí, más azulado que nunca.

Recordó su adolescencia pasada:

“Yo tenía catorce años, me acuerdo como si estuviese pasando ahora.

Él no me quería, pero cuando me llevaba a la playa

parecía el hombre más feliz del mundo.

Yo, corría tras las olas, con mi hermano más chico.

Parece la vida de otras personas, y es un recuerdo mío”

Las hermanas evitaron mirarla,

cualquier acontecimiento previo

a la vida en el monasterio

no tenía sentido para su mezquino Dios.

Pero ese vaivén de espuma azul y blanca,

la hizo recordar,

tuvo la certeza de que si existía un Dios,

estaba en la arena,

en el pasado,

con su recuerdo.

Lo demás, solo espuma estancada

en las escolleras, un mediodía

frío,

en la playa.

 

De alguna forma todos los relatos se unen porque, aunque no parezca, estamos juntes y somos iguales. Transitamos el mismo espacio, comprendemos los símbolos que sabemos manipular y formamos parte del mismo tiempo. Solo que, a veces, nos dejamos olvidar.

Para todo lo demás, están las industrias culturales.

 

Hoy escuchamos:

*Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

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