Connect with us

Opinión

La palabra maldita

Published

on

Hay palabras que, sofocadas, hablan más, precisamente por el sofoco  y el exilio

Gabriela Mistral

 

En las últimas semanas se han multiplicado las voces que se manifiestan contra la palabra maldita: revolución. O que le hacen mala publicidad. No es que yo me crea un versado en historia, ni mucho menos un semiólogo capaz de rastrear y ofrecer en pocas líneas un detalle etimológico del término. Ninguna de esas cosas van a pasar en la nota.  Sin embargo, no puedo dejar de advertir que hace un tiempo, desde los medios de comunicación- y cada vez con menos sutileza –, se está acentuando un discurso anti revolucionario que asquea ¿Y por qué será, me pregunto? En primer lugar, repasemos algunos ejemplos de esto que estoy diciendo:

  • Roma: La película mexicana, como ya todo el mundo sabe – óscares por medio –, cuenta la vida de una empleada doméstica y su relación con la familia burguesa para la que trabaja. Además de una historia con una carga emotiva muy fuerte, es una suerte de “homenaje” del director Alfonso Cuarón a la que fuera empleada de su familia durante su infancia en el barrio Roma, en Ciudad de México. Ahora bien, como el punto de vista es el de la empleada, varios críticos – por lo general todos hombres – de cine resaltan la ausencia del conflicto que debería existir a raíz de la lucha de clases. Por lo que aprovechan para pegarle a la izquierda progresista que “llora” porque en la película “los personajes de diferente clase social mantienen una relación de empatía y solidaridad, dejando enterrada la lucha de clases”. En tu cara, Marx ¿Cuál es la necesidad de hacer semejante lectura de una película que no se plantea como crítica a ningún espacio político? ¿Por qué hay críticos de cine que se dedican a despotricar contra la izquierda en estos tiempos?
  • Trotsky: Ahora pasamos al tema series televisivas. Hace un par de semanas, circuló por los medios escritos una “carta” firmada por intelectuales de todo el mundo, en donde se puntualizaban una serie de críticas a la producción rusa que repasa en clave ficcional la vida del revolucionario ruso. Entre otras cosas, acusan a la serie de manipular la Historia para desdibujar la imagen de Trotsky y de los bolcheviques, quienes impulsaron la revolución popular más importante del siglo XX. Pero no se quedan solo allí, sino que responsabilizan de tamaña desfiguración de la Historia al presidente Ruso, Vladimir Putin, quien detesta a la revolución tanto como ama los pasados zarista y estalinista de su país. Con auspicio evidente, estas cuestiones se pueden ver en las primeras escenas del primer capítulo, no se necesitan más que unos minutos para comprobar la idea motor de la serie: Trotsky es poco menos que el Pink de The Wall, una especie de dictador cruel, mentiroso y manipulador líder de masas, un delincuente encumbrado en el poder por exceso de ambición ¿Cómo no reaccionar o, al menos, sospechar de las intenciones de los hacedores de la serie y de su distribuidor: Netflix?
  • El feminismo: El movimiento más revolucionario del momento en nuestro país sin duda, que pone en jaque al patriarcado eterno, que tan cómodamente marchaba de la mano del neocapitalismo ¿Por qué atacar el movimiento en medios digitales, redes sociales y demás espacios populosos? ¿Con qué necesidad se editorializa tan encarnizadamente contra las referentes del feminismo? ¿Por qué transformar su lucha urgente en una ola de violencia e incomprensión que quedó plasmada y denigrada bajo el término “feminazi”?

En todos los casos la respuesta es una: miedo. La revolución fue, es y será temida por todos aquellos que detentan el poder, que forman parte de una estructura, un statu quo que quieren sostener, aunque las grandes mayorías de la población se hundan en la pobreza y la desesperación. Desde su perspectiva, hay que aceptar pacientemente el orden establecido por el patriarca celestial, y nada se puede hacer.

Estrategias

Entre las estrategias para intentar frenar la revolución, está generar una expectativa de “cambio”. Se le llama gatopardismo, o sea, cambiar las cosas para que nada cambie. Simular transformaciones, prometerlas, pero una vez llegado el momento de entrar en acción, quedarse solamente en las orillas de una tímida reforma ¿Y con eso alcanza? A las claras se ve que no, que las pálidas reformas de gobiernos que se dicen revolucionarios, no cambian con profundidad ninguna de las cuestiones que aquejan a la sociedad. Pero, por supuesto, las cosas son así y es imposible que sean de otra forma. Esa es la otra estrategia, el desánimo. Mantenernos a todes lo suficientemente frustrados como para que no podamos siquiera imaginar la palabra revolución.

Llevar las cuestiones al campo individual. Esta otra estrategia mantiene sectorizado y alejado a los diferentes reclamos, que tienen el mismo enemigo: La sociedad patriarcal neocapitalista.

¿Será que habrá que tener paciencia? Que se entienda que no estoy llamando al levantamiento armado, ni mucho menos a una lucha encarnizada entre hermanes. Todo lo contrario, porque también hay que aprender de la Historia, como diría Gabriela Mistral la palabra clave es: paz. Pero hay que preguntarse hasta cuándo, al menos, vamos a dejarnos dividir por aquellos que manejan los hilos del poder en el país, la región y el mundo. Dijo un obrero, un par de días atrás: “Hagan algo”. Pero no era al presidente que se lo decía.

Revolución es pensar las cosas de otra manera, para que todes podamos vivir más humanamente y en paz ¿Todas nuestras estructuras tienen que tener como premisa la verticalidad? ¿La libertad es tener la posibilidad de comprar cosas y consumir sin restricciones? ¿Por qué siento que hay mucha gente que tiene miedo de utilizar la palabra revolución? Y, sin embargo, sí es pertinente oír hablar de libre mercado y de un orden mundial prefabricado, que solo debe aceptarse sin ser cuestionado ¿Por qué todes actuamos como si nada, aún sabiendo que el Sistema en el que vivimos es inviable para la gran mayoría? Quiero decir, a menudo me pasa de hablar con gente con la que terminamos estando de acuerdo en que el mundo, así como va, está destinado al fracaso. Sin embargo, al otro día, nos volvemos a encontrar y seguimos actuando igual ¿Cómo quebrar esa inercia? Esa es la cuestión.

«Tengan ustedes coraje amigos míos», finalizaba su artículo Gabriela Mistral refiriéndose a la palabra «paz», que nosotros trocamos por «revolución», y que las hermanamos en las palabras de la poeta chilena: «Sigan ustedes nombrándola contra viento y marea, aunque se queden unos tres años sin amigos. El repudio es duro, la soledad suele producir algo así como el zumbido de oídos que se siente bajando a las grutas…O a las catacumbas ¡No importa, amigos, hay que seguir!»

*Alargamiento: Recomiendo ver, más que la serie, la película El asesinato de Tortsky, que también fue muy criticada en su momento por las izquierdas del mundo, debido a sus inexactitudes tendenciosas. Fue llamado el segundo asesinato de Tortsky. Luego de eso, sí recomiendo pegarle una miradita a la serie de Netflix – el que sería el tercer asesinato-, para que puedan comprobar qué tan mejor es la interpretación de Richard Burton, y cómo nos hacemos la cabeza con los mismos temas cada cincuenta años, mientras el mundo se cae a pedazos.

**Indignación: sentado en la vereda del monoambiente, en el barrio Rivadavia, después del laburo, pensaba en lo horripilante de la tortura que sufrió la nena de 11 años en Tucumán, luego de que fuese violada por la pareja de su abuela. Todo por obra y gracia de la sociedad patriarcal y del Gobierno, en consonancia con el poder judicial y la Iglesia. Como si los cuerpos de las niñas fuesen un bien público. Vuelvo a lo mismo, debemos revolucionar la sociedad, el gobierno, el poder judicial y la Iglesia, ya no quiero formar parte de eso…

Continue Reading
Click to comment

Deja un comentario

Opinión

Un poema para esta semana: Elegía del mar

Published

on

Lo que sigue a continuación es un poema, escrito íntegramente en el barrio Bernardino Rivadavia. Pero esta vez no lo pongo por escrito, sino que va recitado directo por mi. Entonces es algo así como una doble exposición y me gusta. Están las palabras y la lectura, dos instancias que se complementan y le dan sentido pleno a la poesía, en tiempos donde a lo mejor no es un género súper consumido. El nombre viene determinado por un tono triste que detecto – a partir de una caída y un golpe fuerte que me dí surfeando- pero que a lo mejor no termino de compartir del todo. Después de escucharlo un par de veces me genera otro tipo de sentimientos, porque básicamente algunas de las imágenes que dibujan las palabras recuerdan la playa del barco hundido, uno de los lugares que más amo en el mundo. Y lo comparto en la página por algo que dice Yoko Ono en el documental que recomendé la semana pasada (y que sigo recomendando: «John & Yoko: Above us only sky) : Un poema puede ser hermoso, pero si no se comparte con otros es algo muerto. No creo que este poema sea hermoso y mucho menos mi voz recitándolo, pero ando con ganas de compartir lo que escribo. Claro que no tenés por qué escucharlo, pero te invito igual y acepto todo tipo de manifestación al email juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

Sin más, acá va el poema:

Continue Reading

Opinión

WAR IS OVER si seguís las instrucciones de Yoko

Published

on

Generalmente se coloca un reloj en el centro del escenario y se le pide al público que espere que suene el despertador

PIEZA DE RELOJ, Yoko Ono

 

Por algún extraño motivo – que yo considero una carambola del destino – cada vez que me pongo a escribir una nota llueve en el barrio. Claro que no es privativo del Rivadavia, esta tarde/noche lluviosa se extiende a toda la ciudad, que tampoco es taaaaaaaaan grande. Entonces no puedo dejar de pensar en el espacio y relego las cuestiones temporales por un rato. Resulta que a pocas cuadras, escasos metros, alguien se acaba de tirar del balcón de un edificio, desde uno de los últimos pisos, ante la mirada de incredulidad de un puñado de personas, una de las cuales filmó todo desde su celular. Además, a unos cientos de kilómetros, un tipo descargó una serie de balazos contra otro que iba caminando por una de las plazas más importantes de esa ciudad. Los detalles los ahorro, son comidilla del 100% de los medios de (in)comunicación del país. Las crudas imágenes se repiten desde la mañana en cadena nacional, no hay forma de escapar.

¿Y qué pasa con la sensibilidad hoy día? Son dos episodios horripilantes, que fueron tomados por las cámaras y que al verlos tantas veces y en tan mala calidad de imagen casi que pierden un poco el efecto. Y no es que seamos insensibles, me niego a creer eso, pero a lo mejor estamos saturados de imágenes del horror. Y como no es mi intención seguir en eso, termina acá ese repaso ineludible de dos escenas terribles de una serie malísima que es la realidad del país en estos días.

¿Y qué pasa con la sensibilidad hoy día? Voy a utilizar un mecanismo que funciona a la perfección en el arte de Yoko Ono, voy a utilizar alguna de sus consignas, de eso que ella llama arte conceptual, ese mismo que expresa el título de la nota. Y lo tomo directo del documental que quiero recomendar el día de hoy. En una de sus partes, el mismo John Lennon nos cuenta qué fue lo que le atrajo de Yoko en un primer momento. La historia es archi conocida, pero es la primera vez que creo entenderla. Resulta que John, todavía Beatle aunque con depresión crónica, cae a la muestra de la artista japonesa y queda impactado por una instalación que ofrece una larga escalera, que permite llegar hasta el techo donde hay estampada una muy diminuta palabra que solo puede ser descubierta llegando al tope y observando con una lupa, todo con mucho esfuerzo. Y dice John, más o menos, “si la palabra hubiese sido cualquier otra, yo me hubiese ido de la muestra en ese instante. Pero yo leí un “SI”, y eso era algo positivo”. En este documental, que se llama John & Yoko: Above Us Only Sky, hay varias perlitas que ayudan a acercarnos a la propuesta artística de Yoko, y por eso lo rescato. Sí que el centro es la grabación del disco Imagine (1971) y la figura de Lennon, y que los que apoyan las imágenes con declaraciones actuales son en su mayoría los músicos, fotógrafos, amigos y el propio hijo mayor del Beatle. Pero lo más interesante, insisto, son los momentos en los que se filtra la figura de Yoko, y sobre todo su arte. Ella misma aparece reporteada en la actualidad, pero sus intervenciones son muy breves. Y está esa anécdota iniciática, de la que sería su profesión y su estilo de arte conceptual para siempre. Siendo pequeña, apenas cuatro años, Yoko imaginaba que en todo el mundo (su visión fue siempre tan abarcativa como lo propone en la canción que da nombre al disco de John) se podrían partir las semillas al medio, para luego mezclarlas y formar semillas híbridas, que permitirían el nacimiento de plantas y frutos inimaginables, como un pino del que brotan manzanas “Qué diferente sería el mundo ¿no?” Con ese arte del extrañamiento es que Yoko soportó el sufrimiento de los bombardeos a su pueblo durante la segunda guerra mundial y encaró la campaña por la paz junto a Lennon, contra la guerra de Vietnam. En esa oportunidad decidió colocar gigantescos carteles en los lugares céntricos de las principales capitales del mundo. Los mismos debían tener solo dos colores, el fondo blanco (la superposición de todos los colores) y las letras en negro (la ausencia de luz) para resaltar sobre el resto de la cartelería publicitaria mucho más rimbombante y colorinche. La frase estampada, por supuesto, fue la inmortal consigna WAR IS OVER if you want it.

Y no es que la cosa funcione así. No resulta tan sencillo que algo cambie porque uno simplemente así lo quiere. Pero lo que resulta de esta intervención artística, lo que resulta de la propuesta de Yoko, es que genera una inquietud, una incomodidad agradable, porque tiene todo de simpleza y esperanza.

La guerra se termina, si vos querés: lo primero que pienso es que este tipo de utopías son bobadas casi sin sentido, panfletos bastante inocentes o del todo inocentes. El mundo no funciona así, etc. Pasada la indignación (ayudada por el recuerdo de los pasajes en el documental en los que Yoko pega gritos mientras John toca la guitarra) uno vuelve sobre la propuesta, porque no deja de ser eso. Entonces ahí es donde uno empieza a entender al Lennon que encontró el mensaje en medio del caos de su vida como Beatle. Insisto, está lloviendo en el barrio Rivadavia, hoy fui al trabajo en bicicleta y casi me tiran a la mierda dos coches, en todas las teles ví como un tipo asesinó a otro a los tiros, en los celulares no dejó de reproducirse el video de una persona que se suicidó arrojándose del balcón de un edificio céntrico de la ciudad (in)feliz. Tal vez lo que necesite será poner a trabajar más fuerte mi imaginación, para sacar las cosas buenas que pongan la balanza un poco más pareja. Entonces la guerra termina, termina. Y también es posible hacer un pozo pequeño en la tierra, en el patio de mi casa cuando era niño, para esperar que alguna gota de nube caiga allí y me quede la sensación de que el cielo está en todas direcciones, de que cada vez que salgo por las mañanas a cumplir con la rutina de supervivencia, en realidad estoy flotando, estamos flotando…no entiendo por qué estás tan mal…Imaginá que mañana vamos a flotar juntos todo el día…si vos querés…

 

Para completar la nota les recomiendo la lectura completa y dejo dos de las instrucciones de libro de Yoko, Pomelo: un libro de instrucciones de Yoko Ono (1964)

«PIEZA GRABADA I

Pieza de piedra.

Grabar el sonido de una piedra envejeciendo.

 

PIEZA GRABADA II

Pieza de habitación

Grabar el sonido de la habitación respirando.

1) al amanecer

2) a la mañana

3) a la tarde

4) a la noche

5) antes del amanecer

Asimismo embotellar el olor de la habitación a esas determinadas horas…

PIEZA GRABADA IV

Pieza de movimiento

Registrar el sonido de las estrellas

moviéndose.

No escuchar la grabación.

Cortarla y dar los pedazos a la gente

en la calle.

O venderlos a precio muy moderado.

Otoño 1963″…

 

Pero podría / debería ser otoño de 2019, en el barrio Rivadavia. Tratando de atrapar entre las manos un poquito de esperanza.

*El documental lo podés ver por cualquiera de esas páginas de internet que te aparecen con solo un click. Caso contrario, también lo tiene la plataforma de la N roja.

**Te dejo uno de los temas más lindos del disco en cuestión (que es un clásico y por eso está demás hacer la recomendación) y un saludo afectuoso. Nos vemos la semana que se viene…

***Este tema me parece el mejor del disco, sí, porque la melodía está bien arriba, es divertida y choca de frente con la letra que es un bajón total…

Continue Reading

Opinión

Carta para vos ¡Sí, leíste bien! para vos

Published

on

Queridx amigx:

¿Cuánto hace que no te escribían una carta? Y no te digo una de esas de tipo legal, que no son cartas en rigor, o sí, pero son como hojas llenas de letras muertas que empiezan con un súper congelante: “Me dirijo a usted…”. Te confieso que casi arranco con esa frase invernal, porque la verdad que la pregunta más certera sería la siguiente, y es para mí: ¿Cuánto hace que no escribís una carta? No me acuerdo, sinceramente (sic), cuándo fue la última vez que me atreví a escribir una carta, que no es un hecho fútil o vacío. Por el contrario, resulta una acción que yo llamaría “revolucionaria” – con las comillas y recaudos que merece esa palabra, alguno me tiraría con la zapatilla en este punto. – Ahora, digo, pregunto, indago ¿cuáles son las palabras que debería usar? No me acuerdo. Tanto escribir en chats de redes sociales o en “publicaciones” al voleo, apurado y sin destinatario preciso, que me olvidé qué palabras poner en una carta. Porque la carta tiene eso, va dirigida a alguien, tiene una/une/un destinatario/a/e definida/e/a.

Yo hoy elijo escribirte a vos y no hay nada ni nadie más en el mundo que importe. De esto sí tengo memoria, entre las cosas que se escriben en una carta hay algo fundamental: debería empezar a contarte sobre mi propia vida ¿Te acordás de aquella pareja que tenía, o aquel laburo tan bien pago o aquel sillón cómodo que compartimos una tarde de…? habrá sido invierno, porque hacía un frío terrible ¿te acordarás? Bueno, ya nada de eso queda y estuve triste. Pero no te pongas mal, como el invierno, las cosas pasan y uno se va acostumbrando y vuelve a empezar, porque de eso estamos hechos, de pedazos de cosas que van pasando y nos marcan, pero nos constituyen para estar completos siempre. Y solos, también. Y será por eso que hoy tenía ganas de escribirte esta carta.

Otra cosa, la carta, por lo general, uno la escribe en tinta, con lapicera y un pedazo de papel. También hay que molestarse en ir por un sobre y la estampa y eso…Bueno, a pesar de que estoy pasándola en la compu, sí que lo hice, ¡SI! Todos los pasos, como siempre se redactó y envió una carta. ¿Nostálgico yo? Bueno, qué te puedo decir, vos me conocés bien. Y acá va la confesión, que no quiere ser para nada snob. Vos sabés que en el barrio Rivadavia es ridículo y totalmente al pedo pasar por snob – en cualquier barrio de la ciudad, la verdad, el snobismo es una cagada-. Se me vino la idea de escribirte una carta gracias a Silvina Ocampo. Mejor dicho, al libro sobre la “etcétera de la familia Ocampo**” que escribió Mariana Henríquez hace una par de años, y que retrata / recorre la vida de esta tan genial como extraña escritora argentina. Resulta que, entre la cantidad de escritos, documentos y notas que utiliza la siempre copada Mariana Henríquez – y repito el nombre para que te quede en claro que la intención final de todo esto es que leas el libro que se llama La hermana menor– hay unos versos que le escribe Silvina a su hermana mayor Victoria, pero a modo de homenaje/recuerdo, a pocos años de su fallecimiento. Y otra confesión: lloré. Te lo digo de posta, me hicieron llorar esas cartas nunca concretadas de Silvina a su hermana fallecida. ¿Habrá algo más cruel y lejano que un cajón? En fin, lo quería compartir con vos, pero no en una de esas publicaciones de red social o por watsapp, esos no lugares que compartimos y que están llenos de un montón de información toda mezclada y puesta al mismo nivel y que es consumida con el mismo distanciamiento. Y eso es algo que reivindico de la carta, derriba murallas sentimentales, es un canal directo de emociones, somos vos y yo puestos al mismo nivel, marchando juntos con las palabras, sin ningún otra intención que la de comunicarnos cosas, en su mayoría de esas que vienen bien de adentro. Puede ser que mi interpretación sea romántica. Si es así, en buena hora, en buena época, en un buen día gris de otoño – no podía ser de otra forma-.

Sé que tenés un toco de problemas, que tu vida se complicó estos años, que nos distanciamos un poco, que ya no frecuentamos esos lugares que nos identifican, que a lo mejor no escuchamos la misma música, también sé que nos fuimos del barrio hace tiempo y que a veces volvemos pero siempre en días distintos. También sé que a veces quisieras saber de mí tanto como yo de vos y que los domingos a la tarde nos hermanan. Y sí que el mundo está bien jodido, que como dice Zizek – y lo parafraseo no por puro snobismo, otra vez aclaro, sino porque el tipo me cae bien y me gustaría que a vos también – estamos en un túnel y vemos una luz, que no es más que otro tren que nos va a hacer tan mierda como el primero. Sé que no nos quedaron marxistas en pie en el barrio y que lo que tenemos es un grupo de tecnócratas acomodaticios, con sed de gloria, y que les trabajadores somos interpelades como meros consumidores de cosas, y que transformar el mundo será siempre interpretado como una utopía propia de necias/os/es. No sigo, no quiero abusar de tu paciencia, porque es verdad que hace tiempo que la comunicación entre las personas se redujo a unos cuantos caracteres, y que si te pasás de lo estipulado mucho mejor sería grabar un audio o un video para que sea más fácil de digerir. Es que nunca hay tiempo suficiente para ser humanos, a lo sumo tenemos espacio para ver algo en Netflix y tomar una cerveza. Bueno, eso nada más, te dejo un abrazo muuuuy grande, te digo que te extraño y que extrañaba comunicarme con vos así, con tiempo, con nuestras palabras, eso que nos identifica y nos acerca. Claro, no te desesperes, te dejo acá al final los versos de Silvina Ocampo. No te pido que llores, solo que te dejes llevar un poquito por eso que tanto me gusta de vos. Y si en una de esas te dan ganas de escribirme una carta, sabé que siempre la voy a estar esperando, nos es bueno que la dejes sepultada en algún cajón.

 

Con todo el cariño y amor que te tengo y te voy a tener siempre…

(Juan)

 

*Poema de Silvina Ocampo a su hermana Victoria, tres años después de su muerte:

 

COMO SIEMPRE

Tengo los cajones llenos de cartas

que nunca te mandé.

Pero ahora como un castigo

de no haberte mandado

las que podía mandarte

no encontré tu dirección…

No la encontré en ninguna parte.

Te digo la verdad.

Y me contestarías

– Como siempre…

no me ofendería

no tengo tu dirección ahora tampoco.

 

**: “Silvina es la menor de seis hermanas, sus padres están cansados de criar hijas. Años más tarde, ella dirá que se sentía como el etcétera de la familia”. El fragmento entrecomillado y el poema fueron extraídos literalmente del libro de Mariana Henríquez: La hermana menor, un retrato de Silvina Ocampo.

 

*CONTACTO: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar (acepto emails también)

Continue Reading

Trending

Copyright © 2017 Zox News Theme. Theme by MVP Themes, powered by WordPress.