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33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata

La memoria

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Cuando la ausencia, el dolor y la falta de justicia se hacen presentes, las calles, los lugares, las almas quedan vacías, vacíos…vacío.

Es la trama que se reconstruye en el documental Las cruces, de les chilenes Teresa Arredondo y Carlos Vásquez, un episodio más en la oscura historia que comenzó en septiembre de 1975, a días del golpe militar contra el gobierno de Allende. Durante esas fatídicas jornadas para la humanidad entera, se perpetuó la desaparición de 19 trabajadores de una maderera, que luego sería recordada como la masacre de Laja y San Rosendo. Les directores recomponen la historia a partir de la lectura de testimonios y documentos de la investigación que comenzó a llevarse a cabo varios años después, a partir de testigos y carabineros arrepentidos. Mientras vemos las imágenes desoladoras de los lugares donde se produjeron las matanzas, somos atrapados por la lectura de los testimonios en las voces de familiares de las víctimas de la masacre. El sonido juega un papel fundamental, porque esas palabras cobran un peso enorme, permiten reconstruir los terribles sucesos y hacen sentir el dolor de la pérdida de un ser querido, lo que su ausencia deja en los lugares y en los espíritus. Luego están la búsqueda de justicia, la lucha contra el aparato estatal protector de la violencia institucional, aún hoy, aún con testimonios claros, aún habiendo hallado la fosa común, aún teniendo los huesos de las víctimas, aún sabiendo lo que un grupo de asesinos borrachos con uniforme militar hicieron. Quedan el vacío y las cruces, esas cruces que aparecen como testimonio, como protesta muda pero constante.

Se puede intentar ocultar la verdad,
se puede intentar borrar la memoria,

se puede intentar obstruir a la justicia,

se puede intentar…

Pero están las cruces, los familiares, sus recuerdos, su incansable lucha, lo que impide que el intento se pueda concretar.

Un documental potente y que no podría haberse hecho de otra manera. Las escenas vacías, las voces con los testimonios, los cuerpos ausentes, la falta de justicia, todo se ve y se siente en esta película fundamental para reconstruir memoria, verdad y justicia.

 

*Las cruces forma parte de la sección Competencia Latinoamericana.

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33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata

Recuerdos de la infancia

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Revisar en la memoria y el corazón de uno es volver, sin duda alguna, al tiempo de la infancia, el tiempo de la inocencia, el tiempo donde el mundo es una inmensa paleta de colores de la que se puede elegir cualquier opción, sin prejuicios, con una naturalidad que solo se tendrá en ese instante mágico de la vida. El director mexicano Alfonso Cuarón vuelve sobre su propia infancia en Roma, el barrio que habitó de chico en la ciudad de México y que le da nombre a su nueva película. Si bien el punto de vista no es el del niño, sino que la protagonista es Cleo – la empleada doméstica -, todo ese pasado en blanco y negro, esas escenas que son detalles al pasar de la vida, le pertenecen y las comparte combinando la ternura, el humor y el drama. Esencialmente se trata de un drama de época, una familia burguesa de la capital mexicana, compuesta por cuatro niños y una pareja de profesionales a punto de separarse, conviven con su empleada doméstica Cleo, quien también pasa por momentos muy turbulentos en su vida. Pero lo que más destaca de este largometraje son esos planos con detalles tan reconocibles, tan comunes y rutinarios que nos envuelven a todes les presentes. Hay escenas muy fuertes y sentimentales que hacen sensibilizar hasta el espectador más duro. Y no quiero adelantar nada porque la película se va a estrenar en la plataforma Netflix, la primera semana de diciembre. La multinacional fue quien permitió que el largometraje de Cuarón cerrara el 33º Festival Internacional de Cine. Por supuesto, la sola aparición de la N característica de la plataforma de series y películas on demand, produjo una silbatina generalizada. Pero, superado el momento de escrache, el plano detalle de las baldosas del garaje de la casa baldeadas con agua y algún producto de limpieza, nos ubicaron en ese lugar, la casa de la infancia, el ambiente donde se guardaba el auto, que también era refugio del perro, quien dejaba su escremento esparcido. Y Cleo tenía que baldear, no quedaba otra, y los niños corretear y jugar haciendo macanas, mientras el mundo adulto se encargaba de complicar las cosas, casi sin poderlo entender. Porque todos esos ingredientes tiene la vida, y esa velocidad. Pero lo más importante es ese abrazo del afiche, que se ve en las paradas de los colectivos de la ciudad, ese abrazo del alma, inmortalizado en la retina del que recuerda, un abrazo que resume el vínculo esencial de la familia. Por eso recomiendo la película de Cuarón y me parece que fue un cierre hermoso para la semana de películas festivaleras en las salas marplatenses.

*Claro que la proyección se produjo un día raro. Una mañana gris en la que todes nos enteramos de la aparición de los restos del submarino ARA San Juan. Una mezcla de sentimientos, el alivio y el dolor por las víctimas – las desaparecidas y sus familiares -, todas ellas sin consuelo y sin justicia hasta el día de hoy. Ojalá que en el futuro podamos acercarnos a la verdad,  es el deseo de todo un país y nuestro, por supuesto.

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33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata

El monstruo de la montaña

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La primera pregunta que dispara la película Muere, mosnstruo, muere ni bien finaliza es: ¿Qué acabo de ver? Por su estructura argumental, podríamos decir que se trata de un policial, un thriller, ya que tenemos una serie de asesinatos sin resolver con un patrón que se repite: las asesinadas son mujeres y todas por el mismo mecanismo, la decapitación. Pero con este último elemento empezamos a acercarnos al terror, al gore, a un largometraje de horror, porque su director, Alejandro Fadel, no escatima en escenas escatológicas y sangrientas. Volvemos a la teoría del policial, tenemos un detective, un policía rural, ni siquiera de pueblo sino más bien de desierto montañoso, porque los hechos suceden en un punto poco preciso de la cordillera mendocina. El personaje Cruz es un clásico de los policiales argentos, un policía bastante osco, sumiso, callado, pero con una sabiduría y un sexto sentido que parecen manar del mismo paisaje natural que lo fue formando. Pero con él, además, aparece un triángulo amoroso, la parte de drama romántico que es otra cuestión dentro de la misma película. ¿Entonces? Como para complicar aún más las cosas, después se suceden elementos que emparentarían a la película más con Alien que con cualquier otro referente del cine nacional. Y también está la crítica social por lo bajo, los temas del momento en nuestra sociedad: los femicidios, el machismo, la violencia de género. En definitiva, una apuesta muy original y arriesgada que arrojó resultados dispares en les espectadores.

*Dato: el director, que subió al escenario del Auditorium junto con su equipo de trabajo, dio su parecer acerca de lo que es para él hacer una película. Parafraseo su certera definición: “Para mí hacer una película es como ir de viaje”. Interesante comparación, como para tener en cuenta.

*Mientras escribo esta pequeña reseña me entero de los resultados que dio el jurado, en la gala de premiación que corona al 33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata/Batán y comienzo a pensar alguna que otra conclusión. La principal es que, desde mi manera de verlo, un festival es mucho más que la jornada de premiaciones. No digo que no sea importante por una cuestión de prestigio y de apoyo financiero para quienes realizaron las películas, pero como espectador no es lo que más me interesa. Es más, sinceramente, las segmentaciones tampoco son algo que me agraden. Cada historia que se cuenta en el modo en el que se hace es una sección en sí, no importa si es ficción, si es documental o el híbrido que fuese. Diría, mejor, que todas las películas entran en la categoría cine, que todas las películas tienen algo que contar, que todas las películas juegan con el sonido, la imagen y el lenguaje escrito, que todas las películas ponen en juego una mirada sobre el mundo y el momento histórico en el que fueron realizadas. Afortunados les marplatenses que, todavía, tenemos la posibilidad de disfrutar todos los años de un festival artístico tan interesante. Ojalá siga por mucho tiempo, ojalá que este gobierno gibarizador no termine por destruir la posibilidad de vincularnos a través del cine.

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33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata

Mi papá el represor

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La mirada de los hijos de los genocidas es un punto de vista relativamente novedoso dentro del cine nacional, por lo que El hijo del cazador tiene un valor muy interesante dentro de la filmografía de memoria, verdad y justicia Argentina. Estructurada como un documental donde la cámara toma el testimonio de vida de Luis Alberto Quijano, hijo del represor Luis Alberto Cayetano Quijano, juzgado por más de doscientos delitos cometidos durante la última dictadura militar, entre los que se le imputan 58 privaciones ilegítimas de la libertad agravadas, 154 imposiciones de tormentos agravados, 98 homicidios calificados, 5 imposiciones de tormentos seguidas de muerte y la sustracción de un menor de 10 años. El hijo del monstruo da su visión de los años en los que su padre lo obligaba, con apenas catorce años, a presenciar sus crímenes y a realizar tareas de apoyo en operativos y en el centro clandestino de detención La Perla, uno de los infiernos más recordados creado por la dictadura. La mayoría de las escenas lo muestran al hijo del represor mirando a cámara, en un plano que toma su rostro que resalta de un fondo totalmente negro, contando su verdad, exponiendo al padre del que, finalmente, renegó. También no ahorra en críticas hacia su madre, a quien acusa de haber sido una persona abyecta y despreciable.

Pero promediando la película, este personaje va dando indicios de tener una personalidad ambigua, hasta que comienza a descubrirse como un tipo más oscuro de lo esperado. Ese es el momento de quiebre en el film y el que comenzó a generar indignación en la mayoría de les espectadores presentes. El punto cúlmine, donde ya no hay retorno, se da cuando el hijo del genocida avala la teoría de los dos demonios, asegurando que en Argentina lo que hubo fue una guerra civil y no terrorismo de estado. Este vuelco dejó una sensación amarga en el público que, finalizada la proyección, comenzó a hacer catarsis reprochándole a los directores Germán Scelso y Federico Robles la forma utilizada para montar el documental.

En definitiva, la película resulta muy importante como registro de la visión del hijo de un genocida, una parte de la memoria que se está empezando a reconstruir hace poco tiempo en el país.

*Algún dato: Por lejos, esta película es la más polémica de las que me ha tocado presenciar.

*Las imágenes de los represores en el juicio de la megacausa La Perla me siguen generando un asco/miedo/odio/escozor que todavía no puedo controlar.

*Párrafo a parte para el testimonio de la mujer belorrusa, actualmente casada con el hijo del represor, quien con apenas unas palabras – sumado a lo no dicho – deja bien en claro el carácter ambiguo del protagonista. Una escena que me parece crucial para entender al personaje y, por ende, el documental.

  • La película se vuelve a proyectar el día viernes 15 de noviembre a las 16:20hs., en la sala número 1 de Los Gaitas.
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