Girar

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Por Juan M Penino

 

 

La vida es una cuestión de giros. O al menos así es como los llamo yo.

Un giro es una sorpresa. Como si te agarrasen de los hombros por detrás y te obligaran por la fuerza a girar, a volverte a mirar algo que para ti permanecía oculto hasta ese momento.

Un giro y nunca vuelves a ser el mismo. “Se me cayeron de los ojos unas como escamas.” Aunque todos los que te conocen jurarán que sigues siendo el mismo que (creen) que conocen.

Joyce Carol Oates “Un libro de mártires americanos”

Ya quisiera tener el tiempo suficiente para poder escribir una novela de ochocientas páginas como la de la escritora “eterna candidata” al Nobel, la neoyorkina Oates. También, claro está, querría tener la capacidad, la técnica y mucha fe en que los lectores de hoy tengan tamaña paciencia. Por eso es que me quedo en esta pequeña nota de opinión o lo que sea. De más está decir que no pienso hablar mucho más de la novela citada, ni de su autora – si cabe tal división -, cosas que recomiendo a todo el que quiera experimentar con una ficción interesantísima, producida por una de las grandes escritoras de estos tiempos. Este tipo de novelas intentan abarcarlo – casi – todo y transformarse en LA gran novela americana por excelencia. O sea, en esas ochocientas páginas, quienes se atrevan a la lectura se van a encontrar con un montón de personajes e historias que irán prefigurando un retrato del Estados Unidos de hoy, con sus polémicas y sus gigantescas contradicciones. En el corazón de la trama de esta novela ríodenominación que, comúnmente, se utiliza para encasillar a las novelas largas, que encierran múltiples historias que envuelven a personajes de diferentes generaciones de una misma familia, con temáticas que insisten y fluyen en el transcurso del relato-, subyace una reflexión sobre el aborto, la religión, el progresismo y la pena de muerte en el estado de Ohio.

En fin, hasta ahí la recomendación. A partir de acá, volvemos a la ciudad (in)feliz, al barrio Rivadavia y sus monótonas esquinas de domingo a la tarde, que bien podrían ser los cruces en las streets de Ohio. Porque justo el otro día, ese de la lluvia – siempre hay una caída fuerte de agua todas las semanas -, me encontré con un amigo que hacía mucho tiempo no veía. La verdad que por su aspecto, me imaginé que seguiría más o menos como siempre. No sé por qué, uno deja librado al aspecto cuestiones de otro orden, que no tienen nada que ver con la personalidad y los gustos de una persona. Por ejemplo, este amigo sigue ostentando el flequillo de toda la vida, el mismo peinado de siempre, el que usaba en la facultad. Al verlo igual, ahí, esa mata de pelo casi tan brillante como antaño, tapando su frente como siempre, pensé que habría escuchado el último disco de Charly García:

  • ¿Qué te pareció el nuevo disco de Charly?
  • ¿Te acordás cuando venían a casa con los pibes, poníamos Demasiado ego y nos fumábamos un porro y nos chupábamos no sé cuántas birras?
  • ¡Qué tiempos aquellos!
  • La verdad que no sabía que Charly había sacado un disco nuevo.
  • ¡Ah!

Ok. Giros. Cómo pararse frente a una situación como esa, en donde los códigos quedaron desfasados, ya no puedo comunicarme desde ahí, estamos en el aire. Bien, acá es cuando empieza a complicarse el asunto. Presumo que si continúo, si voy más lejos, me puedo llevar una sorpresa peor. Y no tengo muchas ganas, porque estoy un poco hinchado las bolas con la superpoblación de fachos que hay en el barrio. Eso. Sí, por ahí no tiene nada, pero nada que ver. Y por ahí sí. Porque parece que en la ciudad está de moda ser botón, ortiva y no escuchar a Charly García. Creo que son cosas que van de la mano. Pero eso son prejuicios, hablemos un poco más con este viejo amigo…

  • Che, ¿y cómo andás vos?
  • Y, la verdad que vengo un poco mal. Me quedé sin laburo la semana pasada y mi mujer se fue a la mierda, se la llevó otro chabón.
  • ¡Qué garrón! Igual, corte que tu mujer no es de nadie, ni de vos, ni de otra persona ¿no?
  • ¡Uh loco!, no me digás que vos también andás en esa del pañuelo verde.

Ahí lo tienen, otro indicio. Querría terminar acá la charla. Desearía que la charla hubiese terminado acá. Pero no, resulta que la cosa sigue, y se pone un poco peor. Yo, trato de ser un poco más concesivo, de última el tipo acaba de quedarse sin laburo, cosa que no justifica su actitud machirula, pero bueno…

  • Bueno, si me entero de algo te aviso. La cosa está re complicada en la ciudad. ¿Qué digo en la ciudad? En el país.
  • Sí, ni hablar. Igual algo voy a conseguir. Acá no labura el que no quiere, o no le conviene porque cobra planes. Por eso el país se fue a la mierda, mucho tiempo robando.

¿Qué? Giros. Pensar que este amigo era muy copado de más joven, en los primeros años de la facu. ¿Dónde quedó la casta de universitarios progresistas? Será que es más fácil – casi una tentación – crecer y volverse facho. No tengo idea, desconozco qué pudo haber pasado. ¿Seré yo el que no creció como debía? ¿el que no giró para donde debía?…

 

Y si es así, prefiero quedarme así,

porque el día que no escuche a Charly,

el día que me vuelva gorila,

el día que no me siente en la vereda a mirar el sol,

el día en que reniegue de mi pasado,

el día que pierda empatía por el ser humano,

el día que no marche junto al que es invisibilizado,

ese día será el día de mi muerte.

Ese día será el día del giro final.

Y cuando sea así, prefiero no volverte a cruzar.

 

Algo de eso giraba en mi cabeza, cuando volvía de hablar con el viejo amigo. Tenía el libro pesado de Oates en la mano, y todavía no había comenzado a leerlo. Pero, como casi siempre me pasa, cuando me pongo a leer y me entusiasmo, tiendo a unir caprichosamente las puntas de lazos que no tienen nada que ver. Supongo que esos son los giros de la lectura. Uno no sabe quién es cuando empieza a leer, se va construyendo con la narración, con la historia, con el lenguaje. En ese camino, giramos más de mil veces, para quedar, al final, suspendidos y con esa sensación de mareo existencial. Entonces todo se re-significa, como si nunca hubiesen existido el mundo y sus vicisitudes pasadas. Pero quedate tranqui, es algo que a la larga, se me pasa. Ojo, después me encuentro con otras personas, con otras historias, y todo vuelve a ponerse patas para arriba. De última, como dice Yoko Ono, todo el tiempo estamos flotando en el universo…

 

La rueda que mueve al mundo va a girar y girar(…)

(…)Y aunque el cielo se vuelva oscuro

Va a girar y girar

Aunque los chicos se mueran en tu puerta

Va a girar y girar

Aunque tu abuela junte cartones

Va a girar y girar

 

“La rueda que mueve al mundo”

Los espíritus

 

 

 

Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar / Facebook: Juan Mnp

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