Espejo negro

PUBLICIDAD

Por Juan M Penino

 

 

Es este mundo de locos y fascistas,

dime nena como puedo yo cambiarlo

Luis Alberto Spinetta, “Cuenta en el sol”

 

Al listado de poetas nazis en América Latina que realizara en tono irónico Roberto Bolaño, se le pueden sumar un montón de exponentes bien reales, que inclusive llegaron a tener un éxito que, todavía hoy – y, todo parece indicar, también en un futuro no muy lejano – no para de crecer en la consideración de los pueblos. Hay que admitirlo, aunque duela, que este mundo de la posverdad y del posNetflix es un lugar bastante de mierda. Y es como me dijo un amigo hoy, mientras caminábamos por Parque Camet: “Juan, me parece que el país está lleno de hijes de yuta, y parece que lo mismo pasa en el resto de América”. Es por eso que sería necesario actualizar el listado propuesto por el escritor chileno. Hay muchísimos más poetas nazis dando vuelta por los gobiernos de derecha del continente, ya sea en el norte o en el sur. Tal vez, el que mejor represente esta nueva camada sea Adolfo “Tino” Cuentrao. Un ¿misionero? de nariz aguileña, que nació y se crió en ese lugar poco preciso y tan estimulante como el de la frontera entre Argentina y Brasil. La verdad es que nunca se supo de qué lado nació. Poco importa, se trata de un poeta de frontera, lo que marcó su producción literaria y – hay que ser justos y objetivos – lo destacó por encima de la media en la región. Rápidamente, luego de abandonar la escuela secundaria por escupir y maltratar sistemáticamente a compañeros cuyo color de piel consideraba propio de una raza inferior, se dedicó a la lectura y a la escritura vorazmente. Pasaba horas y horas leyendo cualquier libro que podía rescatar de las casas que frecuentaba, entre familiares y amigos. En su plena juventud logró realizar una novela de más de trescientas páginas titulada Contaminación y exterminio. En ella, el joven Cuentrao describe un futuro distópico – acaso no exista posibilidad de imaginar otro tipo de futuro – en donde las razas inferiores dominan el mundo a fuerza de ser amplia mayoría, e imponen su ideología y sus costumbres sobre un grupo de escandinavos que sobreviven valientemente refugiados en la frontera entre Canadá y Estados Unidos. Desde ese lugar, como si se tratase de la Reconquista, la tribu de escandinavos comienza a expandirse hacia el sur. Según el punto de vista que plantea el relato, esta tribu era la elegida por los dioses para restablecer un orden divino, que había sido roto solo para probar el temple de acero de los escandinavos, destinados a reinar sobre la tierra hasta el fin de los tiempos. La novela está plagada de escenas de batallas extemporales, donde los héroes escandinavos a veces se asemejan a los troyanos de la Ilíada y otras a los héroes de las películas de acción de los ochenta sobre la guerra de Vietnam. La especificación de las armas no importa y mucho menos la veracidad de los escenarios de batalla. Lo que destaca constantemente es la bravura, la hidalguía del ejército escandinavo por sobre el anonimato y la falta de valor del ejército Oscuro. A pesar de las licencias y pasajes irritables donde Cuentrao se pierde en descripciones redundantes del ejército a la postre vencedor – al mejor estilo Homero – la novela resulta muy entretenida y de fácil seguimiento para la gran mayoría de lectores, que se enfocan en las batallas y las vicisitudes de los héroes, dejando de lado el contenido racista que transpira como catarata las páginas del libro.

Luego de ese gran éxito en ventas, Cuentrao abandonó la zona de frontera y se fue a vivir a Buenos Aires, donde sus ideas encontraron respaldo político inmediatamente. Fue nombrado asesor del secretario de cultura, lo que determinó que se alejara de la escritura de ficción por un tiempo. Debido a los recelos que generó en la mesa chica del Ministerio – o creo que ya era una secretaría, o una pequeña oficina con un cartelito colgado que decía solo Cultura – se vio forzado a renunciar y marchar al exilio en Mar del Plata, específicamente al Barrio Rivadavia. Desde ese reducto, al sur del culo del mundo, comenzó a escribir poesía. Antes de suicidarse por amor, pues no soportó que una hermosa gitana lo dejara por no tener dinero para pagar la dote, dejó escrito el que sería su poema más recordado. Rápidamente, el poema fue tomado como manifiesto por todo el arco político derechoso que asoló – y que, por desgracia, todavía asola – a toda América, desde el norte hasta el sur. Sin más, el polémico poema dice así:

 

Manifiesto para los líderes del mañana

 

Estoy a favor de la tortura

No voy a participar del debate. Si son 30 mil o 9 mil, si son los que están anotados en un muro o son muchos más, es una discusión que no tiene sentido,

Pinochet debió matar más gente,

Vengo de una familia machista… En una familia machista, una mujer no tiene otro destino que el de estar educando a sus hijos,

Qué bueno que me pegaron de niño, mi papá me enseñó a ser un hombre

 

El error de la dictadura fue torturar y no matar,

Si veo a dos hombres dándose un beso, les voy a pegar,

Defiendo la pena de muerte y el rígido control de natalidad,

Al ciruja me lo llevo preso,

El gay no es una persona ciento por ciento sana

 

La inmigración descontrolada y las organizaciones delictivas son las responsables de generar el conflicto que se aprovechan y toman el control de espacios de la ciudad,

Podría disparar a gente en la Quinta Avenida y no perdería votos,

Un muro en la frontera con México nos ahorraría muchísimo dinero

 

Cuando eres una estrella puedes hacer cualquier cosa. Agarrarlas por el culo, lo que quieras,

No importa lo que los medios escriban de ti mientras tengas al lado a una mujer guapa con un buen culo,

Está helando y nevando en Nueva York. Necesitamos el calentamiento global

 

Deberían tener angustia de tomar la decisión, mi querido Rey, de separarse del Imperio

Los débiles nunca ganan.

 

Sobre la mesita de luz del departamento que alquilaba en la esquina de Francia y Garay, Adolfo “Tino” Cuentrao dejó una nota de suicidio tan escueta como enigmática: “En esta ciudad de mierda ni siquiera toman tereré, ¿qué más se puede esperar que todo lo que suceda?”.-

 

Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar / Facebook: Juan Mnp

PUBLICIDAD

Sé el primero en comentar

Deja un comentario