Eppur si muove

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De Hipatia a Kepler, pasando por  Newton, Galileo y Giordano Bruno, lxs científicxs son peligrosxs y deben ser detenidxs de alguna manera. Su lenguaje son la matemática, la física y su poesía hermosa es el cosmos y todo lo que hay en él. Seres peligrosos estos, tienen los sentidos demasiado despiertos. Están atentxs a desafiar las verdades inamovibles, ir más allá. A menudo sus conclusiones son inapelables ¡Gran peligro para el poder concentrado, para el statu quo, que no necesita que nadie le transforme las coas! Estos reyes de poca monta imponen sus normas y el resto debe aceptarlo. Entonces, las reglas son confeccionadas de manera que el dinero y los recursos puedan ser concentrados y manejados como máximas verdades. Y ese es solo un precario y lamentable modo de apreciar el universo. Pero hay otras infinitas formas de sentir, percibir y apreciar el cosmos. Nadie tendría el poder sobre nada, solo habría que hacer el esfuerzo de salir de ese macabro juego propuesto por los líderes del planeta en su beneficio. Estas miradas de los científicxs que se nos presentan como racionales, en verdad nos ayudan a despertar nuestra imaginación, a volvernos más creativos. Vaya paradoja. Qué bueno es salir del centro, volvernos seres curiosos, no conformistas, desconfiados de lo estático. Eso es lo que alimenta el saber científico. Justamente, el Ser científicx lo tenemos todos dentro. Es nuestra distinción como especie – parafraseando a Karl Sagan – dentro del sistema solar y más allá – tal vez -. Podemos pensar y reflexionar sobre las cosas, sobre nosotros mismos, sobre los fenómenos que apreciamos. También somos capaces de especulaciones asombrosas, comparaciones brillantes y de elaborar las hipótesis más descabelladas y excitantes. Todo eso es temible para el espíritu que duerme dopado por un Sistema de concentración de poder, que confunde y distrae con su cultura de la guerra, el enfrentamiento, la violencia, su patética lógica monetaria, su falso glamour, sus juguetes tecnológicos inútiles, sus vicios destructivos, su sistema de vigilancia obsesiva, sus castigos ejemplares y sus falsos dioses. Pero la llama siempre está ahí, acechando al oscurantismo. Y hay que alentarla, cuidarla y, sobre todo, compartirla con valentía. Después de todo, como susurrara Galileo Galilei en su célebre retractación pública, ente el poder de la Iglesia Católica en 1633: “El sol gira alrededor de la tierra, que se queda quieta, sin embargo se mueve”

Se mueve como la Historia, como el pensamiento. Aunque nos quieran quietos, la llama seguirá en movimiento siempre.

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