En un kiosco, el miércoles, 10:15 AM

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Por Juan M Penino

 

  • No pasa nada flaco, vamos a darle para adelante, siempre…

Me palmeó la espalda, con un gesto de resignación disfrazado de esperanza. El local estaba casi vacío de mercadería, que igual no sabía a cuánto vender. En casa lo esperaban con la incertidumbre de todos los días. Yo lo dejé sin poder decir nada más que, “nos vemos, cuidate”. No se me vino otra cosa a la cabeza, no supe qué le podría haber dicho para levantarle el ánimo, porque de verdad que no sé qué decir, odio mentir y tampoco es tiempo para eso. Él lo sabe todo y yo también. Con un par de gestos basta, el recorte es brutal y se expresa con los cuerpos también. Cada paso que me alejaba lo iban volviendo más chico, con los codos apoyados sobre el mostrador de madera gastada y un termo como compañero de la mañana, hoy, un poco más solitaria. En lo profundo de sus ojos oscuros, el rastro de un recuerdo de tiempos mejores, o al menos de mayor actividad. Ahora, solo ese sentimiento de transcurso lento y desesperante del tiempo, un tiempo vació, un tiempo sin sentido. Y del futuro mejor ni acordarse, un lugar bizarro donde no se puede depositar ninguna esperanza. Yo en ese futuro soy él, él es yo, él y yo y todos los que sentimos que nuestro tiempo es arrebatado, que nuestra velocidad queda suspendida, que nuestros deseos ya no tienen lugar. Todos arrastrados por un capricho – otro más – de la Historia de un pedazo de tierra demasiado fantasmagórico. Ahí, justo en ese momento, se abre otro espacio, otro tiempo, otro lugar, que no podría haberse generado de otra forma, que no pide permiso…

 

Contar con dos espacios paralelos, donde las serpientes son mamíferos,

pero los mamíferos siguen abrazándose, buscándose, reconociéndose,

porque saben, intuyen, que en algún momento fueron obligados al destierro,

una sádica mañana de septiembre, cuando las sombras se apoderaron del Todo

con una especial violencia, digna de cualquier Institución represiva.

 

Destruir fue fácil y rápido, eso ocurrió en el espacio A,

construir el nuevo espacio B llevó dos siglos,

luego los ciclos históricos perfectamente diseñados

repitieron los patrones tantas veces,

que los mamíferos y los reptiles se olvidaron

 

Al momento la nueva oportunidad para volver a sufrir,

como una condena inserta en el ADN,

que cada uno lleva sin saber por qué,

que cada uno siente y padece,

que cada uno la comparte para no morir solo,

que cada uno sabe que no puede romper,

que cada uno acepta por miedo a no reconocerse,

que cada uno repite todos los siglos por pereza.

 

Porque es muy difícil pensar otra cosa,

el lenguaje siempre nos vence antes de empezar,

porque ya está todo dicho y de una forma,

porque si alguien dice ¡Ay! está mal expresado

y va a tener que esperar una eternidad,

ser paciente con la condena

hasta que un buen día será fusilado

frente a un pelotón de ortodoxos reptiles,

incapaces de demostrar algún sentimiento evolucionado

 

– Y ¡disparen!

 

¿Qué le hace un tiro más al universo?

O uno, dos mártires que se suman a la Historia.

 

Alguien va a escribir sobre eso, con esas reglas, respetando la condena,

los demás lo van a reconocer, agacharán la cabeza, avergonzados,

solo unos segundos de congoja bien fingida, luego todo se restablecerá,

un nuevo ciclo se cumple y otra vez al ruedo con la memoria hecha pedazos.

 

 

Claro que para poder volver de los lugares hay que hacer horrendos sacrificios. Yo me voy, cada tanto, y me dejo llevar por las palabras y a lo mejor no te presto atención por un rato. Perdoname, lo hago solo en defensa propia. No soy un mamífero tan sofisticado, me agarro de lo que puedo para seguir sintiendo la vida. Y lo que puedo es el agua y alguna palabra que no debería escribir, pero si lo evito estallo de dolor, en mil pedazos, porque me es imposible contar de esa forma lo que veo.

 

Y otra vez se cumple el ciclo.

 

*Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar / Facebook: Juan Mnp

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