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33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata

El nadador

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Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.

Soy el hombre que quiere ser aguada

para beber tus lluvias

con la piel de su pecho.

Soy el nadador, Señor, bota sin pierna bajo el cielo

para tus lluvias mansas,

para tus fuertes lluvias,

para todas tus aguas.

Las aguas como lonjas de una piel infinita,

las aguas libres y la de los lagos,

que no son más que cielos arrastrados

por tus caídos ángeles.

Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.

Tuyo es mi cuerpo, que hasta en las más bajas

aguas de los arroyos

se sostiene vibrante,

como en medio del aire.

Mi cuerpo que se hunde

en transparentes ríos

y va soltando en ellos

su aliento, lentamente,

dándoselo a aspirar

a la corriente.

Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada

hasta las lluvias

de su infancia,

que a las tardes crecían

entre sus piernas salpicadas

como alto y limpio pajonal que aislaba

las casonas

y desde sus paredes

celestes se ensanchaba.

Soy el nadador, Señor, el hombre que nada

por la memoria de las aguas

hasta donde su pecho

recuerda las pisadas,

como marcas de luz, de tus sandalias.

Y recuerda los días cuando el cielo

rodaba hasta los ríos como un viento

y hacía el agua tan azul que el hombre

entraba en ella y respiraba.

Soy el hombre que nada hasta los cielos

con sus largas miradas.

Soy el nadador, Señor, sólo el hombre que nada.

Gracias doy a tus aguas porque en ellas

mis brazos todavía

hacen ruido de alas.

Héctor Viel Temperley

Antes que decir cualquier cosa, mejor dejar el poema entero del inmenso escritor que fue Viel, que aparece recitado en una de las escenas de la película de Fernando Spiner, La boya. ¿Y por qué? Creo que es la mejor manera de resumir de qué se trata, una historia que combina la amistad entre dos amigos – consagrada con ritual histórico que cumplen todos los años, nadar mar adentro hasta la boya -, la vida en Villa Gesell a orillas del mar, la poesía, el arte, la familia y el cine. Una suerte de resumen de la vida del propio Spiner, quien a partir del reencuentro con su amigo de la infancia – el poeta y periodista Aníbal Zaldívar – reconstruye la figura poética de su padre y la influencia del mar en sus vidas y en la del resto de artistas que decidieron desarrollarse en Villa Gesell. Entre los entrevistados aparecen los escritores Guillermo Saccomanno y Juan Forn, radicados en la ciudad costera hace años. Pero también es una película sobre les que vigilan el mar, les gurdavidas, les nadadores que se sumergen, la mayoría de las veces en soledad, con brazadas constantes y poderosas que siguen el ritmo de los versos del poema de Viel Temperley. Y la cámara te invita a sumergir la cabeza y el corazón en ese infinito cúmulo de agua salitrosa y bamboleante, mientras de fondo una música te acaricia y los versos de algún poeta te ayudan a mantenerte a flote, siempre atento, buscando el símbolo final que reúne las partes, que es esa boya.

Una bellísima obra de Fernando Spiner, que pudo realizar en su comunidad, con su familia y sus amigos. Si quedaba alguna duda, el intercambio con el público al final de la proyección dejó en claro que todos los que estuvimos presentes compartimos las mismas – o similares mejor dicho – sensaciones.

*Dato: La película fue invitada pero fuera de competencia. En la sala estuvo presente el poeta Aníbal Zaldívar y la hija de Fernando Spiner, quien estuvo a cargo de la parte musical.

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33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata

Recuerdos de la infancia

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Revisar en la memoria y el corazón de uno es volver, sin duda alguna, al tiempo de la infancia, el tiempo de la inocencia, el tiempo donde el mundo es una inmensa paleta de colores de la que se puede elegir cualquier opción, sin prejuicios, con una naturalidad que solo se tendrá en ese instante mágico de la vida. El director mexicano Alfonso Cuarón vuelve sobre su propia infancia en Roma, el barrio que habitó de chico en la ciudad de México y que le da nombre a su nueva película. Si bien el punto de vista no es el del niño, sino que la protagonista es Cleo – la empleada doméstica -, todo ese pasado en blanco y negro, esas escenas que son detalles al pasar de la vida, le pertenecen y las comparte combinando la ternura, el humor y el drama. Esencialmente se trata de un drama de época, una familia burguesa de la capital mexicana, compuesta por cuatro niños y una pareja de profesionales a punto de separarse, conviven con su empleada doméstica Cleo, quien también pasa por momentos muy turbulentos en su vida. Pero lo que más destaca de este largometraje son esos planos con detalles tan reconocibles, tan comunes y rutinarios que nos envuelven a todes les presentes. Hay escenas muy fuertes y sentimentales que hacen sensibilizar hasta el espectador más duro. Y no quiero adelantar nada porque la película se va a estrenar en la plataforma Netflix, la primera semana de diciembre. La multinacional fue quien permitió que el largometraje de Cuarón cerrara el 33º Festival Internacional de Cine. Por supuesto, la sola aparición de la N característica de la plataforma de series y películas on demand, produjo una silbatina generalizada. Pero, superado el momento de escrache, el plano detalle de las baldosas del garaje de la casa baldeadas con agua y algún producto de limpieza, nos ubicaron en ese lugar, la casa de la infancia, el ambiente donde se guardaba el auto, que también era refugio del perro, quien dejaba su escremento esparcido. Y Cleo tenía que baldear, no quedaba otra, y los niños corretear y jugar haciendo macanas, mientras el mundo adulto se encargaba de complicar las cosas, casi sin poderlo entender. Porque todos esos ingredientes tiene la vida, y esa velocidad. Pero lo más importante es ese abrazo del afiche, que se ve en las paradas de los colectivos de la ciudad, ese abrazo del alma, inmortalizado en la retina del que recuerda, un abrazo que resume el vínculo esencial de la familia. Por eso recomiendo la película de Cuarón y me parece que fue un cierre hermoso para la semana de películas festivaleras en las salas marplatenses.

*Claro que la proyección se produjo un día raro. Una mañana gris en la que todes nos enteramos de la aparición de los restos del submarino ARA San Juan. Una mezcla de sentimientos, el alivio y el dolor por las víctimas – las desaparecidas y sus familiares -, todas ellas sin consuelo y sin justicia hasta el día de hoy. Ojalá que en el futuro podamos acercarnos a la verdad,  es el deseo de todo un país y nuestro, por supuesto.

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33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata

El monstruo de la montaña

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La primera pregunta que dispara la película Muere, mosnstruo, muere ni bien finaliza es: ¿Qué acabo de ver? Por su estructura argumental, podríamos decir que se trata de un policial, un thriller, ya que tenemos una serie de asesinatos sin resolver con un patrón que se repite: las asesinadas son mujeres y todas por el mismo mecanismo, la decapitación. Pero con este último elemento empezamos a acercarnos al terror, al gore, a un largometraje de horror, porque su director, Alejandro Fadel, no escatima en escenas escatológicas y sangrientas. Volvemos a la teoría del policial, tenemos un detective, un policía rural, ni siquiera de pueblo sino más bien de desierto montañoso, porque los hechos suceden en un punto poco preciso de la cordillera mendocina. El personaje Cruz es un clásico de los policiales argentos, un policía bastante osco, sumiso, callado, pero con una sabiduría y un sexto sentido que parecen manar del mismo paisaje natural que lo fue formando. Pero con él, además, aparece un triángulo amoroso, la parte de drama romántico que es otra cuestión dentro de la misma película. ¿Entonces? Como para complicar aún más las cosas, después se suceden elementos que emparentarían a la película más con Alien que con cualquier otro referente del cine nacional. Y también está la crítica social por lo bajo, los temas del momento en nuestra sociedad: los femicidios, el machismo, la violencia de género. En definitiva, una apuesta muy original y arriesgada que arrojó resultados dispares en les espectadores.

*Dato: el director, que subió al escenario del Auditorium junto con su equipo de trabajo, dio su parecer acerca de lo que es para él hacer una película. Parafraseo su certera definición: “Para mí hacer una película es como ir de viaje”. Interesante comparación, como para tener en cuenta.

*Mientras escribo esta pequeña reseña me entero de los resultados que dio el jurado, en la gala de premiación que corona al 33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata/Batán y comienzo a pensar alguna que otra conclusión. La principal es que, desde mi manera de verlo, un festival es mucho más que la jornada de premiaciones. No digo que no sea importante por una cuestión de prestigio y de apoyo financiero para quienes realizaron las películas, pero como espectador no es lo que más me interesa. Es más, sinceramente, las segmentaciones tampoco son algo que me agraden. Cada historia que se cuenta en el modo en el que se hace es una sección en sí, no importa si es ficción, si es documental o el híbrido que fuese. Diría, mejor, que todas las películas entran en la categoría cine, que todas las películas tienen algo que contar, que todas las películas juegan con el sonido, la imagen y el lenguaje escrito, que todas las películas ponen en juego una mirada sobre el mundo y el momento histórico en el que fueron realizadas. Afortunados les marplatenses que, todavía, tenemos la posibilidad de disfrutar todos los años de un festival artístico tan interesante. Ojalá siga por mucho tiempo, ojalá que este gobierno gibarizador no termine por destruir la posibilidad de vincularnos a través del cine.

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33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata

La memoria

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Cuando la ausencia, el dolor y la falta de justicia se hacen presentes, las calles, los lugares, las almas quedan vacías, vacíos…vacío.

Es la trama que se reconstruye en el documental Las cruces, de les chilenes Teresa Arredondo y Carlos Vásquez, un episodio más en la oscura historia que comenzó en septiembre de 1975, a días del golpe militar contra el gobierno de Allende. Durante esas fatídicas jornadas para la humanidad entera, se perpetuó la desaparición de 19 trabajadores de una maderera, que luego sería recordada como la masacre de Laja y San Rosendo. Les directores recomponen la historia a partir de la lectura de testimonios y documentos de la investigación que comenzó a llevarse a cabo varios años después, a partir de testigos y carabineros arrepentidos. Mientras vemos las imágenes desoladoras de los lugares donde se produjeron las matanzas, somos atrapados por la lectura de los testimonios en las voces de familiares de las víctimas de la masacre. El sonido juega un papel fundamental, porque esas palabras cobran un peso enorme, permiten reconstruir los terribles sucesos y hacen sentir el dolor de la pérdida de un ser querido, lo que su ausencia deja en los lugares y en los espíritus. Luego están la búsqueda de justicia, la lucha contra el aparato estatal protector de la violencia institucional, aún hoy, aún con testimonios claros, aún habiendo hallado la fosa común, aún teniendo los huesos de las víctimas, aún sabiendo lo que un grupo de asesinos borrachos con uniforme militar hicieron. Quedan el vacío y las cruces, esas cruces que aparecen como testimonio, como protesta muda pero constante.

Se puede intentar ocultar la verdad,
se puede intentar borrar la memoria,

se puede intentar obstruir a la justicia,

se puede intentar…

Pero están las cruces, los familiares, sus recuerdos, su incansable lucha, lo que impide que el intento se pueda concretar.

Un documental potente y que no podría haberse hecho de otra manera. Las escenas vacías, las voces con los testimonios, los cuerpos ausentes, la falta de justicia, todo se ve y se siente en esta película fundamental para reconstruir memoria, verdad y justicia.

 

*Las cruces forma parte de la sección Competencia Latinoamericana.

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