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Cine

El cambio: entre la innovación y la nada

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Después de un final de martes claustrofóbico y sanguinario en la sala 1 del Ambassador – donde es imposible escapar y uno da gracias que no salte Vince Vaughn de la pantalla – la mitad de la semana paso a dedicarla al descanso. La hora de la siesta es momento ideal para clavarse una de las pelis de la sección Ventana Documental, apartado que el 32º Festival de Cine de Mar del Plata / Batán le dedica a los documentales internacionales. El elegido, por cuestiones de agenda, fue Marquis de Wavrin, de la casona a la selva. Un rescate convencional de la figura de ese verdadero pionero e innovador del cine documental etnográfico. Es que el Marqués belga adelantó y marcó el estilo que luego sería utilizado por las producciones de Nathional Geographic. Él lo hizo a principios del siglo XX, luego de abandonar su cómoda vida en Bélgica para comenzar su peripecia por el norte argentino, Paraguay, Venezuela, Colombia y Perú. Siempre alejándose de las grandes ciudades y buscando las selvas, los animales y las tribus más exóticas. Justamente, este documental da cuenta de sus filmaciones que marcaron un antes y un después en el acercamiento del cine a experiencias extremas. El documental, que narra su historia de manera lineal y con una voz que es la que brinda la información apoyada por lecturas de fragmentos del propio Wavrin, especialistas que estudiaron su obra y – por supuesto – tramos de sus filmaciones y fotos personales de cada expedición. A pesar de este recorrido convencional, el documental aporta algunas cuestiones interesantes:

  • La reconstrucción de la figura del Marquis de Wavrin no está exenta de algunos grises oscuros en su vida. Aparecen críticas hacia su eurocentrismo y la exposición del caso que lo aleja originariamente de Bélgica: haber disparado contra dos niños que correteaban cerca de su propiedad –a uno lo dejó moribundo -. Y esa costumbre lo acompaña en sus aventuras americanas, ya que hay fotos suyas posando con todos los animales que cazaba, algo que en la actualidad lo dejaría sin amigos en Instagram.

  • Se puede apreciar, por primera vez, el ritual de los Jíbaros en el que encogen la cabeza de sus enemigos. Solo el Marquis pudo filmarlos.

  • Después de décadas censuradas, este documental nos muestra imágenes de las películas de Wavrin que no se habían podido exhibir en su momento por exceso de paquetería de los gobernantes belgas. Entre ellas se destacan: Una mujer de un pueblo originario amamantando a un mono. Una joven muy sensual de alguna tribu americana bañándose desnuda en un lago. Y, por último, una ceremonia de alcohol y descontrol de un grupo de aborígenes –como si los belgas bebieran agua bendita – . Además de muchos niños risueños fumando en pipa y largando humo como chimeneas.

En definitiva, este documental formalmente muy convencional es un acto reivindicatorio para uno de los padres olvidados del cine documental etnográfico.

 

Para cerrar el día, vuelta al Auditorium para hacer otra de esas colas quilométricas y ver qué onda A fábrica de nada, película portuguesa en Competencia Internacional. Podríamos, de momento, colocarla en la categoría de drama proletario, ya que se desarrolla la historia de un grupo de trabajadores de una fábrica de ascensores en Lisboa, que ve cómo la producción se termina y sus fuentes laborales comienzan a desaparecer. Pero este film, dirigido por Pedro Pinho, es mucho más inmenso – en todo sentido – y pretensioso. La larguísima historia hace foco en la resistencia de los trabajadores, que va mutando conforme pasan los días. De la inactividad total, al desmantelamiento propuesto por los dueños, pasando por la huelga, la incertidumbre, la preocupación por no tener dinero y los debates para saber cómo se puede continuar trabajando sin depender de la patronal. Una pintura actual de la situación político social que propone un sistema capitalista cuya evolución actual sería la de haber generado un estado de apocalipsis constante, que nunca termina y que desespera. A pesar de ser una ficción, el film procede – por momentos – como un falso documental ensayístico, donde tanto trabajadores como intelectuales de izquierda piensan la actualidad de un Sistema político económico en crisis. También, se anima a meterse de lleno en el musical – sí, tal cual leen – y en el falso documental de testimonio. Mientras, como telón de fondo, vemos una Lisboa que cambia su aspecto y que pone en jaque las relaciones sentimentales y económicas de uno de los jóvenes trabajadores con su novia y su hijastro.

Para destacar los debates entre los trabajadores, que llegan a emocionar y que tocan muy de cerca. Tan al lado nos pasa, que este proceso de flexibilización laboral y “cambio” estratégico de actividades (así pretenden echar a los trabajadores) es totalmente comparable al que nos propone el actual gobierno amarillo. Como si fuera poco, hay constantes referencias a la Argentina. Y no quiero adelantar nada para no arruinarles la oportunidad de ver la película el JUEVES A LAS 11:10hs, en el ALDDREY 3.

Para tener en cuenta: es una película larga, a veces un poco redundante. Pero vale la pena por la actualidad de la temática y porque no termina ofreciendo soluciones. El debate sobre el capitalismo y las posibilidades de subsistencia está pasando ahora. ¿Qué hacemos con la enorme masa laburante que se queda sin laburo? ¿Qué hacemos si no tenemos laburo? ¿Cómo generamos bienestar e inclusión para todos?

*Palabras del director: A fábrica de nada nace de ahí. El cierre de una fábrica de ascensores (una de las muchas que cierran todos los meses en las áreas industriales alrededor de Lisboa) funciona como un microcosmos y parábola para explorar dramáticamente las texturas y consecuencias de la sensación de impotencia que la mayoría de la gente atravesó durante ese tiempo (en referencia a los últimos años en Europa).

*Dato: en un momento de la película, un viejo lleva al joven trabajador de la fábrica a las afueras de la ciudad, cruzando en lancha. Allí, lo conduce a un escondite donde le muestra una ametralladora de la época de lucha armada en su juventud. Y le dice, en palabras similares: “tomá, esto es para matar a los gorilas, antes que ellos nos maten a nosotros”. Como consecuencia, más de la mitad de los espectadores en el Auditorium – pongamos la mitad más dos – aplaudió y festejó la coincidencia.

*Alargamiento: Y como para completar el panorama complicado que propone el «cambio», a la salida del Auditorium lxs chicxs del Frente de Realizadores y Estudiantes de Cine en lucha repartieron volantes para denunciar el ajuste, la restricción y la censura que el Gobierno está llevando a cabo contra el cine independiente. La ecuación es harto conocida: le quitan apoyo a las producciones independientes y se lo transfieren a las grandes productoras.

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Cine

Un par de recomendaciones: finde xxl

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Cae la noche en el Barrio Rivadavia. Es otoño, pero todavía el calor insiste. No sé si lo habrán notado, pero los últimos abriles han sido más cálidos que antaño en el hemisferio sur. Será que llegó la hora de darle más bola al calentamiento global. Sé que hay otros temas urgentes (algunos de los cuales vamos a tratar más adelante en esta nota) pero ahora que comenzaron una seguidilla de feriados, podemos meternos un ratito de lleno en la temática. Justamente, la recomendación que les hago es fácil, accesible y barata: ver una serie documental. Se trata de “One strange Rock”, producida íntegramente por National Geographic en 2018 y conducida por el rapero/actor súper carismático Will Smith. La serie se consigue muy fácil on line, gratis y con doblajes latinos bastante aceptables. Para disfrutar, por un lado, la calidad y variedad de imágenes que recorren el mundo y su diversidad, aumentando el zoom y alejándolo a niveles que el mismísimo Carl Sagan envidiaría. Solo por eso valdría la pena sentarse a ver estos capítulos que duran poco más de cuarenta minutos. Pero, además, tiene un valor extra bien logrado, y es el perfecto desarrollo de los capítulos, con una argumentación sólida que se va conformando para aportar a la idea madre, que es nada más y nada menos que esta: la naturaleza tiene un sentido y es una sinfonía casi perfecta. Ese casi es el factor humano, un mono con poco pelo que no debió haberse bajado nunca del árbol. Ahora, también es prudente advertir algunas cosas, vicios y pavadas que caracterizan a este tipo de producciones documentales desde tiempos inmemoriales: El actor famoso está tan desconectado de la vida real que sus ejemplos comparativos son, por lo menos, discutibles. Como cuando habla de la falta de oxígeno a medida que los astronautas ganan altura y lo compara con las veces que se tiró de un avión con paracaídas y con sus paseos por la terraza del Empire State. Todas cosas que nadie hace, a menos que vivas en Nueva York y tengas guita. Otra cosa molestísima son esas otras comparaciones que insultan la inteligencia del públique, como cuando Will explica el tamaño de determinado objeto de la naturaleza y se refiere a las yardas de un campo de futbol. Más o menos me ubico si me dicen diez o veinte metros cuadrados, no hace falta que me traten como si fuera Homero Simpson. En fin, este tipo de documentales (y todo el imperio National Geographic) no deja de ser extremadamente etnocéntrico y vendedor de cámaras Kodak. Pero bueno, hechas las advertencias, digamos que vale la pena pegarse un par de capítulos birra por medio. Eso sí, el envase o la lata la reciclás, porque puede que Will Smith se enoje y aparezca en uno de sus aviones a darte tu merecido en el comedor de tu casa.

Dejando de lado el tema de las series, vamos por el cine. En los últimos días vi varias películas, entre otras cosas porque estoy soltero y pobre. Una de ellas me pareció extraordinaria y es probablemente la mejor película yanqui del año pasado (después de Madeline´s Madeline, obvio). Se trata de ¿Podrás perdonarme? (Can you ever forgive me?), dirigida por Marielle Heller. La película cuenta la historia de Lee Israel (interpretada magistralmente por Melissa McCarthy), una exitosa biógrafa que cae en banca rota y decide recurrir a la falsificación de cartas de escritores y celebridades del pasado para poder salir a flote, vendiéndolas en las casas de antigüedades. Pero la comedia dramática tiene un montón de condimentos, porque Lee es verdaderamente una persona solitaria, alcohólica, desconfiada y muy insoportable, un verdadero grano en el culo. Además de eso tiene problemas para relacionarse con las personas que parecen quererla, y elije como confidente y amigo al no menos peor Jack Hock (genialmente interpretado por Richard Grant). La pareja falsificadora es todo menos convencional, una escritora en decadencia malhumorada, lesbiana y súper sarcástica, junto a un homosexual decadente, refinado, timador, fiestero y bon vivant que no tiene dónde caerse muerto. Para colmo, Jack es más sarcástico y alcohólico que Lee. En cierto punto conforman una pareja perfecta y es el fuerte de la película. Gran acierto de la directora y gran performance de la dupla tragicómica. Y más allá de eso, la pregunta que dispara el tema de la falsificación de las cartas es hasta qué punto es moralmente reprochable lo que hizo Lee. Porque, si bien es innegable de que se trata de una falsificación, porque las cartas son de mentira, el hecho de que igual generen un placer, un goce estético en quien las lee, las resignifica y les da un valor literario que debería redimir a su autora. Entonces si la pregunta que plantea la película es sobre ese punto, yo respondería que sí, Israel Lee, te perdono y te re banco.

Ya quedan pocas recomendaciones para dar, porque tampoco son tantos días libres. Pero, si les queda algún tiempo, no dejen de ver la última producción de Duran Barba, donde imagina que Macri puede ser recibido por una familia de clase media baja, entrar de prepo al living comedor y decirle que le va a dar un alivio y que la culpa de todos los males la tiene la batalla contra la inflación. Algo así como que entre en tu casa la persona que te violó, ponga cara de indignación, y te diga que te entiende y que te va a ayudar a salir adelante. Demasiado. De verdad que se fueron al carajo y que lo único que explicaría algo así es que se trate de una bomba de humo, o sea que es mejor que se hable del video y que todo lo demás quede eclipsado, que perdamos el tiempo diciendo lo idiota que es Macri, mientras el país se sigue cayendo a pedazos. Ah! y que también quede planteada la palabra fetiche de la campaña 2019: ALIVIO. No sé, es una película que no puedo terminar de entender. Mientras, en la ciudad (in)feliz el trono es disputado por dos viejos chotos* que no parece que puedan llegar a la segunda temporada. Igual, habría que aclarar que el trono por el que pelean es tan real como las reacciones “espontáneas” del presidente con los damnificados por sus propias políticas.

*Viejos chotos: acá estoy describiendo amistosamente al intendente Arroyo y al empresario Aldrey

Disfruten del fin de semana y no se olviden de escuchar el último disco de Marina Fages: Épica y fantástica. Les dejo un temita que se llama Viva imagen, que grabó con Benito Cerati, y me retiro hasta la semana que se nos viene:

CONTACTO (así se llama también la novela de Carl Sagan, última recomendación): juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

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33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata

Recuerdos de la infancia

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Revisar en la memoria y el corazón de uno es volver, sin duda alguna, al tiempo de la infancia, el tiempo de la inocencia, el tiempo donde el mundo es una inmensa paleta de colores de la que se puede elegir cualquier opción, sin prejuicios, con una naturalidad que solo se tendrá en ese instante mágico de la vida. El director mexicano Alfonso Cuarón vuelve sobre su propia infancia en Roma, el barrio que habitó de chico en la ciudad de México y que le da nombre a su nueva película. Si bien el punto de vista no es el del niño, sino que la protagonista es Cleo – la empleada doméstica -, todo ese pasado en blanco y negro, esas escenas que son detalles al pasar de la vida, le pertenecen y las comparte combinando la ternura, el humor y el drama. Esencialmente se trata de un drama de época, una familia burguesa de la capital mexicana, compuesta por cuatro niños y una pareja de profesionales a punto de separarse, conviven con su empleada doméstica Cleo, quien también pasa por momentos muy turbulentos en su vida. Pero lo que más destaca de este largometraje son esos planos con detalles tan reconocibles, tan comunes y rutinarios que nos envuelven a todes les presentes. Hay escenas muy fuertes y sentimentales que hacen sensibilizar hasta el espectador más duro. Y no quiero adelantar nada porque la película se va a estrenar en la plataforma Netflix, la primera semana de diciembre. La multinacional fue quien permitió que el largometraje de Cuarón cerrara el 33º Festival Internacional de Cine. Por supuesto, la sola aparición de la N característica de la plataforma de series y películas on demand, produjo una silbatina generalizada. Pero, superado el momento de escrache, el plano detalle de las baldosas del garaje de la casa baldeadas con agua y algún producto de limpieza, nos ubicaron en ese lugar, la casa de la infancia, el ambiente donde se guardaba el auto, que también era refugio del perro, quien dejaba su escremento esparcido. Y Cleo tenía que baldear, no quedaba otra, y los niños corretear y jugar haciendo macanas, mientras el mundo adulto se encargaba de complicar las cosas, casi sin poderlo entender. Porque todos esos ingredientes tiene la vida, y esa velocidad. Pero lo más importante es ese abrazo del afiche, que se ve en las paradas de los colectivos de la ciudad, ese abrazo del alma, inmortalizado en la retina del que recuerda, un abrazo que resume el vínculo esencial de la familia. Por eso recomiendo la película de Cuarón y me parece que fue un cierre hermoso para la semana de películas festivaleras en las salas marplatenses.

*Claro que la proyección se produjo un día raro. Una mañana gris en la que todes nos enteramos de la aparición de los restos del submarino ARA San Juan. Una mezcla de sentimientos, el alivio y el dolor por las víctimas – las desaparecidas y sus familiares -, todas ellas sin consuelo y sin justicia hasta el día de hoy. Ojalá que en el futuro podamos acercarnos a la verdad,  es el deseo de todo un país y nuestro, por supuesto.

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33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata

El monstruo de la montaña

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La primera pregunta que dispara la película Muere, mosnstruo, muere ni bien finaliza es: ¿Qué acabo de ver? Por su estructura argumental, podríamos decir que se trata de un policial, un thriller, ya que tenemos una serie de asesinatos sin resolver con un patrón que se repite: las asesinadas son mujeres y todas por el mismo mecanismo, la decapitación. Pero con este último elemento empezamos a acercarnos al terror, al gore, a un largometraje de horror, porque su director, Alejandro Fadel, no escatima en escenas escatológicas y sangrientas. Volvemos a la teoría del policial, tenemos un detective, un policía rural, ni siquiera de pueblo sino más bien de desierto montañoso, porque los hechos suceden en un punto poco preciso de la cordillera mendocina. El personaje Cruz es un clásico de los policiales argentos, un policía bastante osco, sumiso, callado, pero con una sabiduría y un sexto sentido que parecen manar del mismo paisaje natural que lo fue formando. Pero con él, además, aparece un triángulo amoroso, la parte de drama romántico que es otra cuestión dentro de la misma película. ¿Entonces? Como para complicar aún más las cosas, después se suceden elementos que emparentarían a la película más con Alien que con cualquier otro referente del cine nacional. Y también está la crítica social por lo bajo, los temas del momento en nuestra sociedad: los femicidios, el machismo, la violencia de género. En definitiva, una apuesta muy original y arriesgada que arrojó resultados dispares en les espectadores.

*Dato: el director, que subió al escenario del Auditorium junto con su equipo de trabajo, dio su parecer acerca de lo que es para él hacer una película. Parafraseo su certera definición: “Para mí hacer una película es como ir de viaje”. Interesante comparación, como para tener en cuenta.

*Mientras escribo esta pequeña reseña me entero de los resultados que dio el jurado, en la gala de premiación que corona al 33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata/Batán y comienzo a pensar alguna que otra conclusión. La principal es que, desde mi manera de verlo, un festival es mucho más que la jornada de premiaciones. No digo que no sea importante por una cuestión de prestigio y de apoyo financiero para quienes realizaron las películas, pero como espectador no es lo que más me interesa. Es más, sinceramente, las segmentaciones tampoco son algo que me agraden. Cada historia que se cuenta en el modo en el que se hace es una sección en sí, no importa si es ficción, si es documental o el híbrido que fuese. Diría, mejor, que todas las películas entran en la categoría cine, que todas las películas tienen algo que contar, que todas las películas juegan con el sonido, la imagen y el lenguaje escrito, que todas las películas ponen en juego una mirada sobre el mundo y el momento histórico en el que fueron realizadas. Afortunados les marplatenses que, todavía, tenemos la posibilidad de disfrutar todos los años de un festival artístico tan interesante. Ojalá siga por mucho tiempo, ojalá que este gobierno gibarizador no termine por destruir la posibilidad de vincularnos a través del cine.

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