Connect with us

Opinión

DOS DÍAS EN LA VIDA

Published

on

Por Juan M Penino

 

 

La cámara no borra las fronteras políticas de la visión.

Lo que muestra el plano es un recorte de la realidad.

 

Estas dos frases  extraídas de una clase de cine documental pueden aplicarse, casi de la misma forma, a la escritura. En fotografía y en cine está claro, lo retratado / filmado es un fragmento de la realidad, que además tiene un director / fotógrafo con su determinado punto de vista. ¿Qué lo determina? Pues el lenguaje, desde que cae en la cultura, poniéndonos lacanianos. Ahora pasemos al recorte más difícil de seguir, el de la escritura. Lo que puse hasta esta coma, está perfectamente planeado por la Historia. La de los ganadores, la de los dueños del mundo que quedaron en pie. Ellos me determinaron con su cultura y sus cuestiones. Serían algo así como mi límite pre-histórico. Ahora bien, salgamos del determinismo. Es domingo a la tarde en Las Brusquitas, un barrio costero a pocos kilómetros del arco de ingreso a la ciudad de Miramar. Mañana, como es sabido – lástima que ya pasó – es feriado. Se movió el aniversario del paso a la inmortalidad – decir muerte o fallecimiento le quita gloria y glamour – del general Don José de San Martín nada más que cuatro días. Igual poco importa, porque para el gobierno actual es más importante conmemorar el cumpleaños del mago sin dientes, un verdadero emprendedor amigo de españoles monárquicos que escriben tweets condenando el terrorismo que, ahora sí, pasó un poco más cerca de sus dominios.

Decido quedarme a dormir en una pequeña- mínima – cabaña en medio de la nada misma. Esa nada es un conjunto de terrenos sin construcción que una inmobiliaria de la zona se apropió y vende sin culpa, repitiendo una costumbre argenta de antaño. Otra vez, esa pre-historia persistiendo. Pero yo quiero quebrar con eso, al menos, un fin de semana. En completa soledad me quedo a pasar la noche en la cabaña. No hay tele, no hay radio, no tengo celular, no hay computadora para chequear el nuevo capítulo de GOT – por eso esta nota no tiene spoilers, aunque intuyo otra derrota de Jon Snow-. Ni siquiera hay demasiado para comer en la cabaña: solo dispongo de dos bananas, una mandarina, una manzana, tres empanadas de carne, dos litros de agua potable, té, un cuarto de pan viejo, una libreta, una lapicera, un libro (Estrella distante de Roberto Bolaño, que no va a tener casi nada que ver con esta historia) y una cámara fotográfica. Me dispongo a preparar una comida mínima para irme a dormir liviano, cosa de levantarme al otro día temprano y salir a caminar por la costa de regreso a Mar del Plata. Las restricciones son claras: el tiempo que tengo para ir de Brusquitas hasta el Faro será desde la salida del sol hasta su caída. No podré comprar absolutamente nada más que lo que ya dije que tenía y mucho menos queda permitido hacer dedo o tomar un bondi.

Temprano, sobre las siete, el sol pone a cantar a cada ser vivo de la naturaleza que posee esa capacidad. Imposible seguir durmiendo. El frío castiga la cabaña que carece de calefacción. Yo estoy en posición fetal, metido en una bolsa de dormir, con un poco de hambre porque la cena solo estuvo compuesta por las empanadas, una manzana y tres teses – mecanismo de calefacción eficiente por escasos minutos -. La mañana fresca me obliga a esperar a que el sol caliente un poco más al planeta, caso contrario el entumecimiento del cuerpo podría jugarme una pésima pasada. Ese es el momento de tomar el té que queda y entrarle al libro de Bolaño. En algún momento ya lo había leído, pero creo que me había dejado una sensación distinta. La historia de Estrella distante ya estaba bosquejada en La literatura nazi en América, esa falsa antología de escritores nazis que el chileno publicara en 1996 como una suerte de parodia de los diccionarios de literatura. La última historia en ese libro era la del poeta aéreo (de verdad este personaje escribe su obra con humo de avioneta en el cielo) Ramírez Hoffman, el infame, y es la misma que retoma esta novela que me acompaña el día feriado. En Estrella distante, el nombre Hoffman es reemplazado por Alberto Ruiz Tagle, que luego será reemplazado por Carlos Wieder, para luego perderse en un abismo de heterónimos de dudosa veracidad. ¿Serán la misma persona? En la ficción – que todo lo puede –  sí. Este poeta extraño se irá transformando en un monstruo desde el inicio en un taller de poseía hasta sus extravagantes vuelos poéticos y su, por demás terrible, exposición fotográfica en épocas del terror pinochetista. No es mi intención espoilearles el libro, ni hablar mucho más de la novela o su autor. Solo quiero comunicarles cómo se dio ese día feriado en mi vida. A mitad de mañana finalizo el libro y me quedo pensando, una vez más, cómo carajos puede un poeta ser una persona así de monstruosa. ¿Y quién me dijo a mí que un poeta es otra cosa distinta a un monstruo?

Vuelvo a la vida ¿real?. Acomodo lo que me queda en la mochila y voy saliendo, pues antes de peregrinar hasta el Faro pienso ir a sacar fotos en la zona de los médanos de San Eduardo. El día, afortunadamente, acompaña. Comienzo la larga caminata que, las primeras horas, es una verdadera algarabía. Entre los médanos las fotos quedan muy bien, las playas por toda esa zona son más bien vírgenes, no anda un alma y hay una cantidad importante de estructuras de balnearios abandonadas, donde consigo reparo y me quedo respirando como hacía mucho tiempo no hacía. ¿Me había olvidado de respirar? ¿O será que me enseñaron mal? Más bien creo que no se estila enseñar a respirar, es una herramienta peligrosa. Continúo la larga caminata a la vera de la ruta, donde hay una suerte de rosario de santuarios rojos para el gauchito Gil. En cada uno de ellos, se lee un fragmento del best seller cristiano, el Nuevo Testamento. ¡Y casi todas las palabras del “maestro” van dirigidas a Juan! Por desgracia, ese maestro no dice cómo respirar frente al mar una mañana de feriado y olvidar el hambre. El camino se vuelve pesado pasando el mediodía, las piernas comienzan a agotarse y el hambre ataca sin piedad. Hora de parar en una playa y ensayar un almuerzo con lo que queda. Una de las bananas ya me la había comido en las primeras horas del viaje, por lo que el almuerzo consta de pan, unos tragos de agua y la mandarina. Si mal no recuerdo, solo me quedarán una banana y medio litro de agua. ¿Será suficiente para llegar al Faro o tendré que rendirme y hacer dedo? Lo segundo, la salida confortable, no es opción (el que abandona no tiene premio). Necesito que este recorte de la realidad funcione así, para luego poder escribirlo. Como decía, el almuerzo es en Playa Virgen, donde aprovecho para descansar sacándome las zapatillas y observando a un grupo de surfistas “hacerse” el día. Retomo la senda y, ahora, lo que llama la atención son los distintos murales que se ven en las paradas de los colectivos y en las ruinas de balnearios que ya son un recuerdo. Me quedo con uno, ejemplo de eclecticismo: una mujer morena – como indicaría el imaginario de la pacha mama – desnuda – solo se ve desde la cintura para arriba, como la Venus de milo –  emerge de entre unas flores coloridas, mientras con sus brazos rompe unas cadenas que la mantenían en cautiverio – igual que el mito de Andrómeda -. Tantas referencias aturden, algo así como la catarata de alegorías de la película The Wall. También hay que agregar que en Barrio Chapadmalal hay un graffiti en apoyo al pueblo palestino y un gran número de stencils con números de taxis y remises para caminantes – como yo – que estén a punto de rendirse. Queda poca agua, la tarde empieza a perder nitidez y brillo, los pies parece que se me van a reventar, la cabeza me late más que el corazón agitado, los labios me arden de tan paspados. ¡Pero estoy a un kilómetro de lograr esta pequeña hazaña, que demostraría que no soy tan burgués! Ya pasaron más de siete horas y cuarenta kilómetros de caminata, el Faro se ve cada vez más grande, y cuando me dispongo a realizar los últimos pasos, me sale al cruce un amigo que hace meses no veía, que vive en Capital Federal, que justo está de viaje relámpago en mardel y que casualmente está cumpliendo años. Estoy feliz por la casualidad, pero el cansancio sigue ahí. A veces la vida se te caga de risa, porque el fortuito encuentro no puede quedar ahí. ¿A qué me pudo haber invitado mi amigo? Y sí, a caminar por la costa, volver sobre mis pasos en dirección a Playa Serena. Al menos, esta última caminata la hacemos por la arena. Sé que mañana, toda esta aventura que me impuse vaya a saber por qué va a doler bastante. Pero me quedo con eso de lo que hablábamos al principio y me pregunto ¿Qué tan pre-histórico habré sido? ¿Me habré escapado un poquito del recorte de la realidad que los dueños del mundo me quieren imponer? Y esta nota semanal ¿cuántas cosas habrá dejado por fuera del punto del recorte que implica mi escritura? ¿Qué efecto habrá logrado, en qué cosa estarás pensando que yo no puedo visualizar?

 

*Alargamiento:

 

90´+3) Al pasar por Chapadmalal, por la residencia presidencial, me di cuenta de que se trata de un lugar semi abandonado, gravemente deteriorado por el descuido y el paso del tiempo. Esto me dispara dos cosas: primero, si este gobierno (me refiero al Nacional y al Provincial) dice que está combatiendo a las “mafias”, ¿qué tan inofensivas pueden ser estas que no fueron capaces de atacar saltando el alambrado – que ya está medio caído – que divide el espacio público del privado en la residencia presidencial de Chapadmalal?. Otra cosa, el presidente y la gobernadora van seguido por ahí: ¿por qué carajos no hacen algo para levantar esa zona?

 

90´+4´) Es verdad que dejé de lado muchos barrios y balnearios, pero la nota no puede extenderse mucho más allá de estos límites por cuestiones de decoro de la página. Igual, como tengo mucho material fotográfico, pienso extender esta experiencia en otros capítulos que incluyan los barrios Playa los lobos, Santa Isabel y El Marquesado, donde abundan las cámaras de bicicleta pinchadas, las cajas de preservativos usados y ese árbol / arbusto con flor amarillenta que no pude averiguar cómo carajos se llama. Sepan disculpar la ignorancia de un buen vecino del Barrio Rivadavia.

 

Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

 

Continue Reading

Opinión

Un poema para esta semana: Elegía del mar

Published

on

Lo que sigue a continuación es un poema, escrito íntegramente en el barrio Bernardino Rivadavia. Pero esta vez no lo pongo por escrito, sino que va recitado directo por mi. Entonces es algo así como una doble exposición y me gusta. Están las palabras y la lectura, dos instancias que se complementan y le dan sentido pleno a la poesía, en tiempos donde a lo mejor no es un género súper consumido. El nombre viene determinado por un tono triste que detecto – a partir de una caída y un golpe fuerte que me dí surfeando- pero que a lo mejor no termino de compartir del todo. Después de escucharlo un par de veces me genera otro tipo de sentimientos, porque básicamente algunas de las imágenes que dibujan las palabras recuerdan la playa del barco hundido, uno de los lugares que más amo en el mundo. Y lo comparto en la página por algo que dice Yoko Ono en el documental que recomendé la semana pasada (y que sigo recomendando: «John & Yoko: Above us only sky) : Un poema puede ser hermoso, pero si no se comparte con otros es algo muerto. No creo que este poema sea hermoso y mucho menos mi voz recitándolo, pero ando con ganas de compartir lo que escribo. Claro que no tenés por qué escucharlo, pero te invito igual y acepto todo tipo de manifestación al email juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

Sin más, acá va el poema:

Continue Reading

Opinión

WAR IS OVER si seguís las instrucciones de Yoko

Published

on

Generalmente se coloca un reloj en el centro del escenario y se le pide al público que espere que suene el despertador

PIEZA DE RELOJ, Yoko Ono

 

Por algún extraño motivo – que yo considero una carambola del destino – cada vez que me pongo a escribir una nota llueve en el barrio. Claro que no es privativo del Rivadavia, esta tarde/noche lluviosa se extiende a toda la ciudad, que tampoco es taaaaaaaaan grande. Entonces no puedo dejar de pensar en el espacio y relego las cuestiones temporales por un rato. Resulta que a pocas cuadras, escasos metros, alguien se acaba de tirar del balcón de un edificio, desde uno de los últimos pisos, ante la mirada de incredulidad de un puñado de personas, una de las cuales filmó todo desde su celular. Además, a unos cientos de kilómetros, un tipo descargó una serie de balazos contra otro que iba caminando por una de las plazas más importantes de esa ciudad. Los detalles los ahorro, son comidilla del 100% de los medios de (in)comunicación del país. Las crudas imágenes se repiten desde la mañana en cadena nacional, no hay forma de escapar.

¿Y qué pasa con la sensibilidad hoy día? Son dos episodios horripilantes, que fueron tomados por las cámaras y que al verlos tantas veces y en tan mala calidad de imagen casi que pierden un poco el efecto. Y no es que seamos insensibles, me niego a creer eso, pero a lo mejor estamos saturados de imágenes del horror. Y como no es mi intención seguir en eso, termina acá ese repaso ineludible de dos escenas terribles de una serie malísima que es la realidad del país en estos días.

¿Y qué pasa con la sensibilidad hoy día? Voy a utilizar un mecanismo que funciona a la perfección en el arte de Yoko Ono, voy a utilizar alguna de sus consignas, de eso que ella llama arte conceptual, ese mismo que expresa el título de la nota. Y lo tomo directo del documental que quiero recomendar el día de hoy. En una de sus partes, el mismo John Lennon nos cuenta qué fue lo que le atrajo de Yoko en un primer momento. La historia es archi conocida, pero es la primera vez que creo entenderla. Resulta que John, todavía Beatle aunque con depresión crónica, cae a la muestra de la artista japonesa y queda impactado por una instalación que ofrece una larga escalera, que permite llegar hasta el techo donde hay estampada una muy diminuta palabra que solo puede ser descubierta llegando al tope y observando con una lupa, todo con mucho esfuerzo. Y dice John, más o menos, “si la palabra hubiese sido cualquier otra, yo me hubiese ido de la muestra en ese instante. Pero yo leí un “SI”, y eso era algo positivo”. En este documental, que se llama John & Yoko: Above Us Only Sky, hay varias perlitas que ayudan a acercarnos a la propuesta artística de Yoko, y por eso lo rescato. Sí que el centro es la grabación del disco Imagine (1971) y la figura de Lennon, y que los que apoyan las imágenes con declaraciones actuales son en su mayoría los músicos, fotógrafos, amigos y el propio hijo mayor del Beatle. Pero lo más interesante, insisto, son los momentos en los que se filtra la figura de Yoko, y sobre todo su arte. Ella misma aparece reporteada en la actualidad, pero sus intervenciones son muy breves. Y está esa anécdota iniciática, de la que sería su profesión y su estilo de arte conceptual para siempre. Siendo pequeña, apenas cuatro años, Yoko imaginaba que en todo el mundo (su visión fue siempre tan abarcativa como lo propone en la canción que da nombre al disco de John) se podrían partir las semillas al medio, para luego mezclarlas y formar semillas híbridas, que permitirían el nacimiento de plantas y frutos inimaginables, como un pino del que brotan manzanas “Qué diferente sería el mundo ¿no?” Con ese arte del extrañamiento es que Yoko soportó el sufrimiento de los bombardeos a su pueblo durante la segunda guerra mundial y encaró la campaña por la paz junto a Lennon, contra la guerra de Vietnam. En esa oportunidad decidió colocar gigantescos carteles en los lugares céntricos de las principales capitales del mundo. Los mismos debían tener solo dos colores, el fondo blanco (la superposición de todos los colores) y las letras en negro (la ausencia de luz) para resaltar sobre el resto de la cartelería publicitaria mucho más rimbombante y colorinche. La frase estampada, por supuesto, fue la inmortal consigna WAR IS OVER if you want it.

Y no es que la cosa funcione así. No resulta tan sencillo que algo cambie porque uno simplemente así lo quiere. Pero lo que resulta de esta intervención artística, lo que resulta de la propuesta de Yoko, es que genera una inquietud, una incomodidad agradable, porque tiene todo de simpleza y esperanza.

La guerra se termina, si vos querés: lo primero que pienso es que este tipo de utopías son bobadas casi sin sentido, panfletos bastante inocentes o del todo inocentes. El mundo no funciona así, etc. Pasada la indignación (ayudada por el recuerdo de los pasajes en el documental en los que Yoko pega gritos mientras John toca la guitarra) uno vuelve sobre la propuesta, porque no deja de ser eso. Entonces ahí es donde uno empieza a entender al Lennon que encontró el mensaje en medio del caos de su vida como Beatle. Insisto, está lloviendo en el barrio Rivadavia, hoy fui al trabajo en bicicleta y casi me tiran a la mierda dos coches, en todas las teles ví como un tipo asesinó a otro a los tiros, en los celulares no dejó de reproducirse el video de una persona que se suicidó arrojándose del balcón de un edificio céntrico de la ciudad (in)feliz. Tal vez lo que necesite será poner a trabajar más fuerte mi imaginación, para sacar las cosas buenas que pongan la balanza un poco más pareja. Entonces la guerra termina, termina. Y también es posible hacer un pozo pequeño en la tierra, en el patio de mi casa cuando era niño, para esperar que alguna gota de nube caiga allí y me quede la sensación de que el cielo está en todas direcciones, de que cada vez que salgo por las mañanas a cumplir con la rutina de supervivencia, en realidad estoy flotando, estamos flotando…no entiendo por qué estás tan mal…Imaginá que mañana vamos a flotar juntos todo el día…si vos querés…

 

Para completar la nota les recomiendo la lectura completa y dejo dos de las instrucciones de libro de Yoko, Pomelo: un libro de instrucciones de Yoko Ono (1964)

«PIEZA GRABADA I

Pieza de piedra.

Grabar el sonido de una piedra envejeciendo.

 

PIEZA GRABADA II

Pieza de habitación

Grabar el sonido de la habitación respirando.

1) al amanecer

2) a la mañana

3) a la tarde

4) a la noche

5) antes del amanecer

Asimismo embotellar el olor de la habitación a esas determinadas horas…

PIEZA GRABADA IV

Pieza de movimiento

Registrar el sonido de las estrellas

moviéndose.

No escuchar la grabación.

Cortarla y dar los pedazos a la gente

en la calle.

O venderlos a precio muy moderado.

Otoño 1963″…

 

Pero podría / debería ser otoño de 2019, en el barrio Rivadavia. Tratando de atrapar entre las manos un poquito de esperanza.

*El documental lo podés ver por cualquiera de esas páginas de internet que te aparecen con solo un click. Caso contrario, también lo tiene la plataforma de la N roja.

**Te dejo uno de los temas más lindos del disco en cuestión (que es un clásico y por eso está demás hacer la recomendación) y un saludo afectuoso. Nos vemos la semana que se viene…

***Este tema me parece el mejor del disco, sí, porque la melodía está bien arriba, es divertida y choca de frente con la letra que es un bajón total…

Continue Reading

Opinión

Carta para vos ¡Sí, leíste bien! para vos

Published

on

Queridx amigx:

¿Cuánto hace que no te escribían una carta? Y no te digo una de esas de tipo legal, que no son cartas en rigor, o sí, pero son como hojas llenas de letras muertas que empiezan con un súper congelante: “Me dirijo a usted…”. Te confieso que casi arranco con esa frase invernal, porque la verdad que la pregunta más certera sería la siguiente, y es para mí: ¿Cuánto hace que no escribís una carta? No me acuerdo, sinceramente (sic), cuándo fue la última vez que me atreví a escribir una carta, que no es un hecho fútil o vacío. Por el contrario, resulta una acción que yo llamaría “revolucionaria” – con las comillas y recaudos que merece esa palabra, alguno me tiraría con la zapatilla en este punto. – Ahora, digo, pregunto, indago ¿cuáles son las palabras que debería usar? No me acuerdo. Tanto escribir en chats de redes sociales o en “publicaciones” al voleo, apurado y sin destinatario preciso, que me olvidé qué palabras poner en una carta. Porque la carta tiene eso, va dirigida a alguien, tiene una/une/un destinatario/a/e definida/e/a.

Yo hoy elijo escribirte a vos y no hay nada ni nadie más en el mundo que importe. De esto sí tengo memoria, entre las cosas que se escriben en una carta hay algo fundamental: debería empezar a contarte sobre mi propia vida ¿Te acordás de aquella pareja que tenía, o aquel laburo tan bien pago o aquel sillón cómodo que compartimos una tarde de…? habrá sido invierno, porque hacía un frío terrible ¿te acordarás? Bueno, ya nada de eso queda y estuve triste. Pero no te pongas mal, como el invierno, las cosas pasan y uno se va acostumbrando y vuelve a empezar, porque de eso estamos hechos, de pedazos de cosas que van pasando y nos marcan, pero nos constituyen para estar completos siempre. Y solos, también. Y será por eso que hoy tenía ganas de escribirte esta carta.

Otra cosa, la carta, por lo general, uno la escribe en tinta, con lapicera y un pedazo de papel. También hay que molestarse en ir por un sobre y la estampa y eso…Bueno, a pesar de que estoy pasándola en la compu, sí que lo hice, ¡SI! Todos los pasos, como siempre se redactó y envió una carta. ¿Nostálgico yo? Bueno, qué te puedo decir, vos me conocés bien. Y acá va la confesión, que no quiere ser para nada snob. Vos sabés que en el barrio Rivadavia es ridículo y totalmente al pedo pasar por snob – en cualquier barrio de la ciudad, la verdad, el snobismo es una cagada-. Se me vino la idea de escribirte una carta gracias a Silvina Ocampo. Mejor dicho, al libro sobre la “etcétera de la familia Ocampo**” que escribió Mariana Henríquez hace una par de años, y que retrata / recorre la vida de esta tan genial como extraña escritora argentina. Resulta que, entre la cantidad de escritos, documentos y notas que utiliza la siempre copada Mariana Henríquez – y repito el nombre para que te quede en claro que la intención final de todo esto es que leas el libro que se llama La hermana menor– hay unos versos que le escribe Silvina a su hermana mayor Victoria, pero a modo de homenaje/recuerdo, a pocos años de su fallecimiento. Y otra confesión: lloré. Te lo digo de posta, me hicieron llorar esas cartas nunca concretadas de Silvina a su hermana fallecida. ¿Habrá algo más cruel y lejano que un cajón? En fin, lo quería compartir con vos, pero no en una de esas publicaciones de red social o por watsapp, esos no lugares que compartimos y que están llenos de un montón de información toda mezclada y puesta al mismo nivel y que es consumida con el mismo distanciamiento. Y eso es algo que reivindico de la carta, derriba murallas sentimentales, es un canal directo de emociones, somos vos y yo puestos al mismo nivel, marchando juntos con las palabras, sin ningún otra intención que la de comunicarnos cosas, en su mayoría de esas que vienen bien de adentro. Puede ser que mi interpretación sea romántica. Si es así, en buena hora, en buena época, en un buen día gris de otoño – no podía ser de otra forma-.

Sé que tenés un toco de problemas, que tu vida se complicó estos años, que nos distanciamos un poco, que ya no frecuentamos esos lugares que nos identifican, que a lo mejor no escuchamos la misma música, también sé que nos fuimos del barrio hace tiempo y que a veces volvemos pero siempre en días distintos. También sé que a veces quisieras saber de mí tanto como yo de vos y que los domingos a la tarde nos hermanan. Y sí que el mundo está bien jodido, que como dice Zizek – y lo parafraseo no por puro snobismo, otra vez aclaro, sino porque el tipo me cae bien y me gustaría que a vos también – estamos en un túnel y vemos una luz, que no es más que otro tren que nos va a hacer tan mierda como el primero. Sé que no nos quedaron marxistas en pie en el barrio y que lo que tenemos es un grupo de tecnócratas acomodaticios, con sed de gloria, y que les trabajadores somos interpelades como meros consumidores de cosas, y que transformar el mundo será siempre interpretado como una utopía propia de necias/os/es. No sigo, no quiero abusar de tu paciencia, porque es verdad que hace tiempo que la comunicación entre las personas se redujo a unos cuantos caracteres, y que si te pasás de lo estipulado mucho mejor sería grabar un audio o un video para que sea más fácil de digerir. Es que nunca hay tiempo suficiente para ser humanos, a lo sumo tenemos espacio para ver algo en Netflix y tomar una cerveza. Bueno, eso nada más, te dejo un abrazo muuuuy grande, te digo que te extraño y que extrañaba comunicarme con vos así, con tiempo, con nuestras palabras, eso que nos identifica y nos acerca. Claro, no te desesperes, te dejo acá al final los versos de Silvina Ocampo. No te pido que llores, solo que te dejes llevar un poquito por eso que tanto me gusta de vos. Y si en una de esas te dan ganas de escribirme una carta, sabé que siempre la voy a estar esperando, nos es bueno que la dejes sepultada en algún cajón.

 

Con todo el cariño y amor que te tengo y te voy a tener siempre…

(Juan)

 

*Poema de Silvina Ocampo a su hermana Victoria, tres años después de su muerte:

 

COMO SIEMPRE

Tengo los cajones llenos de cartas

que nunca te mandé.

Pero ahora como un castigo

de no haberte mandado

las que podía mandarte

no encontré tu dirección…

No la encontré en ninguna parte.

Te digo la verdad.

Y me contestarías

– Como siempre…

no me ofendería

no tengo tu dirección ahora tampoco.

 

**: “Silvina es la menor de seis hermanas, sus padres están cansados de criar hijas. Años más tarde, ella dirá que se sentía como el etcétera de la familia”. El fragmento entrecomillado y el poema fueron extraídos literalmente del libro de Mariana Henríquez: La hermana menor, un retrato de Silvina Ocampo.

 

*CONTACTO: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar (acepto emails también)

Continue Reading

Trending

Copyright © 2017 Zox News Theme. Theme by MVP Themes, powered by WordPress.