Por Juan M Penino

Hay veces que, simplemente, uno no se puede dormir por más ganas que le ponga. Es algo que no se soluciona con voluntad. Son muchas las personas que sufren este trastorno, algunas incluso lo padecen constantemente y deben encarar tratamientos costosos. El resto, lo solucionamos al otro día, luego de deambular como zombies reciénvenidos por el mundo, al ser alcanzados por el poder de Hipnos, el dios que nos regala el descanso todas las noches a las bestias humanas y al resto de los animales. Jerry estaba pasando por una etapa insoportable de insomnio. No podía pegar un ojo en toda la noche, por más cansado que llegase del trabajo y la rutina diaria. ¿Qué podía estar afectándolo? Tal vez fuese la humedad insoportable del otoño en el Barrio Rivadavia, el estrés laboral, la falta de sexo, el cigarrillo, la ballena encallada, las declaraciones del intendente, las series de Netflix, los celulares inteligentes y sus terribles aplicaciones, los whatsApps, la comida china, el cartel de Aldrey, la inflación, la falta de guita, el agua, la luz, el gas, el crecimiento invisible, la violencia institucional, el machismo, el neonazismo, el neofascismo, el neoconservadurismo, la neodoctrina Truman, el neoFMI, el horripilante billete de $20 – los animalitos no tienen la culpa -, los putos genocidas en sus casas, los agrotóxicos, la cerveza industrial, la pastilla equivocada del Dr Robert…

…En fin, candidatos le sobraban y en un punto ya no le importaba. Necesitaba conseguir la cura lo más pronto posible, porque en la jornada diurna no estaba sirviendo para mucho. Una noche de martes, pegajosa y húmeda, con esas hormigas voladoras copando la cocina, decidió sentarse en el piso, en calzones, y tomarse una birra bien fresca, mirando por una ventana muy pequeña, corrediza, de aluminio…y se acordó, no de un parido de fútbol, no de una mina, no de un tipo, no de una película…se acordó de un soneto. Se trataba de un poema viejo y en portugués, que alguna vez le había llegado de regalo por una amiga de Florianópolis, Santa Catarina. El autor era un hombre distinguido – careta – de Santa Catarina, justamente, que habitó en la última mitad del siglo XIX y la primera década del XX: Luis Delfino. En el soneto, se cuenta un episodio particular en la vida del rey de una de las ciudades que integraron el gran imperio de Asiria hacia el año 600 AC, Sardanapalo. Este antiguo monarca oriental – que fuera inmortalizado en un pintura de Delacroix en 1827, que lo retrata en el episodio de su muerte, cuando su reino cae y él decide suicidarse junto a sus mujeres y todas sus posesiones, para no dejarle nada al enemigo – cuenta su pena por no poder conciliar el sueño, a pesar de ser tan poderoso. Así arrancan los primeros versos de lamento por no haber podido dormir la noche anterior. Incluso el rey siente que agoniza, que la entera vida se le va. Desesperado, acude a su vasallo predilecto: Ramsés. Es obvio que el bueno de Ramsés tampoco estaría pegando un ojo, atento siempre a los caprichos de su monarca, quien ahora le ordena ir por una planta que crecía en zonas altas, llamada sándalo. Al parecer, una infusión con sándalo podía equilibrar el organismo y la mente de cualquier persona en conflicto, al menos eso era la creencia, el rayo de luz del que Sardanapalo se toma. Así las cosas, el soneto finaliza con la arenga del rey a su vasallo, pues lo exhorta a que remonte el Himalaya con su corcel, y si fuera necesario el sol y la luna también. Radamés tiene dos opciones: regresar con la planta aunque tuviese que volar para conseguirla, o pensar en el destierro. Los pedidos de un rey caprichoso y con insomnio suelen ser ley inquebrantable, y su incumplimiento castigado severamente. Por muy buen vasallo que se haya sido en el pasado, la seguridad del trabajo es puesta en jaque constantemente por los acontecimientos del presente.

Eso pensaba Jerry, sin poder dormir, con los cachetes de la cola reposando en los fríos cerámicos de la cocina del departamento, empinando los últimos vestigios de la botella de cerveza. Chequeaba la hora ¡Las tres de la mañana y  ni un poquito de sueño!

Volviendo al poeta de Santa Catarina, Delfino, hay que destacar que también era médico, y bastante afamado ¿Habría sufrido el mismo problema? Está claro que si no sufría insomnio, seguro habría atendido cientos de personas que sí lo padecían. Y el hecho de haber escrito el soneto con esa historia, ese capricho del rey Sardanapalo, esa hierba extraña reparadora del sueño, inquietaba a Jerry. El poeta, junto a otros, formaba parte de una antología de escritores brasileros de la fase parnasiana, librito íntegramente en portugués. Todo ese contexto le parecía demasiado lejano al Barrio Rivadavia y su actualidad. Sin embargo, Jerry no podía dejar de sentir compasión por aquel rey tan lejano en el espacio y en el tiempo. No solo lo comprendía, sino que inclusive deseó que el pobre de Radamés hubiese llegado a destino como fuera, junto a su caballo que, después de todo, era un rayo. Con eso le volvió la esperanza de poder pegar un ojo esa noche húmeda de otoño. Llamó a su Radamés, en las altas horas de la madrugada – en realidad fue un whatsapp -, para encargarle un poco de hierba especial, muy fácil de encontrar en la ciudad. Con un poco de eso iría a dormir relajado, pensó…Por desgracia la contestación del mensaje llegó al celular de Jerry con una inesperada negativa: al parecer, por culpa de las ratas, no se conseguía marihuana en toda la ciudad…¡Vai, Radamés, remonta-te ao Himalaya, / Ao sol, a lua… Voa, Radamés!