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Cine

Bajar es lo peor

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Se terminó el 32º Festival Internacional de Cine Mar del Plata / Batán y llega el extraño momento de pasar un día si ir al cine, al menos, una vez. Sensación muy rara. Queda solamente un breve repaso por los últimos dos días, alguna anécdota y un deseo para los próximos días…

Resaca de sábado por la noche

En el penúltimo día de festival quiero destacar un par de momentos. Pero voy a arrancar de atrás hacia adelante, para poder acomodar mejor las películas de las que quiero hablar un toque. Primero, pero por la noche, me acerqué a lo que fue el estreno de Last Flag Flyng, película de Richard Linklater (Antes del amanecer, Boyhood, Escuela de rock). A sala llena en el Ambassador uno, hubo que esperar un poco más de lo normal para dar comienzo a la esperada función y… Creo que hay dos maneras de encarar esta peli. Por un lado, la historia de amistad que une a los tres protagonistas, puestos a compartir anécdotas en un viaje. Un reencuentro de décadas que irá desarrollándose a lo largo del film, en donde se recuperan anécdotas de todos los tonos (cómicas, dramáticas, traumáticas) con episodios memorables a cargo de los geniales Bryan Cranston y Laurence Fishburne. Pero, por otro lado, el contexto de esta película de ruta (road movie) es el de la camaradería militar. Los tres viejos amigos compartieron pasado en la guerra de Vietnam, y ahora uno de ellos (un Steve Carell en modo sufriente) necesita de esos viejos camaradas del ejército para darle sepultura a su hijo, trágicamente muerto en la guerra de Irak. Por ese lado, la película no funciona, ya que lo que comienza como una crítica a lo absurdo de las guerras, termina cerrándose en una reivindicación del ejército y sus símbolos, despegándolos del mundo de la política a quien se culpa de todos los males. Insisto con quedarme en lo bueno que Linklater explota como pocos: las situaciones conversacionales entre estos tres amigos, imposible no reírse con ganas del intercambio de gastadas entre los personajes de Cranston y Fishburne.

Más temprano, el mismo día, tuvo lugar la presentación de Blow-Up, el clásico de Antonioni rescatado para esta edición del Festival. En la misma estuvo presente la gran actriz británica Vanessa Redgrave, quien ofreció uno de los instantes más emotivos del Festival al subirse al pequeño escenario de uno de los cines de Shopping Los Gallegos, donde se arrodilló con gran esfuerzo y recitó unos versos de Shakespeare en honor a la tripulación del ARA San Juan. Visiblemente emocionada, dedicó ese momento a recordar la tragedia que tiene en vilo a la ciudad y el país, dejando de lado cualquier referencia a la película que estaba por proyectarse. A continuación, el gusto de ver en un cine una película histórica que, como afirmara su propio director, cuando uno intenta explicarla, acaba por traicionarla. Y yo no soy traidor.

El cierre

Como en la edición pasada, el cierre que elegí tuvo que ver con Brian De Palma. La vez anterior, se trató de un documental sobre su obra. Esta vez, una de sus películas más geniales: Doble de cuerpo, del año 1985. Se presentó en la sección (una de mis favoritas) generación VHS, donde también tuvimos la oportunidad de disfrutar en el cine de Donnie Darko y Twen Peaks: fuego camina conmigo. Durante las casi dos horas que duró la proyección me abandoné por completo y disfruté del film recordándome que después de Brian De Palma se me terminaba el festival.  Creo que fue el final adecuado, una vez más. Creo que ver a Melanie Griffith en su esplendor fue un final adecuado. Creo que ver una película que es un homenaje a Hitchcock fue un final adecuado. Creo que ver ese tono paródico para con la misma industria cinematográfica que tiene la película fue un final adecuado. Creo que ver una película que plasma como ninguna la idea única del cine de Brian de Palma fue un final adecuado. Y eso sería el Credo cinematográfico.

Volver…

Pleno de historias, en dirección al Barrio Rivadavia, por la media luz de la avenida Jara, hacia el fondo. Escuchar las voces que lamentan la tragedia del submarino y sus tripulantes, los comentarios llenos de impotencia por el asesinato del joven Rafael Nahuel en manos de las fuerzas represivas que comanda este gobierno amarillo. Y cómo unir las partes, cómo encontrarle sentido a las palabras de quienes quieren justificar muertes por cuestiones ideológicas. Para seguir pensándonos como sociedad, para continuar ejercitando la memoria, para crecer como seres humanos es que debemos continuar estrechando vínculos. Una gran manera de hacerlo es transmitiéndonos estas historias, compartiéndonos estas historias. Es por eso que el cine argentino independiente debe resistir, debe seguir dando batalla a pesar de que el Gobierno le ponga palos en la rueda, le quite el apoyo a través de la desfinanciación del INCAA. Si nos separamos como sociedad, si nos dejamos desanimar, si nos dejamos convencer con los discursos del odio y la violencia de que el Otro es el enemigo perderemos humanidad, perderemos conocimiento y amor. Esas cosas por las que vale la pena levantarse todos los días.

 

*Alargamiento:

90´+1´) Yo también quería publicar mi foto de la pantalla del festival, dentro del cine.

90´+3´) Volviendo al título de la nota, ayer un par de amigos me propuso ir al cine el martes para ver…La liga de la justicia. Tal cual, ¡bajar es lo peor!

90´+5´) Y último pero no menos importante vayan los agradecimientos para Estación Mar del Plata, la organización del 32º Festival Internacional de Cine (se va a extrañar mucho a José Martínez Suárez) y a todxs los que siguieron esta humildísima cobertura a través de un medio no convencional del Barrio Rivadavia de la ciudad (in)feliz.

 

Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

 

Devuelvo la placa:

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Cine

Un par de recomendaciones: finde xxl

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Cae la noche en el Barrio Rivadavia. Es otoño, pero todavía el calor insiste. No sé si lo habrán notado, pero los últimos abriles han sido más cálidos que antaño en el hemisferio sur. Será que llegó la hora de darle más bola al calentamiento global. Sé que hay otros temas urgentes (algunos de los cuales vamos a tratar más adelante en esta nota) pero ahora que comenzaron una seguidilla de feriados, podemos meternos un ratito de lleno en la temática. Justamente, la recomendación que les hago es fácil, accesible y barata: ver una serie documental. Se trata de “One strange Rock”, producida íntegramente por National Geographic en 2018 y conducida por el rapero/actor súper carismático Will Smith. La serie se consigue muy fácil on line, gratis y con doblajes latinos bastante aceptables. Para disfrutar, por un lado, la calidad y variedad de imágenes que recorren el mundo y su diversidad, aumentando el zoom y alejándolo a niveles que el mismísimo Carl Sagan envidiaría. Solo por eso valdría la pena sentarse a ver estos capítulos que duran poco más de cuarenta minutos. Pero, además, tiene un valor extra bien logrado, y es el perfecto desarrollo de los capítulos, con una argumentación sólida que se va conformando para aportar a la idea madre, que es nada más y nada menos que esta: la naturaleza tiene un sentido y es una sinfonía casi perfecta. Ese casi es el factor humano, un mono con poco pelo que no debió haberse bajado nunca del árbol. Ahora, también es prudente advertir algunas cosas, vicios y pavadas que caracterizan a este tipo de producciones documentales desde tiempos inmemoriales: El actor famoso está tan desconectado de la vida real que sus ejemplos comparativos son, por lo menos, discutibles. Como cuando habla de la falta de oxígeno a medida que los astronautas ganan altura y lo compara con las veces que se tiró de un avión con paracaídas y con sus paseos por la terraza del Empire State. Todas cosas que nadie hace, a menos que vivas en Nueva York y tengas guita. Otra cosa molestísima son esas otras comparaciones que insultan la inteligencia del públique, como cuando Will explica el tamaño de determinado objeto de la naturaleza y se refiere a las yardas de un campo de futbol. Más o menos me ubico si me dicen diez o veinte metros cuadrados, no hace falta que me traten como si fuera Homero Simpson. En fin, este tipo de documentales (y todo el imperio National Geographic) no deja de ser extremadamente etnocéntrico y vendedor de cámaras Kodak. Pero bueno, hechas las advertencias, digamos que vale la pena pegarse un par de capítulos birra por medio. Eso sí, el envase o la lata la reciclás, porque puede que Will Smith se enoje y aparezca en uno de sus aviones a darte tu merecido en el comedor de tu casa.

Dejando de lado el tema de las series, vamos por el cine. En los últimos días vi varias películas, entre otras cosas porque estoy soltero y pobre. Una de ellas me pareció extraordinaria y es probablemente la mejor película yanqui del año pasado (después de Madeline´s Madeline, obvio). Se trata de ¿Podrás perdonarme? (Can you ever forgive me?), dirigida por Marielle Heller. La película cuenta la historia de Lee Israel (interpretada magistralmente por Melissa McCarthy), una exitosa biógrafa que cae en banca rota y decide recurrir a la falsificación de cartas de escritores y celebridades del pasado para poder salir a flote, vendiéndolas en las casas de antigüedades. Pero la comedia dramática tiene un montón de condimentos, porque Lee es verdaderamente una persona solitaria, alcohólica, desconfiada y muy insoportable, un verdadero grano en el culo. Además de eso tiene problemas para relacionarse con las personas que parecen quererla, y elije como confidente y amigo al no menos peor Jack Hock (genialmente interpretado por Richard Grant). La pareja falsificadora es todo menos convencional, una escritora en decadencia malhumorada, lesbiana y súper sarcástica, junto a un homosexual decadente, refinado, timador, fiestero y bon vivant que no tiene dónde caerse muerto. Para colmo, Jack es más sarcástico y alcohólico que Lee. En cierto punto conforman una pareja perfecta y es el fuerte de la película. Gran acierto de la directora y gran performance de la dupla tragicómica. Y más allá de eso, la pregunta que dispara el tema de la falsificación de las cartas es hasta qué punto es moralmente reprochable lo que hizo Lee. Porque, si bien es innegable de que se trata de una falsificación, porque las cartas son de mentira, el hecho de que igual generen un placer, un goce estético en quien las lee, las resignifica y les da un valor literario que debería redimir a su autora. Entonces si la pregunta que plantea la película es sobre ese punto, yo respondería que sí, Israel Lee, te perdono y te re banco.

Ya quedan pocas recomendaciones para dar, porque tampoco son tantos días libres. Pero, si les queda algún tiempo, no dejen de ver la última producción de Duran Barba, donde imagina que Macri puede ser recibido por una familia de clase media baja, entrar de prepo al living comedor y decirle que le va a dar un alivio y que la culpa de todos los males la tiene la batalla contra la inflación. Algo así como que entre en tu casa la persona que te violó, ponga cara de indignación, y te diga que te entiende y que te va a ayudar a salir adelante. Demasiado. De verdad que se fueron al carajo y que lo único que explicaría algo así es que se trate de una bomba de humo, o sea que es mejor que se hable del video y que todo lo demás quede eclipsado, que perdamos el tiempo diciendo lo idiota que es Macri, mientras el país se sigue cayendo a pedazos. Ah! y que también quede planteada la palabra fetiche de la campaña 2019: ALIVIO. No sé, es una película que no puedo terminar de entender. Mientras, en la ciudad (in)feliz el trono es disputado por dos viejos chotos* que no parece que puedan llegar a la segunda temporada. Igual, habría que aclarar que el trono por el que pelean es tan real como las reacciones “espontáneas” del presidente con los damnificados por sus propias políticas.

*Viejos chotos: acá estoy describiendo amistosamente al intendente Arroyo y al empresario Aldrey

Disfruten del fin de semana y no se olviden de escuchar el último disco de Marina Fages: Épica y fantástica. Les dejo un temita que se llama Viva imagen, que grabó con Benito Cerati, y me retiro hasta la semana que se nos viene:

CONTACTO (así se llama también la novela de Carl Sagan, última recomendación): juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

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33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata

Recuerdos de la infancia

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Revisar en la memoria y el corazón de uno es volver, sin duda alguna, al tiempo de la infancia, el tiempo de la inocencia, el tiempo donde el mundo es una inmensa paleta de colores de la que se puede elegir cualquier opción, sin prejuicios, con una naturalidad que solo se tendrá en ese instante mágico de la vida. El director mexicano Alfonso Cuarón vuelve sobre su propia infancia en Roma, el barrio que habitó de chico en la ciudad de México y que le da nombre a su nueva película. Si bien el punto de vista no es el del niño, sino que la protagonista es Cleo – la empleada doméstica -, todo ese pasado en blanco y negro, esas escenas que son detalles al pasar de la vida, le pertenecen y las comparte combinando la ternura, el humor y el drama. Esencialmente se trata de un drama de época, una familia burguesa de la capital mexicana, compuesta por cuatro niños y una pareja de profesionales a punto de separarse, conviven con su empleada doméstica Cleo, quien también pasa por momentos muy turbulentos en su vida. Pero lo que más destaca de este largometraje son esos planos con detalles tan reconocibles, tan comunes y rutinarios que nos envuelven a todes les presentes. Hay escenas muy fuertes y sentimentales que hacen sensibilizar hasta el espectador más duro. Y no quiero adelantar nada porque la película se va a estrenar en la plataforma Netflix, la primera semana de diciembre. La multinacional fue quien permitió que el largometraje de Cuarón cerrara el 33º Festival Internacional de Cine. Por supuesto, la sola aparición de la N característica de la plataforma de series y películas on demand, produjo una silbatina generalizada. Pero, superado el momento de escrache, el plano detalle de las baldosas del garaje de la casa baldeadas con agua y algún producto de limpieza, nos ubicaron en ese lugar, la casa de la infancia, el ambiente donde se guardaba el auto, que también era refugio del perro, quien dejaba su escremento esparcido. Y Cleo tenía que baldear, no quedaba otra, y los niños corretear y jugar haciendo macanas, mientras el mundo adulto se encargaba de complicar las cosas, casi sin poderlo entender. Porque todos esos ingredientes tiene la vida, y esa velocidad. Pero lo más importante es ese abrazo del afiche, que se ve en las paradas de los colectivos de la ciudad, ese abrazo del alma, inmortalizado en la retina del que recuerda, un abrazo que resume el vínculo esencial de la familia. Por eso recomiendo la película de Cuarón y me parece que fue un cierre hermoso para la semana de películas festivaleras en las salas marplatenses.

*Claro que la proyección se produjo un día raro. Una mañana gris en la que todes nos enteramos de la aparición de los restos del submarino ARA San Juan. Una mezcla de sentimientos, el alivio y el dolor por las víctimas – las desaparecidas y sus familiares -, todas ellas sin consuelo y sin justicia hasta el día de hoy. Ojalá que en el futuro podamos acercarnos a la verdad,  es el deseo de todo un país y nuestro, por supuesto.

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33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata

El monstruo de la montaña

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La primera pregunta que dispara la película Muere, mosnstruo, muere ni bien finaliza es: ¿Qué acabo de ver? Por su estructura argumental, podríamos decir que se trata de un policial, un thriller, ya que tenemos una serie de asesinatos sin resolver con un patrón que se repite: las asesinadas son mujeres y todas por el mismo mecanismo, la decapitación. Pero con este último elemento empezamos a acercarnos al terror, al gore, a un largometraje de horror, porque su director, Alejandro Fadel, no escatima en escenas escatológicas y sangrientas. Volvemos a la teoría del policial, tenemos un detective, un policía rural, ni siquiera de pueblo sino más bien de desierto montañoso, porque los hechos suceden en un punto poco preciso de la cordillera mendocina. El personaje Cruz es un clásico de los policiales argentos, un policía bastante osco, sumiso, callado, pero con una sabiduría y un sexto sentido que parecen manar del mismo paisaje natural que lo fue formando. Pero con él, además, aparece un triángulo amoroso, la parte de drama romántico que es otra cuestión dentro de la misma película. ¿Entonces? Como para complicar aún más las cosas, después se suceden elementos que emparentarían a la película más con Alien que con cualquier otro referente del cine nacional. Y también está la crítica social por lo bajo, los temas del momento en nuestra sociedad: los femicidios, el machismo, la violencia de género. En definitiva, una apuesta muy original y arriesgada que arrojó resultados dispares en les espectadores.

*Dato: el director, que subió al escenario del Auditorium junto con su equipo de trabajo, dio su parecer acerca de lo que es para él hacer una película. Parafraseo su certera definición: “Para mí hacer una película es como ir de viaje”. Interesante comparación, como para tener en cuenta.

*Mientras escribo esta pequeña reseña me entero de los resultados que dio el jurado, en la gala de premiación que corona al 33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata/Batán y comienzo a pensar alguna que otra conclusión. La principal es que, desde mi manera de verlo, un festival es mucho más que la jornada de premiaciones. No digo que no sea importante por una cuestión de prestigio y de apoyo financiero para quienes realizaron las películas, pero como espectador no es lo que más me interesa. Es más, sinceramente, las segmentaciones tampoco son algo que me agraden. Cada historia que se cuenta en el modo en el que se hace es una sección en sí, no importa si es ficción, si es documental o el híbrido que fuese. Diría, mejor, que todas las películas entran en la categoría cine, que todas las películas tienen algo que contar, que todas las películas juegan con el sonido, la imagen y el lenguaje escrito, que todas las películas ponen en juego una mirada sobre el mundo y el momento histórico en el que fueron realizadas. Afortunados les marplatenses que, todavía, tenemos la posibilidad de disfrutar todos los años de un festival artístico tan interesante. Ojalá siga por mucho tiempo, ojalá que este gobierno gibarizador no termine por destruir la posibilidad de vincularnos a través del cine.

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