A ciegas

PUBLICIDAD

A la deriva

Por Juan M Penino y Cristian R Habarna

 

Comencemos con la comparación directa entre la película Bird Box y la realidad política mundial: En el film, sobreviene un apocalipsis provocado por una especie de fuerza superior que controla las reacciones de las personas, que no pueden evitar suicidarse. En nuestro tiempo histórico podría ser que ese virus – o monstruo o espíritu maligno o lo que fuere – estuviese haciendo que todas las personas del mundo se volcasen a votar con desesperación a los peores candidatos que existen. Desde Donald Trump hasta Bolsonaro, pasando por Macri, Arroyo y ahora…el final más tonto de la historia, como si la película de Sandra Bullock no hubiese sido lo suficientemente boba: es posible que en Argentina sea presidente el diputado Olmedo.

Y más que un virus es como eso de lo inevitable de la tragedia, eso que se siente y que es imposible de frenar. La profecía autocumplida, el Apocalipsis autoinfligido. Porque, en el fondo, todos somos masoquistas, aunque de diverso grado y profundidad. En algún punto de nuestro más retorcido deseo está esa sensación de que el peor de los escenarios se va a dar, y no hay manera de frenarlo. Ahora lo difícil es buscar explicaciones, motivos, causas por las cuales un conjunto numeroso de adultos responsables puede llegar a poner en manos de seres caricaturescos y esperpénticos el futuro de una sociedad. Acá es donde funciona a la perfección el argumento de la película Bird box: a ciegas: La explicación ideal es que no hay explicación. En el film la gente, misteriosamente y sin motivo aparente, comienza a suicidarse en masa. Además, parece ir contagiándose entre sí, como si el solo hecho de ver la cara de algún Kurt Cobain provocara el deseo irrefrenable de volarte la cabeza de un escopetazo. Por eso es que aquellos que quieren sobrevivir deben colocarse una venda en los ojos y desempeñarse en el mundo a ciegas.

Los riesgos de estar a ciegas en un mundo cada vez más visual, gobernado por aparatos exclusivamente visuales: Una primera conclusión sería que estamos totalmente perdidos. En una segunda lectura más compasiva, siguiendo el argumento de la película y la trama de la historia actual en la ciudad, el país y el mundo, la ceguera física resultaría un beneficio, ya que alejaría a las personas de los efectos nocivos de los medios de (in)comunicación – en la película sería ese espíritu o monstruo despiadado -. Por eso es conveniente empezar a encarar las elecciones 2019 con una buena venda reforzada cubriéndonos los ojos de la cantidad de candidates impresentables, que meten fichas en la ranura miserable de la alcancía de los corruptibles medios de (in)comunicación, que no tienen reparos en transformar políticos descartables en salvadores inevitables de la nación. Cuidado entonces, es mejor seguir remando con Sandra Bullock, contra la corriente y sin mirar el horizonte, tratando de esquivar las tremendas rocas que se nos presentan en el camino.

Y muy al igual que en la película llega el momento crucial: alguien tiene que aflojarse la venda y mirar por el resto, aún sabiendo que en eso se le va a ir la vida. Porque estoy seguro que mirar de lleno la realidad política actual – no la mediática, sino la verdadera verdadera – es idéntico a estar en el mundo apocalíptico junto a Sabndra Bullock, que ya cansada de remar contra corriente, agotada de sostener sobre sus hombros una película poco potable, te pide por favor que te sacrifiques por todes y pegues una miradita a qué es lo que está pasando allá afuera, aunque duela mucho y cueste horrores. Eso de salir de uno y salirse hacia el otro, que tiene sus consecuencias irremediables pero que es la única forma que conocemos para seguir adelante sin continuar tropezando con las mismas pesadas piedras, que nos bloquean el camino. ¿Y al final? Habrá más ciegos y ciegas construyendo una ciudad mejor, y no esos seres monstruosos que de tanto ver perdieron el rumbo y, sobre todo, se dejaron los corazones tirados al costado del camino.

Un desagravio: la película Bird box no me parece tan terrible como la pintaron algunos críticos de cine. Si bien no es una maravilla, tampoco está para tirarla a la basura tan categóricamente.

Un agravio: sinceramente, ver al actual intendente de la ciudad departiendo con el diputado Olmedo me hizo vomitar los ojos, si eso es posible. Pero, pensándolo mejor, resulta algo tan natural como que Macri siga insistiendo con eso de que “no hay otro camino” más que esta caída en picada a la que nos condenó desde que asumió la presidencia. No se me ocurren conductores más terribles que Sandra Bullok y Mauricio Macri. Pero, lamentablemente, el argentino no está en una película. O tal vez sí, ojalá que sí, y que estemos transcurriendo la parte final de un insostenible bodrio neoliberal, la tercera parte de una saga olvidable.

 

*Alargamiento: esta nota iba a concluir acá pero resulta que acabo de ver el famoso video de “Chimuelo”. Ya saben mejor que yo, el pibe cantando un tema fúnebre para su pequeño pajarito mientras lo entierra en lo que parece ser el patio de su casa. El momento tragicómico se completa cuando el perro se acerca a la ceremonia para masticar el cadáver del pobre Chimuelo. El niño lucha con el can para arrancarle de los dientes los restos de pájaro y lo logra. Pero claro, lo que le queda por enterrar es una cosa verdosa llena de baba y toda magullada: el fin de Chimuelo. Se me ocurre una comparación más fácil que la de Bir box, pero prefiero no meterme en el asunto. Lo que sí, no salgo de mi asombro y vuelvo a repetir, tal vez, lo mejor que nos pueda pasar sea vivir con una venda en los ojos.

 

Agradecimiento especial por la foto trucada – o foto montaje – : Cristian Román “Chimuelo” Habarna.

Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

PUBLICIDAD

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo no será publicada.


*